Reflexiones tras la reciente matanza en Niza

Me gustaría aclarar, en primer lugar, que este es un artículo de opinión. A diferencia de otros textos de análisis, es poco probable que en mis conclusiones pueda ofrecer proyecciones fundadas sobre el futuro inmediato que nos espera. El artículo reflexionará sobre la naturaleza de la masacre del 14 de julio en Niza, el vínculo de ISIS con los acontecimientos, y también sobre cómo estos hechos afectan a nuestra seguridad colectiva.

¿Fue la masacre de Niza un atentado terrorista?

La respuesta a esta pregunta es menos obvia de lo que parece. Lo que sabemos a día de hoy es que un varón de 31 años alquiló un camión refrigerador el pasado 13 de julio, con el objetivo de realizar una matanza al día siguiente (la fecha elegida coincidía con la Fiesta de la Federación, en las que los paseos se llenan de viandantes). Sabemos que su objetivo era doloso por dos motivos: primero, el atacante era un repartidor profesional de paquetería, por lo que no tenía necesidad alguna de alquilar un camión frigorífico; segundo, el atacante había adquirido una pistola auténtica, varios fusiles falsos y una granada inutilizada de forma ilegal (probablemente anticipando un tiroteo con la policía). Sabemos también que el atacante no había recibido formación militar ni paramilitar, y que perdió el control de la situación una vez empezó a arrollar a los viandantes en el paseo marítimo de Niza. A diferencia de los ataques terroristas con camiones en el Sudeste Asiático y Oriente Medio, el camión no portaba ningún dispositivo explosivo, y el atacante no llegó a herir a nadie con sus disparos (tácticas habituales para magnificar el daño entre quienes vienen a prestar socorro a los heridos). La hoja criminal del atacante parece ser escasa, incluyendo delitos de poca monta y denuncias por violencia doméstica y de género (al parecer relacionadas con el abuso de alcohol). A falta de una nota de suicidio, y teniendo en cuenta que ningún grupo terrorista reivindicó el ataque hasta pasados dos días de la masacre, hará falta establecer el origen de las armas encontradas en el vehículo para poder determinar qué desencadenó el ataque.

ATTENTION EDITORS - VISUAL COVERAGE OF SCENES OF INJURY OR DEATH -  A body is seen on the ground July 15, 2016  after at least 30 people were killed in Nice, France, when a truck ran into a crowd celebrating the Bastille Day national holiday July 14.  REUTERS/Eric Gaillard

ATTENTION EDITORS – VISUAL COVERAGE OF SCENES OF INJURY OR DEATH – A body is seen on the ground July 15, 2016 after at least 30 people were killed in Nice, France, when a truck ran into a crowd celebrating the Bastille Day national holiday July 14. REUTERS/Eric Gaillard

Las primeras informaciones apuntan a un cambio de actitud por parte del atacante, cuando este recibió notificación de que su esposa (que se había separado de él hace tres años) estaba formalizando el proceso de divorcio. El atacante, que podría haber sido Manuel Gutiérrez Borrull, emigrante español afincado en Niza (mi versión particular del John Doe estadounidense) resultó ser Mohamed Lohuiaiej Bohuel, emigrante tunecino afincado en Niza. No es cínico señalar que es este hecho, por sí mismo, el que convierte el atropello masivo en un atentado. Respondiendo a la pregunta inicial, sí, el 14 de julio hubo un atentado terrorista en Niza: sin importar las inclinaciones ideológicas ni los motivos profundos del victimario, la masacre ha provocado ya reacciones políticas de todo tipo, convirtiéndose en un atentado terrorista en sus consecuencias.

