Partidos: Interrogantes sin respuesta

Más que dar respuestas acertadas sobre el tema, en este artículo lo que intento es formular una serie de preguntas relevantes relativas a los partidos políticos y las funciones que en la actualidad se derivan o no de ellos. Mi intención es conseguir abrir un debate interactivo en el que me hagáis llegar vuestras conclusiones. Yo me encuentro a años luz de responder a estos interrogantes, pero seguro que entre todos conseguimos mejorar nuestra percepción y, por qué no, cerrar algunos puntos clave. Os invito a formar parte de este escrito y a hacerme llegar cualquier cosa. Tal vez más adelante, y con vuestra ayuda, ampliemos el contenido de estos párrafos. Acudimos a Pablo Oñate, como especialista en el tema, con lo que giramos alrededor de muchas conclusiones que han sido extraídas por él en manuales, y otras tantas por mí.

La primera pregunta que os formulo es: ¿Se puede hablar de democracia sin que nos veamos obligados inmediatamente a referirnos al papel intrínseco de los partidos políticos? Es un hecho innegable que el desarrollo de los sistemas democráticos contemporáneos ha ido de la mano de estos grupos concretos que debemos diferenciar necesariamente de otros organismos, organizaciones, asociaciones o grupos de presión que ejercen también una función política. Para mí, y esta afirmación es compartida por multitud de académicos, uno de los elementos que más nos ayudan a la hora de distinguir partido del resto, es justamente el hecho de que, como apuntaba Sartori, estos compiten en el juego electoral. Por otro lado cabe subrayar que los partidos pueden realizar funciones muy opuestas, de tal modo que son capaces de legitimar el sistema político en su conjunto, o por otro lado canalizar las protestas que permitan su derrocamiento. Ucrania nos demuestra que esta afirmación es totalmente cierta.

Pero; ¿Son los partidos organizaciones necesarias de mediación? Se habla mucho en la actualidad de crisis de los partidos políticos, que no gira en torno a la mala valoración que los ciudadanos tienen sobre estos, hecho también muy relevante, sino más bien a que se han transferido a otros competencias que tradicionalmente tenían encomendadas. Esto es justamente lo que más nos interesa. Sabemos que los partidos han mutado en la historia, de la mano justamente de los cambios que en ésta se han venido produciendo. En un contexto como el actual, en el que todo está en tela de juicio, estos instrumentos clásicos de participación y legitimación quizás puedan experimentar cambios importantes, o dar paso a no sabemos muy bien qué. A veces este debate esconde la necesidad de algunos por “transgredir” o simplemente por “alcanzar la postmodernidad”. Pero es innegable que algo de razón tienen.

Lo que más me preocupa de este debate es si los partidos políticos están sabiendo ejercer esa interacción con la ciudadanía que antes se les demandaba. ¿Sirven como canales de comunicación mediante los cuales nuestras demandas llegan al parlamento? Evidentemente de algún modo sí que ejercen esta función, pero veo más efectismo  (y el ciudadano también lo ve) en acudir a otras organizaciones alejadas de la “lucha por el poder” a la hora de expresar nuestro desacuerdo con algo. Los partidos se convierten en necesarios si lo que buscamos es gobernar, pero la defensa de un interés concreto puede llegar por otros cauces al parlamento, más rápida y eficientemente. Por otro lado ¿existe una voluntad por parte de los partidos por erigirse como garantes de esta relación ciudadano-parlamento? Hay quien podría pensar que los partidos se limitan a asegurar sus escaños, o ir más lejos aún y plantearse que su interés por mantenerse en el poder es el que les lleva a gobernar para aquellos que les financian el acceso; sus campañas electorales, sus espacios en periódicos, informativos etc., que no son otros que corporaciones privadas con intereses propios, alejados de la ciudadanía, más aún cuando el debate se ha trasladado del parlamento a los partidos, o aún peor, a los media.  Si esto se cumple, el partido “profesionalizado”, “de gestores” se convierte casi en un style of life. ¿Qué sentido tendría pensar que un partido es el canal mediante el cual un ciudadano X ha de expresar su desacuerdo con un hecho concreto?

Por otro lado, subiéndonos al caballo del romanticismo, ¿serviría un partido para dar voz al descontento de una mayoría social? Muchos ejemplos le darían la razón a aquellos que proclaman el sí, pero siendo escépticos, “con la que está cayendo”, al menos en el caso español, ningún partido ha experimentado un crecimiento extraordinario. Más bien lo que ocurre es que el bipartidismo se cuestiona, al ser más cuestionados que nunca los dos partidos que concentran el poder. Veremos lo que dura…

Nuevas formas de organización de los ciudadanos, basadas en la lucha en negativo, como el arcoíris de mareas, han conseguido sacar a mucha más gente a la calle que partidos políticos como Izquierda Unida, aun cuando sus reivindicaciones políticas son las mismas o similares. Estamos por lo tanto ante un problema de forma más que de contenido. Quizás los partidos políticos no nos sirven. Quizás su función se limite a la de gobierno, o a la de ejercer control sobre éste, y los ciudadanos estemos condenados a trasmitirles nuestra furia a base de originalidad, y de nuevas recetas.

Lo que es cierto, sin duda, es que algo están haciendo mal los partidos políticos, y de esto no se libran ni aquellos que se autoproclaman así mismos como “la alternativa”. “Lo que les une” es que todos ellos, están jugando con las mismas reglas caducas de siempre. Como he dicho al principio no intento responderos a estos interrogantes, yo desconozco todavía el futuro de estos, aunque personalmente sigo creyendo en ellos como fórmula de representación. No conozco otra. Veremos que ocurre. ¿A vosotros qué os parece?

 

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2 Responses

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  1. raulsoriano
    Abr 28, 2014 - 04:40 PM

    Thanks Johnb485!!

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