Podemos: golpe y partido

Hay quien hoy vuelve a “analizar” lo sucedido ayer en Podemos como un nuevo episodio de ‘las luchas de la izquierda’. Una simplificación que dista mucho de ser real pero que satisfará a quienes pretenden quedarse en la superficie de algo que tiene una carga de profundidad mayor.

El pasado verano tuve la oportunidad de acudir a un curso en la Universitat d’estiu de Gandia que tenía por nombre “Miradas sobre el populismo”. Entre los muchos ponentes destacaba por encima de todos un nombre, el de Íñigo Errejón. Además de ser un destacado representante político, es doctor en Ciencias Políticas y un destacado conocedor de la literatura y la teoría sobre populismo. En un momento de su intervención, durante el turno de preguntas de los asistentes al acto, Errejón señalaba que dentro de los partidos hay quien dedica la mayor parte del tiempo a confabular más que a trabajar.

Tomo estas últimas palabras porque parece que Errejón hablaba con conocimiento de causa, quizás en primera persona. Porque ayer fue la segunda ocasión en la que salían a la luz los movimientos tectónicos para poner la cabeza de Pablo Iglesias en una bandeja. En primer lugar, por poner en contexto, fue la conocida como operación ‘Jaque Pastor’ en plenas negociaciones post 20D para conformar un gobierno en el Estado. Lo que acabaría con el cese de Sergio Pascual, por aquel entonces Secretario de Organización y hombre de confianza de Errejón.

Entre medias, y tras la legislatura fallida y la repetición electoral sucedió el gran punto de inflexión (hasta ese momento), Vistalegre II. En la segunda Asamblea Ciudadana Estatal del partido, se confrontaban dos modelos y, sobre todo, pese a que Errejón no se presentó a la Secretaría General (al menos no explícitamente), se confrontaban los liderazgos, el del propio Errejón y el de Pablo Iglesias.

El resultado es por todos conocido, la candidatura del equipo de Pablo Iglesias ‘Podemos para todas’, consiguió la mayoría absoluta de los apoyos en todos y cada uno de los documentos votados, así como en el número de representantes en el Consejo Ciudadano Estatal.

Hubo quien pensó que, con unos resultados tan claros, la paz interna en el partido estaría garantizada. Debo confesar que no me encontraba entre ellos. Prueba de ello es que, en las primeras reuniones tras la celebración de Vistalegre II, ya se acordó que Errejón sería el candidato a la Comunidad de Madrid en las elecciones autonómicas de 2019.

De este modo se pretendían dos cosas:

  1. Iglesias dejaba en un segundo plano estatal a quien intentó derrocarle por lo ‘civil’ (Vistalegre II) y por lo ‘criminal’ (jaque pastor).
  2. Errejón no veía con malos ojos, tras el fracaso de Vistalegre II, tener una nueva rampa de salida en la Comunidad de Madrid con la perspectiva de acumular fuerzas a futuro para postularse, esta vez sí como candidato, al liderazgo del partido.

Esto pone de manifiesto otra cosa, que algunos también sospechábamos, hasta en ‘el partido de la gente’ los acuerdos internos entre facciones (corrientes lo llaman en Podemos) están a la orden del día.

La prueba definitiva de lo que señalo sobre las intenciones, legítimas por supuesto, de Errejón de liderar el partido las vivimos ayer. Otra vez más, en un momento clave en el que el PP está hasta el cuello de corrupción y la presidenta de la Comunidad de Madrid muerta y sentenciada políticamente, ve la luz el famoso documento de Carolina Bescansa en el que se detalla, punto por punto, el despiece.

El mandato acompañado de los gritos de “Unidad, unidad” emanados de Vistalegre II, se convertían (explícitamente) en papel mojado. Errejón se apresuró en negar el conocimiento de tal documento en la forma y en los términos de su redacción. Por su parte, Bescansa descargaba la responsabilidad en su ‘equipo’, equipo que no existe al no tener la cofundadora de Podemos cargo orgánico o institucional alguno más allá del de diputada rasa.

Pero la pregunta fundamental es, a estas alturas: ¿Alguien cree que, aunque no en la completa literalidad del documento, este plan no estaba diseñado y que Errejón era completo conocedor? Yo, personalmente, hace tiempo que dejé de creer en las casualidades, sobre todo cuando de cuestiones políticas internas se trata.

Lo que ayer se explicitó pone de manifiesto que el respeto a las decisiones democráticas de inscritos e inscritas algunos no las llevan del todo bien. Bajo el discurso de no querer ser una nueva Izquierda Unida, cosa que ya utilizó la candidatura de Errejón en Vistalegre II, y que cuenta con escaso soporte empírico a tenor del suelo en el que sitúan las encuestas a Podemos entre el 16-18%, lo que algunos han pretendido es pergeñar un nuevo golpe interno para hacerse con el poder que no son capaces de ganar en las primarias pese a contar con el favor de toda la prensa.

Dudo que, como ya ocurrió con el ‘Jaque Pastor’, que Iglesias salga a reconocer que sí, que le han intentado dar un golpe interno. Eso sería acabar de poner la puntilla a un proyecto que, a mi entender, ha acabado de romperse. Es por eso que Podemos, ayer, tras el nuevo golpe fallido, es y está más partido (en el sentido literal del término) que nunca. Probablemente de forma irreversible. Cuando los resultados electorales sean decepcionantes los abanderados de la transversalidad siempre podrán echar la culpa a un deficiente liderazgo o a IU.

Foto portada/Youtube

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