Podemos: Potencialidades y riesgos de un Post-Partido

Hace unos días, Pablo Iglesias nos sorprendía a todas las personas que nos consideramos de izquierdas con el anuncio de la plataforma Podemos, donde, arropado por diferentes personalidades, lanzaba un proyecto para unificar a la izquierda transformadora, tanto partidos políticos como movimientos sociales y ciudadanía descontenta con la situación actual, en general, con vistas a las Elecciones Europeas.

Desde el primer momento, se ve que la propuesta no va a caer  en saco roto. Todo el mundo conoce al mediático profesor, que se ha ido paseando por tertulias, universidades y otros espacios, con un muy atractivo discurso de transformación social

, que cala en jóvenes y mayores. Tras él, Juan Carlos Monedero, ex-asesor de Hugo Chávez y una de las grandes mentes pensantes de la izquierda de este país. En su mano, el Programa; no lo ha dicho, pero nos lo imaginamos: banca pública, no al pago de la deuda, no a los recortes de los servicios públicos; lo que ya sabemos y defendemos. Y, rodeándolo todo, la afirmación de que Podemos no es un partido político, ni busca serlo. Es más, anuncia que, de no conseguir convertirse en el frente común de la izquierda, entenderá que no tiene nada que hacer, y se disolverá.

Inmediatamente, todas las miradas se vuelven hacia IU. El proyecto tiene fuerza, la estrategia pone a la organización de izquierdas entre la espada y la pared, obligada a elegir entre sus procesos internos, su democracia organizativa, su proyecto, por el que han trabajado tanto tiempo su militancia, o su programa, que ahora se le muestra vestido de verde postmodernidad, pero junto a una propuesta de ese ansiado Frente Común.

Ahora bien, ¿es esta sencillamente una cuestión de orgullo de organización, que impide a la militancia de IU abandonar las siglas por las que han trabajado durante tanto tiempo? ¿O va más allá de esto, y hay debilidades más profundas en el proyecto, que nos hacen dudar antes de entregar la capacidad política de IU y el PCE a la organización de Iglesias?

A pesar de las fortalezas y posibilidades que ofrece el modelo de organización de Podemos, éste también cuenta con importantes debilidades y fallos intrínsecos. El deber de todo analista es señalar tanto unos como otros.

En el contexto actual de desilusión con el régimen del 78, no es solo el bipartidismo lo que está en cuestión, sino todo el sistema de partidos. Como ya decía Alberto Garzón en un artículo hace poco, en la crítica al PPSOE está implícita la crítica a todo un sistema; en el desapego a los partidos mayoritarios se incluye también el desapego a los minoritarios, y esto incluye a IU. Por ello, pese a la coherencia de su programa y a la capacidad transformadora de su proyecto, la formación de izquierdas tiene muy difícil la formación de una amplia mayoría que le permita realizar su proyecto político. Y este es un lastre que Podemos no arrastra.

En segundo lugar, encontramos la capacidad de unión de las fuerzas y movimientos sociales de izquierda por encima –o a través- de las siglas de cada una. La PAH, por ejemplo, o los médicos de la marea blanca, podrían dar su apoyo más fácilmente a la plataforma no partidista de Pablo Iglesias que a IU.

Y en último lugar, tenemos por fin al ansiado portavoz. Como ya hemos dicho, poco a poco el popular profesor ha ido creando algo que los politólogos conocemos de sobra: la (contra) hegemonía. Ante los voceros del régimen, los desprestigiados Marhuenda, Alfonso Rojo, o incluso algún socialista despistado, Pablo responde con argumentos inteligentes, pero que a la vez se expresan en el idioma de la calle. Y esto, en horario de máxima audiencia, gana más votos que un discurso de Cayo Lara, por muy coherente y sincero que éste sea.

Sin embargo, debajo de esta perspectiva tan prometedora, podemos encontrar debilidades importantes, que ya no se basan en la voluntad de crear un frente común no partidista, sino en la forma concreta en la que Podemos quiere organizarse, influido sin duda por las propuestas de profundización democrática de Izquierda Anticapitalista y otras fuerzas de la Novísima Izquierda.

Se nos está proponiendo elaborar wiki-programas, recoger firmas electrónicamente, u obtener fondos vía crowdfunding; en cuanto a la elección de cargos, podemos imaginarnos, entre otras cosas, primarias y votaciones electrónicas. Podemos va más allá de la lógica de la democracia de partidos, y por ello, podríamos caracterizarlo fácilmente como un post-partido, donde cada persona participa de forma individual, desde su particularidad, sin recurrir a identidades u asociaciones colectivas y constrictoras, y donde las vías y mecanismos de participación varían completamente respecto a los partidos tradicionales.

Este modelo, con protagonismo de las redes sociales, sin encuentro, sin negociación ni búsqueda de acuerdos cara a cara, nos plantea varios problemas: en la red, ¿todos tenemos el mismo poder? ¿No tiene mayor influencia aquel que mejor sabe manejar los medios comunicativos a su alcance? ¿Qué pasa con ese elevado porcentaje de la población que está al otro lado de la brecha tecnológica? ¿Cómo vamos a conseguir llegar a un acuerdo por medio de Internet? ¿Votaremos, o buscaremos consensos? Si buscamos una votación, como garantizamos su limpieza? ¿De esas 80.000 firmas que han recogido en un día, cuántas son nombres de padres y madres que el hijo fan de la Tuerka ha colado en el formulario? ¿Cómo explica una señora de 60 años su opinión sobre cualquier punto del programa a través del wiki-programa del que con tanto entusiasmo nos habla Miguel Urbán? Todo apunta a que esta fórmula, al igual que las primarias, se nos muestra como una panacea democratizadora cuando realmente oculta mecanismos de desigualdad importantes.

Pues bien, todas estas son cuestiones que deberían hacernos reflexionar sobre si de verdad el modelo organizativo propuesto por Podemos es sensato. ¿Debemos confiarnos al Post-Partido o, por el contario, el frente que lleve a la izquierda transformadora a tomar el poder debería construirse desde la base organizada de los movimientos sociales, los partidos y las asambleas ya formadas, que en el cara a cara, en la ponderación de fuerzas de organizaciones y la búsqueda de consensos sacarán propuestas para articularlas hacia arriba, en un proceso verdaderamente democrático? Son aspectos para el debate.

Por David Gil Solsona @Sr_Gil_

Estudiante de Sociología y Ciencias Políticas en la UV, militante de Acontracorrent.

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2 Responses

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  1. Laura politóloga
    Feb 05, 2014 - 01:52 PM

    Hombre, la idea es buena… Yo creo que este partido es una apuesta valiente. Porque, desde el 15M y otros movimientos se puede decir que la democracia está muy mal y todo lo que quieras, pero es desde dentro desde donde se cambian las cosas. Personalmente, pensaba que IU se iba a unir, para recoger todos los apoyos despertados. Al mismo tiempo, sería necesario otra manera de recoger las ideas, además de Internet, porque sigue habiendo brecha digital. No sé si vía los diferentes grupos o cómo…
    Finalmente, estaría bien saber qué nos pasaría teniendo a politólogos gobernando 😉 Aunque no creo que lleguen aún a tener tantos escaños como para eso…

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    • raulsoriano
      Feb 05, 2014 - 03:22 PM

      Ciertamente no sé cómo acabará la situación actual entre Podemos e IU. El otro día, Alberto Garzón opinaba que, tarde o temprano, acabarán convergiendo.

      Reply

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