Pedro Sánchez o del funambulista que se creyó inmortal

Pedro Sánchez ocupa desde hace seis meses el cargo de mayor relevancia al que puede aspirar cualquier político de un país. Su camino hacia la presidencia del gobierno de España no ha estado exento de obstáculos, habiéndosele dado por acabado en más de una ocasión a lo largo del periodo transcurrido desde que alcanzó por primera vez la secretaría general del PSOE.

Así, su trayectoria en la primera línea ha sido un paseo continuo de un funambulista haciendo equilibrios entre sus enemigos internos y externos que han tratado hacerle caer a un foso sin red. La prueba fundamental, por no entrar en el Comité Federal en el que le descabalgaron, se dio en todo el proceso previo a la moción de censura, en la que políticos de otras formaciones hicieron y deseaban mucho más que los de sus propias filas verle como presidente.

Y claro, con todo historial de supervivencia, Pedro Sánchez corre el riesgo en el que su propio predecesor en el cargo cayó, que no es otro que el de creerse inmortal. Tras su nombramiento, con un Rivera, que se vio presidente (una vez más), totalmente desconcertado, con el PP y sus “primarias” y con sus baronías temporalmente calmadas, Sánchez pensó que llegar hasta el final de la legislatura no era algo descabellado.

Pero todo político, por habilidad y fortuna que tenga, hay algo que no debe dejar de lado nunca: la memoria. Sería muy imprudente el actual presidente del gobierno si olvidase que tiene 84 diputados (92 menos que la mayoría absoluta) y que ha necesitado (y necesitará) de los partidos que facilitaron su investidura si en el futuro quiere formar parte del gobierno de España.

Y, tras los resultados en Andalucía, con la pérdida del máximo bastión del PSOE y la entrada de la ultraderecha, parece que en el seno de su partido el gallinero vuelve a estar alterado. La primera reacción de Susana Díaz, en lugar de la lógica dimisión tras una derrota tan clara, fue la de señalar a Catalunya y la estrategia del gobierno de Sánchez en lo territorial como responsable de su mal resultado. Posteriormente, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, tras glosar las virtudes de Albert Rivera, habló abiertamente de ilegalizar a partidos independentistas. Algo a lo que se sumó a la carrera Javier Lambán, presidente de Aragón. Hace dos días, de nuevo Susana Díaz, tocaba una melodía parecida, esta vez hablando del artículo 155. Los que perdieron el último Congreso del PSOE, por haber llevado a Rajoy a la Moncloa, frente al discurso plurinacional de Pedro Sánchez, siguen empeñados en competir en nacionalismo centralista y excluyente con el trío aznariano. Ya en este artículo hice referencia a esto. Pero parece que “despistados” no sólo hay en el PSOE. Personas como Íñigo Errejón consideran una buena idea para los tiempos de hoy competir en bandera y patriotismo con quien la tiene secuestrada. Sería recomendable leer algo más que Laclau para darse cuenta de que hay significantes que no hay quien los resignifique, que no están vacíos. Todo lo contrario, están completitos de lo que les hace ganadores a los de la xenofobia y los de la “España 1 y no 51”.

Por ello es necesario, imperativo, que el presidente no olvide qué y quiénes le cortaron la cuerda sobre la que el hábil funambulista caminaba. Porque están de nuevo afilando las tijeras de podar que nunca guardaron, simplemente retiraron hasta que la ocasión se volviese a presentar. Así, presidente Sánchez, como un día le dijeron desde la tribuna del Congreso de los Diputados: “líbrese”. Líbrese, de los de la concepción uninacional de España, de los que no ven más allá de su contorno territorial de este país de países. Mire las experiencias de su compañero Ximo Puig, comprenda que una España distinta se construye con independentistas, con Unidos Podemos, con Compromís, con los partidos vascos y deje atrás el lastre de los que quieren acabar con este objetivo.

Pero es cierto que sería injusto poner sólo el foco en Pedro Sánchez, los del “cuanto peor, mejor” tienen que comprender que España no sólo es Casado, Abascal y Rivera. Tienen que empezar a entender que la estrategia unilateral no es la más inteligente (ni con una mayoría) mucho menos sin alcanzar el 50%. Que no vienen tiempos de implementar una república, sino de conservar una autonomía e intentar extenderla lo máximo posible. Porque la alternativa es que se impongan los que están hablando sin tapujos de ilegalizarles. Eso sí, en este tema Pedro Sánchez tiene que hacer muchísimo más, no basta con un Consejo de Ministros en Barcelona cuando hay gente en prisión por delitos que no han cometido. Sí, presidente, a punto de entrar en 2019 y en España tenemos presos políticos y exiliados. Y no me refiero sólo a los políticos catalanes, también activistas, jóvenes que se pelearon con Guardias Civiles, raperos y un largo etcétera. Y sobre todo, presidente, recuerde que nadie es inmortal.

Foto portada/Flickr/LaMoncloa_Gob_es

Related News

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported (CC BY-SA 3.0)

UA-55908739-1