Un análisis sobre la matanza de Charlie Hebdo

Considero que ya ha pasado un tiempo prudencial para empezar a analizar con la cabeza algo más fría los atentados del 7 y el 9 de enero en París. En caliente, quienes se dedican a cobrar por ser leídos en todo el mundo han querido convertir los hechos en un choque de civilizaciones, un debate sobre la superioridad de la cosmovisión laica sobre la barbarie oriental y una cruzada sobre la sacrosanta libertad de expresión para las sociedades occidentales…, afortunadamente nuestra contribución es vocacional y nos podemos permitir ser sinceros con nuestros análisis.

En primer lugar sabemos que dos hombres franceses de clase media-baja,  huérfanos de padres argelinos – Cherif Kouachi, repartidor de pizzas, y su hermano mayor Said Kouachi, a quien nadie parece interesante reseñar su oficio – consiguieron hacerse con armamento de uso militar, concretamente fusiles AK-47, una escopeta y un lanzagranadas. En 2004 Cherif, de 21 años,  fue reclutado como combatiente en Irak apelando al clima mediático anti-musulmán y, sobre todo, a las imágenes de tortura en la prisión iraquí de Abu Ghraib; pero su viaje no pudo materializarse porque la célula que lo reclutó fue desarticulada en 2005. Pasó 3 años en prisión antes de ser condenado por participar en esta red, recibiendo en 2008 una pena de otros 3 años por sus vínculos con organizaciones terroristas (cumplió año y medio por el tiempo de prisión preventiva y su buena actitud en prisión).

Parece ser que durante el encarcelamiento de su hermano Said cambió su postura respecto a la violencia política. Los dos hermanos, inspirados por la tradición europea de la “acción/reacción terrorista”  tomaron la decisión de atacar un objetivo mediático escasamente defendido: la revista de humor crítico Charlie Hebdo. Los hermanos Kouachi no tuvieron en cuenta que la redacción había cambiado de dirección (lo que dice mucho del nivel de sofisticación de su plan) pero, cerca de la antigua sede, consiguieron secuestrar a una ilustradora de la revista, con cuya clave consiguieron superar las escasas medidas de seguridad en el nuevo emplazamiento de la redacción. Tras preguntar a punta de kalashnikov por el dibujante satírico “Charb” y asesinarle, dispararon indiscriminadamente contra el resto de la redacción, también dispararon contra la policía en dos encontronazos durante la huida. El tiroteo se cobró 12 víctimas mortales y provocó 11 heridos.

El panorama de conflictos armados en Oriente Medio – en los que Francia, como potencia Occidental y antigua metrópoli, juega un papel destacado – se ha ido complicando esta última década y los actuales niveles de destrucción y violencia no son comparables con los de ningún periodo anterior (y eso es mucho decir para un territorio que ha conocido a los Asirios, el Imperio Romano, las Hordas Mongolas y las Cruzadas). Ahora bien, que ni Al Qaeda ni el Estado Islámico reclamasen el atentado hasta varios días después, que cuando lo reivindicaron no contasen con un video de buena calidad especialmente editado para la ocasión  y el enorme nivel de improvisación de los atacantes , señala a todas luces que el tiroteo sobre Charlie Hebdo no fue un ataque dirigido desde el exterior. En este sentido la matanza debería haber sido explicada prioritariamente en clave francesa o europea, pero prácticamente todos los actores políticos y mediáticos decidieron sacar ventaja de la situación.

El ejecutivo francés decidió utilizar la situación entre los días 7 y 9 para meter presión en las calles, buscando provocar que cualquier individuo nervioso que estuviese planeando algo similar se precipitase para no perder su oportunidad. Se coló a través de este cerco Amedy Coulibaly, que ya había asesinado a una policía en París y el día 9 decidió secuestrar un comercio kosher para exigir al estado francés que dejase escapar a los hermanos Kouachi. Coulibaly portaba únicamente armas automáticas durante el secuestro. La militarización de la respuesta policial en ambos casos añadió otras 7 víctimas mortales, incluyendo a los 3 atacantes. Los organismos de seguridad en todos los estados europeos obtienen recursos adicionales y mayor manga ancha con respuestas militarizadas contra un enemigo externo a la comunidad que, admitiendo su impotencia a la hora de frenar la violencia de ciudadanos particulares actuando fuera de la normalidad, en este sentido podría decirse que la militarización de la respuesta fue un error político.

Recapitulemos: tres atacantes de origen francés que parten de posiciones socialmente excluidas,  relacionados con el sistema penal y que han dejado de querer sentirse integrados en la sociedad francesa tal como es en este momento, consiguen armamento militar y protagonizan tiroteos y secuestros que se saldan con un total de 18 víctimas mortales. A su vez, en pocos días se registra un aumento de atentados con arma de fuego y explosivos contra mezquitas y un restaurante de comida turca. Cualquiera pensaría que los medios de comunicación y la sociedad europea estarían clamando por endurecer la lucha contra el tráfico de armas, y específicamente desde la izquierda,  planteándose que un “estado social” que no ataje la desigualdad más allá de lo económico cultiva violencia y odio. Nada más lejos de la realidad.

Se orquestó inmediatamente una campaña mundial presentando el tiroteo – episodios similares ocurren a diario en el resto de continentes, y únicamente son catalogados como atentados cuando sus autores así los reclaman – cómo un ataque al laicismo europeo y su interpretación sobre lo que significa la libertad de expresión. Con ese estado de ánimo muy pronto los ataques se han convertido en el pretexto para aprobar en toda Europa paquetes de cientos de millones de euros para Seguridad, que por no contrariar los planes de sostenibilidad y control del déficit público han salido de otras partidas clave cómo pensiones, inversión exterior o educación.  Los gobiernos europeos anuncian la compra de material bélico para el uso policial, planes de control aéreo gestionados por contratas privadas de seguridad, programas informáticos contratados también a empresas privadas y contratación de nuevos funcionarios policiales a costa de no reemplazar otros funcionarios; ni una sola de estas medidas habría prevenido los ataques ni tampoco contribuyen a reducir el sufrimiento humano en Europa ni en Oriente Medio, pero son aplaudidos efusivamente por los tertulianos de la prensa en general.

Todas las sociedades que convivimos actualmente en Europa – también Rusia, Oriente Medio y el Norte de África – debemos afrontar sin reservas debates más allá de la tolerancia multiculturalista con el fin de definir una concepción más equilibrada de nuestras tradiciones en común y los repartos de poder. La auténtica Seguridad Humana se relaciona con la ausencia de miedo a la carestía y a la violencia directa (freedom for want, freedom for fear según las Naciones Unidas) no con la exclusión racista ni la represión.

Espero poder seguir comentando en futuros artículos las repercusiones de estos atentados, que en un año electoral decisivo para el futuro de la Unión Europea , acabaran marcando la agenda mucho más de lo deseado.

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