Siembra lorquiana

Alguna vez he escuchado decir a Alejandro Tortajada que amar el teatro es amar a Lorca; también dice que todos creemos en algo y que él cree en el teatro. Yo creo en la transformación democrática de mi país, y parece que eso pasa también por amar a Lorca. Qué cosas. Trataré en estas líneas de ser un poco más honesta y un poco menos osada que en otras ocasiones. Como diría el poeta, esta vez no quiero dibujar, sino sugerir. Animar, en su sentido exacto.

En una fecha señalada como es el aniversario de su muerte nada me gustaría menos que obviar quién lo asesinó y por qué. Sin embargo, con la memoria antifascista de nuestro país caliente, creo que heredar a Lorca tiene más que ver con su vida y su obra, que en cierto modo es lo mismo. De Federico decía Vicente Aleixandre que “sus brazos se apoyaban en el aire, pero que sus pies se hundían en el tiempo, en los siglos, en la raíz remotísima de la tierra hispánica”. Quizás sea por eso que en su obra era capaz de plasmar con exactitud de reloj suizo la vida de las gentes y los pueblos de España, tan transparentemente que se dejan ver, como en las pieles finísimas y blancas, sus estrías, sus grietas y sus abismos. Y entonces, lo que parece totalmente común se vuelve radicalmente revolucionario, con una fuerza casi religiosa. Eso es lo propio de los grandes artistas.

Dicho esto, no sacaré a relucir ningún personaje ni ningún verso. Hoy rescato la conferencia Canciones de cuna españolas, donde Lorca dedica sus esfuerzos a pensar cómo duermen las madres españolas a sus hijos y, al tiempo, se pasea despaciosamente por las regiones de España y sus melodías, que son –dice– la emoción viva de la historia. Sinceramente, pocas cosas me parecen tan íntimas y sencillas para hablar de nuestra Patria.

Lorca explica:

Son las pobres mujeres las que dan a sus hijos ese pan melancólico y son ellas las que lo llevan a las casas ricas. El niño rico tiene nana de la mujer pobre, que le da al mismo tiempo, en su cándida leche silvestre, la médula del país.

Estas nodrizas, juntamente con las criadas y otras sirvientas más humildes, están realizando hace mucho tiempo la importantísima labor de llevar el romance, la canción y el cuento a las casas de los aristócratas y los burgueses. Los niños ricos saben de Gerineldo, de Don Bernardo, de Thamar, de los Amantes de Teruel, gracias a estas admirables criadas y nodrizas que bajan de los montes o vienen a lo largo de nuestros ríos, para darnos la primera lección de historia de España y poner en nuestra carne el sello áspero de la divisa ibérica”.

Esas nodrizas y criadas de Lorca son el perfecto retrato de la Patria que se cuida, de la Patria solidaria que se ve aguantando el país y conquistando futuro para todas y todos. Aun con esto presente, creo que lo relevante del pasaje es el destinatario de la nana: la tradición, los mitos y las costumbres, pero también las instituciones y los derechos son la herencia que nuestros mayores nos entregan; y esa herencia pertenece al pueblo. Lorca, estirando la frontera y lanzándola más allá de los pobres hijos de las nodrizas de España, consigue abarcar a una verdadera mayoría social que siente como propia esa herencia, que deja que esta le explique quién es y de dónde viene, desbordando cualquier grupo político o social. Es precisamente ese matiz expansivo el que nos invita a observar al otro, no como enemigo, sino como aliado: la Patria es el otro, que dirían al otro lado del charco. Ese otro no es enemigo porque enemigo es quien pone palos en las ruedas al país vendiendo su soberanía; el otro solo presenta rasgos diferenciales que alimentan el intercambio democrático y eso, junto con los vientos de la historia, es lo que construye nuevos horizontes.

Sumado a esto, García Lorca sabe bien que España se pronuncia en lenguas y con acentos distintos, desde sentires distintos; así lo reflejan sus nanas y así lo recuerda él en su conferencia al explicar las influencias que llegan desde el norte de España hasta Andalucía a través de Granada. En la misma senda, trae de Cáceres la nana siguiente:

                               Duérmete, mi niño, duerme,

                               que tu madre no está en casa,

                                que se la llevó la Virgen

                                de compañera a su casa

De ella destaca su rara pureza y su severidad lírica; ese tono duro que resulta más propio de los cantos del norte y el oeste, como aquel de Ourense que dice así:

                                Ora, meu meninho, ora;

                                ¿quen vos ha de la teta

                                se teu pai vai no muiño

                                e tua mai leña seca?

Con todo, Lorca concluye:

Podríamos hacer un mapa melódico de España y notaríamos en él una fusión entre las regiones, un cambio de sangres y jugos que veríamos alternar en las sístoles y diástoles de las estaciones del año. Veríamos claro el esqueleto de aire irrompible que une las regiones de la Península, esqueleto en vilo sobre la lluvia, con sensibilidad descubierta de molusco, para recogerse en un centro a la menor invasión de otro mundo, y volver a manar fuera de peligro la viejísima y compleja sustancia de España”.

Así, hermanadas y fraternas, imagina Lorca las regiones y naciones de España, que, reservándose para sí caracteres propios e inescrutables, no dejan de dialogar en un ambiente plural y diverso; yace aquí una de las grandes riquezas de nuestro país, y como tal, solo puede ser motivo de celebración y de orgullo.

Esta España lorquiana plurinacional y popular, que echa raíces en lo profundo de nuestra historia y de nuestra cultura pero que se teje en lo cotidiano, es la idea sembrada en la visita de Lorca a las nanas españolas. Y esa España es la que reivindico hoy junto con la figura inabarcable del poeta granadino.

En un momento brillante de la historia como el que vivimos es nuestra tarea, y nadie la hará por nosotros, empujar la transformación democrática del país y recuperar para sus gentes la soberanía secuestrada; una transformación que pasa ineludiblemente por la reconstrucción de  los lazos de solidaridad que el neoliberalismo hizo trizas: construir la Patria que Lorca abona con sus páginas. No obstante, esa solidaridad no se acaba en nuestras fronteras. Tender la mano a Portugal y a los países del sur de Europa más castigados por la Troika, a quienes huyen de las guerras y a los pueblos hermanos de América Latina tiene también mucho que ver con la forma en que estamos y nos pensamos en el mundo del siglo XXI. Emprender y realizar esta tarea es amar a Lorca.

Foto portada/actualidadliteratura.com

Related News

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported (CC BY-SA 3.0)

UA-55908739-1