Referendo boliviano y el problema del populismo

Este 21 de Febrero, Bolivia votará en referendo constitucional si permite una nueva reelección del actual Presidente y Vicepresidente de la República Plurinacional de Bolivia, Evo Morales y Álvaro García Linera respectivamente, una vez finalice la presente legislatura. Esta reforma del artículo 168 que se plantea al pueblo boliviano permitiría una segunda reelección –no una reelección de forma indefinida- y, con esto, disputar la siguiente competición electoral.

El objetivo de esta reforma de la Constitución, que fue propuesta por movimientos sociales, sindicatos obreros y agricultores, no es la primera vez que se da en la región latinoamericana. Como sabemos, en el año 2007 ya se postuló esta idea en Venezuela, rechazando un conjunto de reformas constitucionales así como la reelección del Presidente Chávez, que, dos años más tarde, en 2009, fue aprobada dicha reelección de manera indefinida con el apoyo popular. En el caso boliviano, la cita llega dañada por casos de corrupción y por la derrota presidencial del kirchnerismo en Argentina y legislativa del chavismo en Venezuela, contexto que puede dar fuerza a la oposición boliviana en la campaña por el No el próximo 21 de Febrero. Por otro lado, desde el oficialismo, el Sí va acompañado de la promesa de erradicación de la extrema pobreza en el país, la universalización de los servicios básicos y la deseada consecución de un mar para Bolivia.

Según Ernesto Laclau, el populismo –no entendido como algo peyorativo tal cual se nos muestra mayoritariamente en los medios de comunicación, sino como la construcción discursiva de identidades populares- se caracteriza por cuatro rasgos principales. Una movilización equivalencial de masas, la constitución de un pueblo, símbolos ideológicos alrededor de los cuales se plasme una identidad colectiva y la centralidad del líder como factor aglutinante. Si observamos la última de las características, y con el referendo sobre la mesa, se hace visible la centralidad del liderazgo en los regímenes populistas latinoamericanos, plasmándose la identidad colectiva construida a lo largo de estos últimos años en el propio Evo Morales. En esta entrada y protagonismo plebeyo en las instituciones que significa el populismo funciona, como dice Raby en su artículo El liderazgo carismático en los movimientos populares y revolucionarios, una relación dialéctica entre el líder y el pueblo, una sintonía que se alimenta mutuamente y en la cual los dos elementos son imprescindibles. Y esa simbiosis entre ambos elementos se ve amenazada por el modelo presidencialista donde existe un límite de mandato y que, según las experiencias latinoamericanas, si los representantes siguen gozando de un apoyo mayoritario y poco erosionado, el proyecto de país –nacional-popular indígena en este caso- construido con Evo como unificador de esa mayoría social heterogénea podría terminar desequilibrado.

En el décimo aniversario de la entrada en el gobierno boliviano de un sindicalista indígena, y con él, las mayorías sociales antes invisibilizadas, la puesta en marcha de este referendo constitucional boliviano puede dejar entrever las grietas de un proyecto que, quien sabe, podría acabar rompiéndose sin el liderazgo que encarna al pueblo. He aquí uno de los problemas del populismo, y que, los propios gobiernos nacional-populares deberían tratar de plantar cara no alargando la enfermedad, sino fortaleciendo y consolidando los imaginarios poscoloniales y posneoliberales más a través de un movimiento popular organizado tanto en las instituciones –ya conquistadas, relativamente- como en las calles, que de la figura central de un líder.

De la mano del gobierno boliviano nacional-popular indígena está, gane o pierda el referéndum, seguir construyendo un proyecto alternativo al neoliberalismo y sostenible en el tiempo independientemente de la persona que lo lidere. O, como dijo recientemente Álvaro García Linera, “la clave de la izquierda latinoamericana se juega ante todo en la economía. En la capacidad de plantear, de defender, de conquistar, de proponer a su país, a su pueblo, un modelo de economía distinta a la neoliberal. Y un modelo de economía que sea sostenible a largo plazo”.

Foto principal: granma.cu

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