Moción de censura e implicaciones de la investidura

Sobre la moción de censura se están señalando muchas cosas, algunas de ellas muy atinadas. Pero se está dejando de lado la que para mí es la cuestión fundamental: el blindaje del gobierno una vez éste es investido.

Cuando, tras unas elecciones, un candidato consigue aglutinar una mayoría parlamentaria (Absoluta en 1ª votación y simple en 2ª), procedimiento regulado en el artículo 99 de la Carta Magna, que apruebe su programa de gobierno y le invista como presidente, éste tiene una gran capacidad para mantenerse en su puesto.

La capacidad de control que tiene el poder legislativo hacia el ejecutivo es relativamente bordeable o evitable por el gobierno. A este hecho debemos sumarle la capacidad de vetar aquellas iniciativas legislativas, por parte del ejecutivo, que afecten al presupuesto amparándose en lo que señala el artículo 134.6 de la Constitución, según el cual: “Toda proposición o enmienda que suponga aumento de los créditos o disminución de los ingresos presupuestarios requerirá la conformidad del Gobierno para su tramitación.”

Por tanto, a efectos prácticos, más allá de las preguntas, interpelaciones y mociones, los dos instrumentos más potentes que tiene el poder legislativo son la No aprobación de los PGE, tramitados en forma de ley, y el uso de la moción de censura.

La No aprobación de los PGE, pese a su gravedad, puede ser solventada por el gobierno mediante una prórroga presupuestaria. Ahora bien, con la moción de censura, poco margen tienen. Este poco margen se sustenta en que, una vez esté en trámite la moción de censura, el presidente del gobierno no goza de la facultad de disolución de Cortes Generales para proceder a una nueva convocatoria electoral, como señala el artículo 115.2 de la Constitución Española.

Por otro lado, el mecanismo de moción de censura en nuestro ordenamiento jurídico se contempla desde el punto de vista constructivo (Art. 113.2 CE). Es decir, requiere, a su vez, de la presentación de un candidato y un programa de gobierno alternativos.

Esto implica que, a la vez que se censura un gobierno, se está votando a otro lo que conlleva que, en muchas ocasiones, la posición que adopten los grupos parlamentarios se centran más en el candidato o la candidata que en el propio presidente/a a quien se quiere hacer caer.

Pero además, las mayorías para investir al candidato alternativo no son las mismas que en el procedimiento habitual de investidura contemplado en el artículo 99 de la Constitución. En una moción de censura el candidato tiene que alcanzar la mayoría absoluta (Art. 113.1 CE), establecida en 176 votos favorables.

Por tanto, la conclusión a la que llego, más allá del debate actual sobre los apoyos del PSOE, sobre si “abstenciones técnicas” y demás contorsionismos dialécticos, es que es muy importante el posicionamiento en la sesión de investidura de los grupos políticos.

Esto es así porque, como he ido señalando a lo largo del artículo, una vez investido un presidente y nombrado su gobierno por éste, las dificultades para retirarle la confianza mediante una moción de censura son máximas.

Aquella expresión que los grupos de PSOE y C’s utilizaban tras la investidura de Rajoy de “gobernar desde el Parlamento” es una auténtica patraña y una falacia de dimensiones estratosféricas, al menos en el Estado español.

Foto portada/ElPaís

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