Sobre los partidos ‘outsiders’

El desgaste de los partidos tradicionales, el recelo de unos ciudadanos que perciben que las Instituciones no están sabiendo hacerse cargo de sus problemas reales, la aparición de nuevos cleavages o la corrupción son solo algunos aspectos que ayudan a explicar la aparición de partidos outsiders. Estos partidos se caracterizarían principalmente por 1) ser partidos nuevos y 2) por haber ascendido electoralmente por una senda alternativa a la que se nos tiene acostumbrados. No serían partidos de centro, y justamente se presentarían como alternativa a éstos. Lo paradójico es que tanto nos da hablar de partidos de izquierdas como de derechas. Evitaré hablar de ultraderecha o izquierda radical para referirme a éstos. Hay una importante conexión entre partidos outsiders y líderes outsiders.

Como hemos señalado, uno de los dos factores de mayor relevancia para definir estos partidos sería la novedad. No quiere decir que todos los jovencitos que ocupan algún tipo de cargo sean outsiders, ni que todo aquel que hasta este momento no había participado directamente en política lo sea. Esto nos llevaría al segundo aspecto que he destacado, tendrían que haber llegado a política de forma distinta. Algo que a priori suena un tanto abstracto se clarifica en cuanto nos paramos a pensar cómo van subiendo peldaños los políticos hasta llegar al poder. Como sabemos, dentro de los distintos actores sociales, los partidos tienen una posición de privilegio sobre el resto: monopolizan la representación y con ello la toma de decisiones. Además, por lo general, no son organizaciones muy democráticas y suelen nombrar a sus cargos un poco como les viene en gana. Los que llegan a ocuparlos suelen tener una carrera política dentro de la organización, el reparto de puestos de dirección es al fin y al cabo un reparto de puestos de trabajo. El partido se convierte en un micro cosmos y en un estilo de vida. Los outsiders no habrían elegido el mismo camino. Estos últimos serían en parte producto de sus propios méritos personales (más allá del partido) y en parte de las circunstancias políticas o si se quiere del contexto social y político.

Pedro Sánchez es relativamente nuevo en política, pero ha ascendido dentro de un conocido partido que ha ostentado hasta 6 legislaturas en el poder central. Además, antes de ocupar la Secretaría General habría sido Concejal de Madrid y diputado por la misma ciudad.  Pedro Sánchez no sería evidentemente un político outsider. Sí lo seria Pablo Iglesias, el cual tras hacerse un hueco en los medios (mérito personal) logró aprovechar la actual situación de crisis (contexto). Cuando hablamos de ellos estamos hablando inconscientemente de un cambio de paradigma.

El panorama europeo estaría plagado de personajes de este tipo, más o menos beneficiosos para el sistema y más o menos formados en política, pero todos ellos con multitud de cosas en común. Vitali Klichkó sería un buen ejemplo. Tras una impecable carrera en el boxeo profesional con 45 de 47 combates ganados, 41 por nocaut,  ha sabido hacerse un hueco en la más que convulsa política ucraniana Post-Maidan convirtiéndose en el líder de Alianza Democrática Ucraniana para la Reforma, otro partido outsider. El contexto de este último sería mucho más virulento, pero como vemos hay ciertas similitudes.

Lo interesante de estos partidos es que evidencian que las formas tradicionales de hacer política están quedando a un lado. En países como el nuestro la valoración de la clase política en muy negativa. Los partidos políticos son considerados como parte del problema y en este marco los viejos uniformes no sirven. Aquí es donde aparecen los outsiders con independencia de su ideología. No solo ofrecen algo distinto, si no que lo representan.

Nos encontramos con grandes dificultades cuando queremos clasificar algún partido dentro de esta definición. Es algo muy mediático pero no se delimitan las fronteras precisas para hablar con propiedad del término. Así pues, muchos partidos que yo me atrevería a poner dentro del grupo, para otros tantos se quedarían fuera. Intentaré señalar unas notas comunes que nos ayuden a entender mejor el término.

  • No son partidos de centro.
  • Son tanto de izquierdas como de derechas, es más, a veces pretenden superar esta dicotomía.
  • Poseen líderes carismáticos y bien formados con una importante dosis de liderazgo.
  • Son producto de las circunstancias (crisis económica, crisis política, corrupción…)
  • El discurso suele ser entusiasta, pero también agresivo y rompedor.
  • No se perciben a sí mismos como establishment y se presentan como alternativa a éste.
  • No se encuentran desgastados por el poder.
  • Demandan mayor soberanía para sus Estados.
  • Visión crítica de cara a la actual Europa. Perciben que ésta no está sabiendo resolver los problemas de sus ciudadanos.
  • Defensa de las clases “populares”, que se traduce en mayores coberturas y gasto público.

Con todo esto, dejo a juicio de cada uno si son o no la mejor opción política. Lo cierto es que si éstos han aparecido no es tanto por méritos propios sino debido a la mala actuación del resto de partidos. Cuando se critica que se hayan aprovechado de las circunstancias se olvida quienes son los que las han creado. Es vergonzoso además que siempre se presente al votante de este tipo de formaciones como un votante enfadado, irracional, como si el cabreo fuese también su culpa, despreciando su voto. Tal vez lo racional para estas personas sea no seguir votando a los incompetentes que les han llevado al fracaso y que siguen ansiando tutorizarlos.

No terminaré sin señalar que hay mucho peligro en estas formaciones y que me he limitado a retratar un fenómeno y a intentar comprender a sus votantes. Esto me ha llevado a pensar que la alternativa, “el voto de salvación”, varía entre países. Quizás el votante de Syriza en Grecia sea el del Front National en Francia. Los que nos autoubicamos en la izquierda podemos encontrar grandes alegrías y grandes desgracias en todo esto. Nos quedan largas noches de debate…

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