El vínculo con ISIS

En ocasiones como esta es frecuente leer opiniones críticas acusando a estados y servicios de inteligencia de todo el mundo de patrocinar ataques de este tipo (con un abanico notable entre el que escoger, según tus preferencias geopolíticas e ideológicas). Compartiendo algunos elementos de su narrativa, he de decir que sus visiones no son históricamente fieles a la realidad, y se basan más en extractos de declaraciones que en hechos. Sería infantil pensar que los países no juegan duro al espionaje (aunque lo llamen contraespionaje o contrainteligencia, pero ese es otro debate), sin embargo, sugiero dejar de sobreestimar el poder para controlar la realidad del que gozan los ‘conspiradores’. Del mismo modo, es necesario dejar de sobreestimar también la capacidad de ISIS, o cualquier otro grupo político-criminal, para actuar de forma efectiva en cualquier país del mundo.

Como organización, ISIS ha desarrollado un Culto a la Muerte bastante difícil de sostener: en sus ataques convencionales, incluyen por costumbre ataques suicida contra las infraestructuras de defensa, y abusan también de cargas estilo kamikaze contra las trincheras iraquíes y kurdas. Entre deserciones y suicidios, sin contar los constantes bombardeos, la organización necesita un flujo constante de nuevos combatientes para mantener sus posiciones. ISIS cuenta con limitaciones a la hora de contratar grupos mercenarios, por lo que depende fuertemente del reclutamiento de voluntarios extranjeros. Su organización utiliza la visibilidad internacional como reclamo, reivindicando cualquier ataque con el fin de impresionar a jóvenes desencantados o en situación de necesidad (no siempre de forma muy diestra) ISIS pesca en el caos, y sería capaz de reivindicar tifones y terremotos si resultase creíble.

Por otro lado, no existe protocolo de seguridad capaz de impedir que individuos utilicen objetos cotidianos para provocar daño (a veces con poco éxito, otras con lamentable eficiencia). Hasta cierto punto los gobiernos y las agencias de inteligencia necesitan racionalizar esta violencia aleatoria, y el cajón de sastre del terrorismo cumple a menudo esta función. No es mi intención negar la existencia del terrorismo (como herramienta represiva, y arma de guerra) puesto que todos los países han sufrido atentados terroristas de una tendencia u otra. Sin embargo, es llamativo que hayan sido la prensa y los gobiernos los primeros en asociar la matanza con ISIS, casi un día y medio antes de que el propio grupo compartiese un breve comunicado (en mi opinión, el grupo se ha vuelto más cauto a la hora de reivindicar mártires tras el tiroteo de Orlando, cuyo autor fue identificado posteriormente como un hombre violento frustrado por su propias preferencias homosexuales).

¿Qué hacer?

Lamentablemente, ninguna estrategia política ni ningún protocolo de seguridad podrían haber evitado la masacre de Niza. Las campañas públicas para proteger y enriquecer la multiculturalidad siguen siendo prioritarias, al igual que las políticas a favor de la equidad política y social, o en contra de la violencia de género (para mí un factor clave a la hora de explicar las motivaciones del asesinato/suicidio de Bohuel). Tampoco está de más el diálogo interreligioso (incluyendo a las comunidades ateas) ni otras medidas destinadas a paliar y prevenir la xenofobia. Todas estas medidas, acompañadas de un debate activo, son importantes para la mejora integral de la sociedad y la prevención del terrorismo político. Pero en última instancia, dudo que hubiesen prevenido el atropello masivo perpetrado por Bohuel.

Medidas como infiltrar centros de culto, militarizar a la policía y mantener el país en un estado perpetuo de alerta, tampoco hubiesen (no han) servido para detener a alguien como Bohuel. Me pregunto, sin embargo, qué hubiese pasado si la policía francesa hubiese dedicado su esfuerzo principal a infiltrar y neutralizar las redes de tráfico de armas en el país. ¿Habrían tenido entonces noticia de que un ciudadano de Niza podría estar planeando una desgracia? Eso ya no podremos saberlo. Lo último que me queda por decir es que, tomando en cuenta las experiencias de terrorismo europeas desde el siglo XIX, la represión a ultranza genera injusticia y confiere una dimensión épica al “sacrificio” de los terroristas; la solución pasa por romper con el teatro, matar la épica, y mostrar con todo su patetismo los próximos suicidios/asesinatos que vengan.

Imágenes: Eric Gaillard/Reuters

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