¿Qué debe hacer el PSOE?

Dicen algunos politólogos que en aquellos tiempos en los que el Partido Socialista (ejerciendo su papel de “catch all party”) crecía a nivel electoral no lo hacía en concreto ni por el centro ni por la izquierda, sino que lo hacía en ambas direcciones. De esta manera el PSOE se había convertido en los años 80 en una opción política imprescindible y legitimadora del régimen del 78. La estrategia era sencilla. Había que desplazar al Partido Comunista a la extrema izquierda y situar a Alianza Popular lo más a la derecha posible. Las grandes reformas sociales impulsadas por los gobiernos de Felipe González en una Europa en la que la socialdemocracia era prácticamente hegemónica, contrastaron fuertemente con una última etapa de gobierno en la que el PSOE comenzó a apostar por la liberalización y políticas laborales heredadas del neoliberalismo.

Habría que esperar hasta el año 2011 para que, una vez más, el socialismo volviera a cometer las mismas equivocaciones. Las dos legislaturas de José Luis Rodríguez Zapatero convirtieron nuestro país en la España de los derechos individuales. La legalización del matrimonio homosexual o la ley del aborto marcaron una etapa de gobierno que (una vez más) finalizaría con un nuevo error histórico del centro-izquierda español: La reforma del artículo 135. Esta vez, ya no bastaría con pasar a la oposición y esperar unos años el debilitamiento del Partido Popular. Las instituciones emanadas de los consensos del 78 habían comenzado a experimentar un fuerte proceso de deslegitimación y el 15-M protagonizaba su famoso: “No nos representan”.

En los últimos días hemos podido observar como el Partido Socialista inmerso en la etapa de los pactos de gobierno ha intentado explicar que está dispuesto a tender la mano a izquierda y a derecha para formar un gobierno progresista y reformista. La ejecutiva del Partido Socialista conoce la dificultad que conlleva intentar formar gobierno con dos formaciones antitéticas (en palabras de Xavier Domènech) y sabe que está condenado a elegir entra ambas. Algunos dirigentes territoriales del PSOE han reconocido a los medios que su partido comparte agenda social con Podemos pero que, sin embargo, se entendería mejor con Ciudadanos para acordar un proyecto de país. Las declaraciones que hemos conocido en la segunda ronda de consultas con el Rey pueden darnos algunas pistas sobre la dirección que, finalmente, podría tomar el PSOE.

Parece evidente que los actores más influyentes en la política del PSOE ya han tomado partido. Mientras el diario El País critica al Secretario General de los socialistas por la decisión de convocar una consulta a la militancia para avalar la política de pactos del partido, los barones territoriales también miran con cierto recelo esta medida que Pedro Sánchez no había compartido con nadie antes de que tuviera lugar el Comité Federal (ni siquiera con Javier Fernández con el que se había reunido poco antes). Habría que recordarle a Juan Luis Cebrián (que ha calificado en el editorial de su periódico el referéndum como una medida populista) que su diario ya apoyó una medida similar tomada por los socialdemócratas alemanes para decidir si formaban un acuerdo de gobierno con la derecha de Angela Merkel.

Si el Partido Socialista acabara decidiendo pactar con un partido como Ciudadanos (apoyado eventualmente por partidos nacionalistas conservadores) no sólo habría perdido la posibilidad de disputar el eje izquierda-derecha sino que se constituiría inevitablemente como un partido más del establishment. La propuesta de la consulta ha gustado a una militancia cada vez más escéptica con su partido debido a los acuerdos tomados hasta ahora (tanto en la Mesa del Congreso como en el reparto de los asientos: ambas pactadas con Ciudadanos e indirectamente con el Partido Popular). Es importante que el PSOE dispute la iniciativa a Podemos y que lo haga ya si quiere recuperar la centralidad. La formación morada ha hecho una propuesta sobre la que los socialistas debemos pronunciarnos cuanto antes. O bien, para iniciar de inmediato unas conversaciones y definir las políticas programáticas que deberá llevar a cabo un gobierno del cambio o bien, para plantear una alternativa a dicha propuesta que sea posible y que guste a las bases y a los votantes socialistas.

De momento, Pedro Sánchez ha aceptado la responsabilidad que estratégicamente Rajoy no ha querido asumir. Someterse a una investidura y formar un gobierno. No podemos olvidar que la campaña electoral llevada a cabo por el Partido Socialista de situar a Ciudadanos lo más a la derecha posible hace poco creíble para sus votantes un acuerdo de gobierno con los de Albert Rivera. En los próximos días conoceremos las intenciones de un PSOE preso de un discurso conservador que ha funcionado en el sur de España pero que ha perjudicado a sus federaciones en Madrid, Barcelona o el País Vasco. En la socialdemocracia española (y también en la Europea) hace falta un debate ideológico que refleje posiciones claras sobre cuestiones como la política económica, la reforma de la Constitución o la plurinacionalidad de nuestro país. Por suerte, el escenario político dibujado tras las pasadas elecciones obliga al PSOE a definirse tal y cómo es. Sólo las próximas semanas dirán dónde ha decidido situarse el partido de Pedro Sánchez, si al lado de lo que él ha llamado “la derecha” o junto a lo que Felipe González ha calificado de “Leninismo 3.0”.

Foto principal: elmundo.es

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