Podemos: camino a la institucionalización

Se cumplen dos semanas desde la repetición de elecciones, tras la fallida del parlamento de la XI Legislatura en su cometido de formar una mayoría para formar gobierno. Sobre los resultados poco, más bien nada, comentaré dado que ya se escrito, escuchado y hablado en abundancia al respecto. Me centraré fundamentalmente en las reacciones producidas tras el conocimiento de los resultados y en el nuevo tiempo, más concretamente, que se abre en Podemos.

Descartando unas hipotéticas terceras elecciones (aunque no del todo), parece fuera de toda duda que la única opción de gobierno, muy a mi pesar, pasa por que ésta sea liderada por el PP. Los de Génova 13 salen bastante reforzados con respecto al 20-D y la alternativa PSOE-Unidos Podemos- C’s ya se demostró incompatible en las dos sesiones de investidura pasadas.

El PSOE, una vez más, sigue lamiéndose las heridas y afilando los cuchillos internamente. Celebraron el ‘no sorpasso’, quedando a medio centenar de escaños del PP. Pero lo peor para ellos no es eso, es la situación en la que están de cara a una investidura. Son sabedores de tener que elegir entre susto o muerte. Una abstención (la cual ya han negado) para ‘dejar’ gobernar al PP sería dura, del mismo modo que sería acudir a unas terceras elecciones con un “líder” totalmente desacreditado interna y electoralmente y unas perspectivas de mejora nulas.

C’s, por otro lado, tiene un potencial de chantaje bastante menor que después del 20-D y dudo mucho que acabe suponiendo un problema para el PP a la hora de conseguir su apoyo. Eso sí, la baza de un partido de centro-derecha regenerador quedaría bastante mermada. Pero ¿no lo estaba ya pactando con el PSOE en Andalucía y con el PP en Madrid? El futuro lo dirá.

Entro ahora a aquello que ocupará el meollo de mi análisis, que no es otro que Podemos. Sin ningún ápice de duda, analizando expectativas vs resultados, la coalición de Unidos Podemos es quien peor parada sale de la última contienda electoral.

Podemos ha sido en estos dos años y medio, desde que presentaron la propuesta para las elecciones europeas y especialmente tras el resultado de éstas, el gran perturbador del sistema político español. No olviden que muchos de los movimientos de sus adversarios políticos, en especial del PSOE, están muy condicionados por cómo puedan aprovecharlos en su favor los morados. Lo que empezó siendo una época de cambios se ha convertido en un cambio de época, y Podemos es un inquilino que ha venido para quedarse.

Como el propio Pablo Iglesias ha dicho los pasados días y, ante el fin de un ciclo electoral continuado (a falta de autonómicas en Galicia y País Vasco), Podemos ha de repensar y redefinir su estrategia. De la ‘maquinaria de guerra electoral’ que construyeron (organizativamente y estratégicamente) en Vistalegre a institucionalizarse. Esto es, de lo que denominé en este artículo anterior (leer aquí) una ‘estrategia líquida’ a solidificar, unir y construir una organización, unas alianzas y un discurso perenne (que no es sinónimo de rígido o inamovible) con el fin de estar en unas condiciones de oposición óptimas para ser más eficaces y fiables en el futuro y poder ‘asaltar el cielo’ con unos mimbres más estables.

Durante este proceso, es lógico que se produzcan (como ya ha ocurrido) discrepancias en el seno de la organización acerca de cuál debe ser el sentido de esta nueva etapa pero deberán contar, esta vez sí, mucho más con aquel espíritu de participación y con un pie, cuando no los dos, en la calle. De lo contrario, corren el peligro de convertirse en aquello a lo que, teóricamente, han venido a sustituir y serán fuertemente penalizados.

Como he señalado más arriba, institucionalizarse no debe ser una equivalencia a la rigidez, han de combinar coherencia discursiva con adaptación a los cambios y desafíos a los que se enfrentan, como partido y como representantes de 5 millones de votantes. En sus manos está ganar una credibilidad que otros, casi todos los actores en juego, van a encargarse de criminalizar. Fuera han de quedar reacciones infantiles, escasas de autocrítica y sobradas de autocomplacencia como las vividas durante las 4 o 5 días posteriores al 26-J. Éstas, a mi entender, lo que han puesto de manifiesto es que no estaban preparados para una derrota (cosa que era previsible con sólo 2 años de vida), lo que me hace pensar que, probablemente, tampoco lo estaban para una victoria.

Para los derrotistas, simplemente hay que recordar que en estos dos años y medio, Podemos y sus confluencias, así como sus plataformas municipales, han conseguido gobernar en una gran cantidad de alcaldías importantes, tienen representación en todos los parlamentos autonómicos a los que han concurrido electoralmente y, en muchos de éstos, han sido decisivos para desalojar al PP de lugares en los que parecía una quimera.

Por tanto y para concluir, para aquellos/as que somos un poco enfermos de la política, la aparición de un actor de la envergadura de Podemos (genere más o menos simpatía) es un hecho muy a tener en cuenta y de obligado análisis y seguimiento.

Foto portada/ Flickr Podemos

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