Podemos post-Vistalegre II: hacia la desafección y la apatía

La presente reflexión pretende recoger el testigo argumental de un artículo (leer aquí) escrito hace poco más de un mes y sobre el cual abundaré. En él, planteaba, como conclusión, que Podemos se estaba dejando a mucha gente por el camino. Es decir, en un contexto en el que se apela constantemente a “los que faltan”, la dinámica asumida en el seno de la organización durante el largo 2016 está desilusionando a muchas de las personas que se sintieron identificados/as con el este proyecto político.

Los hechos ocurridos en este periodo (desde la publicación del artículo al que hago referencia) confirman la hipótesis que planteaba. El marco dicotómico Iglesias-Errejón establecido, lejos de atraer a aquellos que faltan para construir una mayoría popular, sigue dejando a gente por el camino. En este caso fueron dos destacados dirigentes, Nacho Álvarez y Carolina Bescansa, quienes decidieron dar un paso al lado tras fracasar en su intento conciliador por evitar “el choque de trenes”.

Además, como ya pasase en Nochebuena con el hashtag #ÍñigoAsíNo, en el que claramente el sector más cercano a Pablo Iglesias señalaba al secretario político de hacer maniobras subterráneas, otro de los fundadores de Podemos y ex-secretario general de Podemos en la Comunidad de Madrid, Luis Alegre, ponía nombres y apellidos al círculo de confianza de Iglesias, acusando directamente, en un artículo para eldiario.es, a Rafael Mayoral, Juanma del Olmo e Irene Montero tildándolos de “camarilla” “dispuesta a destruirlo todo” y  de “parasitar a Pablo”.

Todo esto pone de manifiesto dos cosas, la segunda de las cuales se deriva de la primera:

1) Lo único que importa es ganar Vistalegre II.

2) Gane quien gane la fractura será tan grande que el proyecto estará seriamente dañado.

Porque habrá quien todavía piense que después de la Asamblea se pueden dar las condiciones para construir unidad. Yo no lo creo, sobre todo si el resultado es ajustado.

Pero más allá de lo orgánico, sin duda interesante, al menos para mí que soy politólogo, todo este proceso ha puesto a Podemos frente al espejo y le ha reflejado todas sus contradicciones. El cristal le ha devuelto una imagen que se parece demasiado a aquello que criticaron dirigentes y las bases en los inicios morados. Esto es: comportamientos que recuerdan a lo ya establecido, a lo viejo.

Algunos de los principales logros de Podemos en su nacimiento y posterior desarrollo, fue poner sobre la mesa una narrativa con un cierto sentido impugnatorio que rompía con el anquilosamiento de un status quo que se presumía inamovible. Esto hizo que se consiguiese atraer y despertar a sectores que siempre se habían visto desplazados de los asuntos públicos o los habían visto como algo ajeno y lejano. Mucho abstencionista y personas desencantadas con los partidos tradicionales optaron por Podemos en los distintos procesos electorales. Esto fue, precisamente, por no parecerse a los partidos ya existentes. Por no mirarse el ombligo, al menos no centrando el debate a la interna, y por poner los problemas reales en la agenda.

Pero parece ser que la historia se olvida demasiado pronto. Y esto es muy grave, porque no hace falta retrotraerse demasiado para intuir cuáles pueden ser las consecuencias de toda esta guerra interna, basta con realizar un ejercicio de política comparada. En el lapso transcurrido entre las elecciones del 20-D y el 26-J, en el que la narrativa en torno a Podemos fue (a mí entender injustamente) la de “los sillones” y la “intransigencia”, el nivel de apoyo electoral menguó (sumando a IU en el nuevo espacio ‘Unidos Podemos) en algo más de un millón de votos.

Esto último que señalo considero que marca la tendencia de hacia dónde puede avanzar (o retroceder, según se vea) el proyecto político de Podemos y que indico en el título: desafección y apatía.

Podemos, al ser un partido de reciente creación, carece de una fortaleza organizativa consolidada y de unos anclajes electorales sólidos. Esto no quiere decir que, a corto plazo, mucha gente vaya a dejar de votarles para irse al PSOE, pero sí que es más probable que la desafección se convirtiese en apatía y esa pérdida de apoyos volviese a la abstención. Esto es así porque, como ocurrió entre el 20-D y el 26-J, la pérdida de votos de Unidos Podemos no se tradujo en un trasvase hacia el PSOE (que también perdió 100.000 votos).

Por tanto, lo que los contendientes de las distintas corrientes deben entender es que, si no se piensa en el día después de Vistalegre II, la organización estará herida de muerte. Gane quien gane, habrán perdido todos.

Foto principal/cuatro.com

Related News

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported (CC BY-SA 3.0)

UA-55908739-1