¡Recuperad a Maquiavelo!

El pasado jueves mi compañero Raúl anunciaba aquí la muerte de uno de los pilares fundamentales de la democracia, la división de poderes. Evocando las palabras de Carlos Arias Navarro ponía fin a una etapa, del mismo modo que lo hizo éste, y nos instaba a recuperar la figura de Montesquieu, a profanar su tumba y despertarlo. Yo hoy propongo desenterrar a otro clásico, un poco menos bien visto, pero que a mi juicio resulta indispensable, Nicolás Maquiavelo.

La gente no entiende a Maquiavelo, y es lógico que no lo entienda. La figura de éste ha sido casi satanizada, relacionándose directamente con la ausencia de ética, con la maldad, y dando lugar a un adjetivo (maquiavélico) que está en boca con relativa frecuencia de la gente corriente. Todo y que él no lo expresó del todo así, “el fin justifica los medios” es lo único que conoce la mayoría de este interesante personaje histórico. Pero Maquiavelo no fue solo eso. Es para muchos el padre de una disciplina, la Ciencia Política. Este funcionario público fue capaz de realizar un riguroso análisis empírico de los actores y las instituciones políticas que lo envolvían, olvidándose de la ética e intentando ser lo más objetivo posible. Esta objetividad es la que quiero recuperar. Objetividad como veremos al menos inicial.

Maquiavelo pese a lo que pueda parecer se sentía más cómodo con los gobiernos republicanos. No obstante, abandonó su obra “republicana”, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, para ponerse manos a la obra con el tratado que lo convertiría en eterno, El príncipe. ¿Qué ocurre aquí? Lo que ocurre es que este exiliado florentino demuestra que pese a que todos nos sentimos más cómodos con una postura determinada, podemos ser capaces de mostrar la realidad tal y como es, y no tal y como nos gustaría que fuese. Pecamos demasiadas veces de maquillarla a nuestro gusto. Maquiavelo también lo hacía cuando recurría a la historia a su antojo para ponernos ejemplos que le beneficiaban en su discurso, pero si no tratamos de dejar fuera estas valoraciones resultará imposible que construyamos nuestras propuestas de forma correcta, pues lo estaremos haciendo partiendo de una realidad que es falsa. De este modo, lo más importante en cualquier análisis es el hecho de conocer. La opinión vendrá luego.

La verdad en sí es revolucionaria. Esto lo demuestra perfectamente Nicolás Maquiavelo, pues el hecho de ser objetivos nos permitirá sacar a la luz todo aquello deleznable, y conservar lo que resulta positivo. Cuando Maquiavelo regala a Lorenzo II de Médici El príncipe como impecable guía para la conservación del poder, está haciendo mucho más, está mostrándonos cómo funcionan las cosas en un gobierno tiránico, en una monarquía. Está elaborando una diferenciación consciente entre monarquía y república. Si queremos monarquía, esto es lo que hay; de modo muy distinto ocurrirán en un gobierno republicano. Sus dos obras, antes nombradas, son irreconciliables, y son las que me permiten hacer esta relación. De nosotros depende si queremos vivir en un sistema u otro. Pero lo que tenemos que tener claro es que si queremos vivir en un gobierno monárquico, en la Florencia propia del renacimiento italiano, la realidad es esta y no otra. Propongo que si tras un análisis riguroso, empírico, somos capaces de ver que nuestra realidad es dramática, y que además solo se sustenta con mayor dramatismo, cambiemos el manual y nos planteemos si quizás lo que nos conviene es otro modelo. Es posible que con estas reglas de juego la solución sea privatizar,  el libre mercado, la libre competencia, los recortes, la bajada de salarios, la reducción de programas de seguridad social etc., pero igual es mejor que no sea El príncipe el que nos guie, sino que nos conviene más irnos hasta los Discursos sobre la primera década de Tito Livio; irnos hacia la república.

Propongo que los científicos sociales le “robemos el sitio” a aquellos que tradicionalmente se han encargado de explicarnos las cosas, y que siguen siendo con demasiada frecuencia los “especialistas” del tema; de cualquier tema. Si queremos conocer verdaderamente lo que ocurre en nuestro país, no podemos hacer como los economistas y centrarnos únicamente en datos económicos (puede que por esto no acierten una). Tampoco tiene sentido que hagamos como los juristas y nos centremos en las instituciones y en el derecho, olvidando tantos otros factores relevantes. De los periodistas mejor no hablo. Lo que estoy tratando de decir es que el monopolio de la opinión, lo tienen que tener aquellos que la fundamentan, y que por ende tienen derecho a opinar. Es cierto que de una misma realidad, de un mismo análisis, sacaremos conclusiones distintas, pero podremos estar seguros de que sabemos sobre que estamos debatiendo. Lo peligroso viene cuando discutimos sobre el desconocimiento.  Es cierto que nosotros (Condición sine qua non) no nos caracterizamos justamente por nuestra neutralidad, pero tratamos de fundamentar nuestra reflexión en la realidad que previamente hemos observado. Recuperemos a Maquiavelo, y cuando lo hayamos hecho, igual nos damos cuenta de que conviene que recuperemos a otros clásicos.

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