Pedro Sánchez: del discurso antiélites a la “Razón de Estado”

En lo que llevamos de década, los acontecimientos políticos ‘históricos’ por su relevancia no han dejado de acumularse. Dos de ellos son en los que quiero centrar este artículo. En primer lugar el 15M, el movimiento de los indignados, del que ayer se cumplió el séptimo aniversario. Y, en segundo lugar, la reelección de Pedro Sánchez como Secretario General del PSOE, del que el próximo lunes se cumplirá un año.

Medio año más tarde de la eclosión del 15M, con su principal lema “No nos representan”, el Partido Popular consiguió una mayoría absoluta amplia, con el 44,63% de los votos y 186 diputados. Una crisis de representación que, con este resultado, no se tradujo de forma inmediata en la aparición de nuevas fuerzas y valores políticos en el plano electoral, cosa que sucedería tres años más tarde con la aparición de Podemos y, un poco más tarde con la de C’s.

Desde entonces el PSOE no ha hecho otra cosa que perder apoyo electoral a nivel estatal, y también a nivel autonómico, aunque gracias a los pactos con otras fuerzas políticas gobierne en muchas Comunidades Autónomas.

Como consecuencia de esta caída en los apoyos electorales, la vida orgánica del hasta 2014-15 partido hegemónico del centro-izquierda en España ha vivido tiempos convulsos y con cambios de protagonistas en el liderazgo. José Luis Rodríguez Zapatero fue sustituido por Alfredo Pérez Rubalcaba en la Secretaría General. Éste, a su vez, fue sustituido por Pedro Sánchez tras renunciar al cargo después del resultado de las elecciones europeas en 2014. Y, como he señalado anteriormente, Pedro Sánchez fue descabalgado para luego volver a ganar unas primarias hace casi un año.

Después de su victoria, escribí un artículo en el que hablaba de la eficacia del discuro antiélites (de su partido) de Pedro Sánchez, la cual cosa le había permitido recuperar la Secretaría General del PSOE. Un discurso que puede recordar, al menos en la forma, a ese impulso destituyente (a la interna en este caso) contra unas élites que no representan el sentir de una mayoría del electorado y de la militancia socialista. Es decir, digamos que Pedro Sánchez hizo su 15M particular, hizo suya la voz de la militancia, negó a quienes facilitaron la abstención para que gobernase Mariano Rajoy y prometió acercarse a Podemos y tratarle como su “socio preferente”.

Pero, y sin pasar por alto todo el conflicto que el Estado tiene con Catalunya, ¿qué PSOE tenemos hoy y qué elementos guarda de aquel discurso ganador de las primarias? La respuesta es que tiene poco o nada.

Pedro Sánchez, en un giro discursivo bastante acusado, pasó de realizar mítines con el fondo rojigualdo a hablar de plurinacionalidad y de España como “nación de naciones”, en un claro guiño a la línea trazada por Podemos en lo referente a lo territorial y el conflicto político en Catalunya. Parecía que se sumaba a esa tercera vía que intenta romper con el escenario binario planteado por el nacionalismo centralista español y el nacionalismo catalán que pretende romper la baraja sin gozar de las mayorías suficientes.

También su relación con el PP ha experimentado un fuerte cambio. De llamar indecente a Mariano Rajoy en el debate electoral a dos emitido por TVE, a afirmar que “el PP no está tan mal” y que “se le subestima” como al PSOE. Todo esto enmarcado en un contexto en el que las encuestas muestran una clara tendencia (posiblemente no tan acusada como muestran las encuestas) a la bajada del bipartidismo (sobre todo del PP) en detrimento de C’s, que también pesca en el caladero de votos del PSOE.

Así, Pedro Sánchez, bastante ausente mediáticamente, se ha dedicado a viajar por países de Europa para contrarelatar al independentismo en una clara muestra de apoyo a la línea seguida por el ejecutivo de Mariano Rajoy.

El mejor ejemplo de este apoyo, es la unidad de acción llevada a cabo entre ambos tras la elección de Joaquim Torra como President de la Generalitat por el Parlament de Catalunya. Esta unidad de acción, basada en el aislamiento a C’s pactando primero e invitando a sumarse después, va encaminada a volver a ejecutar un 155, pero esta vez más ampliado. Por primera vez, es el PSOE quien se plantea incluso tomar el control de TV3, algo paradójico viendo la actuación del PP con RTVE.

En el tintero, entre las otras cosas nombradas anteriormente, queda el famoso “compromiso” de abrir el debate para reformar la Constitución que Pedro Sánchez “arrancó” a Rajoy como contrapartida a su apoyo al 155. Simple y llanamente, papel mojado. Cosa que, por otro lado, tampoco era muy difícil de adivinar.

Por tanto, lo que vemos es un PSOE que continúa sin un proyecto autónomo y alternativo a un PP que se descompone por la corrupción y por la ineficacia e ineficiencia de sus políticas. Un PSOE y un Pedro Sánchez, en definitiva, que se vistió de outsider para ganar unas primarias y poder hacer lo que no le habían permitido los órganos del partido. Un Sánchez que ha cambiado su discurso antiélites para asumir la “Razón de Estado” de las élites de este país que, al fin y al cabo, es lo que él y el PSOE representan.

La pregunta es: ¿hasta cuándo van a aguantar este bochorno quienes todavía le votan?

Foto portada/RTVE

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