PSOE: los costes de la inacción en política

Cuando careces de estrategia o ésta es muy previsible corres el riesgo de que otros, más hábiles que tú, te coman la tostada y dejen en evidencia todas tus vergüenzas y debilidades. Esto es lo que le está pasando al secretario general del PSOE. Se lo jugó todo a la escenificación de una previsible y abultada negativa en una investidura a Rajoy que aniquilase el poco crédito político que a éste le queda. De este modo, la cuenta atrás de los dos meses para formar gobierno (antes de una nueva convocatoria) habría echado a andar y, entonces sí, ser Sánchez quien tomase la posición central en las negociaciones y poder así ir marcando los tiempos. De esta manera, la presión podría recaer más sobre un Pablo Iglesias que tendría la ‘responsabilidad’ de permitir un gobierno alternativo a Rajoy o ser el ‘culpable’ de que esto no ocurriese. Pero la centralidad también consiste en adelantarse, en tomar la iniciativa y hacer que los demás actores se retraten. Sánchez jamás hubiese pensado que Iglesias llevase a cabo esa maniobra que puso en jaque la pasiva estrategia socialista y puso de manifiesto todas sus contradicciones. Pero mucho menos esperaría la posterior reacción de Rajoy, declinando el encargo del rey de ir a la sesión de investidura.

He aquí, para mí, el quid de la cuestión y el aspecto más fuertemente criticable al PSOE, como así me dispongo a hacer. Es inadmisible la cobarde estrategia socialista en todo este proceso. No se logra entender cómo (o quizás sí como explicaré más adelante), después del horroroso resultado en las elecciones, desaprovecha la oportunidad para tomar la iniciativa y ponerse al mando de unas negociaciones que intenten revertir todo el proceso político de desmantelamiento del bienestar y que luche por unas políticas más redistributivas que fomenten una mayor justicia social y combata las inequidades.

Nada más lejos de la realidad, Sánchez y el PSOE, centrados en sus luchas cainitas internas, cedieron la iniciativa al responsable principal de un partido doblemente imputado por corrupción. A un partido encabezado por alguien que envió mensajes de ánimo a quien, en sede judicial, dijo que le había entregado varias veces sobres con elevadas cantidades de dinero en billetes de 500€. A ese dirigente que ha hecho declaraciones de amor a todo dirigente imputado y/o condenado. Al partido al que le han imputado en Valencia a toda su agrupación local y que no los ha suspendido de militancia por el riesgo de perder su presencia en el Pleno Municipal de Valencia.

El PSOE sigue hablando de políticas de izquierda y acude a Portugal para inspirarse en el pacto allí llevado a cabo. Pero en cambio, para dar una lección a Podemos por su arrogancia, pacta la Mesa con PP y C’s (brindándoles la mayoría) y ‘ponen en su sitio’ a los morados con la ubicación de los distintos grupos en la cámara  baja. Es decir, de espíritu portugués pero con ascendencia alemana. Un apunte, en Alemania con los resultados de los dos partidos tradicionales, los dos candidatos estarían fuera al minuto siguiente de conocerse el escrutinio.

Más arriba remitía a una posterior aclaración, que ahora hago, acerca de la desidia del PSOE para encabezar negociaciones. A mi entender, los del puño y la rosa siguen el camino marcado por los socialdemócratas europeos como hemos señalado en otros artículos como éste. Han hecho suyo el discurso neoliberal, han renunciado al pleno empleo, han asumido y constitucionalizado el déficit como norma sacrosanta y puesto como dogma de fe la estabilidad para la confianza de los mercados. En definitiva, al PSOE no le interesa un gobierno de lo que se denomina ‘izquierdas’. Y quizás hacen bien, porque muchas de las reivindicaciones que son asociadas a esa cosmovisión han sido capitalizadas por otras fuerzas que ven su nicho de voto en ese electorado que antaño se identificaba con el PSOE. Por tanto, de llevar a cabo políticas de ese tipo sería atribuido más a la presencia de fuerzas cómo Podemos e IU en un hipotético gobierno que a la voluntad de los de Sánchez.

Pero considero que, más que izquierdas o derechas, la fractura que mejor opera en este tiempo es la que muestra la disputa entre el mantenimiento del statu quo o el giro de timón de una renovación para cambiar el rumbo de las políticas que nos llevan a situaciones de paro, precariedad y desigualdad como las actuales. Y, en este sentido, el PSOE, ante el miedo a que Podemos les pase por encima (como así pretenden los morados) se encuentra más cómodo haciendo guiños al partido de ‘extremo centro’, a quien se siente el ‘Adolfo Suárez del siglo XXI’. Por supuesto, C’s apuesto por mantener el statu quo en las materias fundamentales (política europea, anti-terrorista, territorial). Un partido que se muestra, y lo celebro, como el azote frente a la corrupción de CDC pero que no duda en pactar con el PSOE en Andalucía y con el PP en Madrid, que muestra los papeles de Bárcenas en un debate pero que luego se ofrece a dar su abstención al PP. Eso sí, si dimiten Chaves y Griñán la corrupción ya se ha acabado y la regeneración camina vigorosa y altanera. Ignorando de esta manera que la corrupción no desaparece sólo por eliminar a ciertas personas de la vida pública, sino por romper con las estructuras y los estilos de hacer políticas perennes que hoy siguen vigentes.

Y por si todo esto no fuese suficiente, el PSOE vuelve a mostrar su ‘fuerte cohesión interna’ filtrando las críticas en el Comité Federal del partido hacia Pedro Sánchez. Es por eso que Podemos sigue potenciando y destapando las contradicciones dadas en el PSOE. Una de ellas es la dinámica multinivel que se da en la política española y que el presidente de Extremadura le espetaba a Sánchez según lo que se ha filtrado: “Si nosotros no dejamos claro que el PSOE no tiene nada que ver con el independentismo ni por activa ni por pasiva, a nosotros en Extremadura nos matan y yo lo tengo que decir”.

Por tanto parece que unas nuevas elecciones no son un escenario descabellado. Desde luego Sánchez y Rajoy lo tendrían complicado para repetir, sobre todo Sánchez por la celebración del Congreso para elegir Secretario General. En una próxima contienda, una unión de IU con Podemos pondría en serias dificultades al PSOE y quizás, sólo quizás, con la presencia de otros candidatos una abstención para dejar gobernar al PP no sería extraña.

Foto principal: youtube.com

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