Merkel: el fin de una era

Parte I – El estilo Merkel

El año 2005 fue uno de los más destacados en la evolución política alemana. El canciller Gerhard Schröder era indudablemente un líder político con sentimiento de poder. Un Alpha. Pero en el año 2005 las elecciones generales ponen fin a su época. Entre otras cosas fue la reforma laboral, por muchos percibida como antisocialista, lo que le costó el apoyo popular. Fue en ese contexto, en el que el partido conservador alemán (CDU) había seleccionado como candidata a Angela Merkel. En el CDU, partido entonces conocido por ser predominado por un equipo de hombres bastante pequeño, la candidatura de Merkel como canciller era una novedad. Nos podemos imaginar, pues, por qué el canciller Schröder, la misma noche de las elecciones, todavía disertaba ante la nación, como si fuera él quien continuaría dirigiendo el volante del país. En el programa de televisión, post-elecciones, se juntaron los jefes de todos los partidos para hablar sobre el futuro del país y el nuevo gobierno. El canciller Schröder estimaba que una coalición entre el partido socialdemócrata, los verdes y los liberales era más probable que una gran coalición entre “su” partido, el SPD, y el CDU. Incluso se burló de la opción de una gran coalición en la que él tendría que dimitir para ceder el puesto de canciller al partido predominante, el CDU: “¿Usted cree de verdad, que mi partido participaría en una oferta en la que ella (señalando a Merkel) dice que quiere ser canciller? Faltaría más! (…) ella no va a conseguir una coalición con mi partido socialdemócrata, esto es rotundo. ¡No se equivoque!”[1]

Sin embargo, era él quien se equivocaba. Los socialdemócratas posibilitaron una gran coalición y, Schröder, vencido y humillado, por la primera mujer en ganar las elecciones nacionales, tuvo que despedirse de la política.

En el 2005, cuando Merkel lideraba la oposición, el pueblo le apoyaba con un 40%. Tras hacerse más conocida, sobre todo durante la campaña electoral, el apoyo subió a un 55% (Oct. 2005). Entrando al gobierno y mostrándose como una verdadera oportunista política: siempre prudente, siempre tranquila y racional y, nunca alterada, defendía y aumentaba su popularidad. Un apoyo del 80% alcanzaba en febrero del 2006, del 77% en octubre del 2007, 71% en abril, junio y noviembre del 2007. Alrededor del 70% durante casi todo el año 2008, año en el que el escenario político fue sacudido por la quiebra de Lehman Brothers. ¿Y Merkel? Estable. En el 2009 su popularidad se mantuvo en el mismo nivel y sin problemas pudo ganar las siguientes elecciones.

Es muy poco común ver a políticos tan populares, en niveles tan altos del poder, durante un periodo tan largo y en un país con una diversidad de prensa relativamente alta. Poco a poco, empezó a aparecer una élite que apoyaba a Angela Merkel por su política radicalmente pragmática y flexible. Supo superar la quiebra del 2010 con una fórmula muy simple: adaptando políticas que su partido no apoyaba pero los alemanes, sí. ¿Energía nuclear? El CDU había sido, hasta el momento, el gran defensor de esa fuente energética. Pero los Verdes no paraban de subir en las encuestas y cuando las encuestas se mueven, Merkel reacciona. De un día para otro se decidió el abandono de la energía nuclear hasta el 2021.[2] ¿El servicio militar obligatorio? Queda abolido – decreto de la reina Merkel, por supuesto. ¿Las ayudas financieras para los países europeos amenazados por la crisis? En un principio, no; luego, sí. ¿Un salario mínimo fijo? ¡Esto es socialismo! Pero… un poco de socialismo no duele ¿no? Hagámoslo pues. [3]

Merkel cogió al CDU de la mano y le obligó a modernizarse en la misma medida que se había modernizado la sociedad a la que tenía que representar. En su camino desmontó a los liberales, después a los Verdes y, más tarde, a los socialdemócratas. Yo haré las políticas que proponéis pero sólo si les ponemos el sello Merkel.

En otro artículo describí cómo la actual gran coalición adopta una cascada de políticas socialdemócratas. Sin embargo, las encuestas destacan lo esencial: CDU a 40%, SPD a 24%. El líder político moderno se adueña de las políticas más populares de sus rivales para frenarles. Bismarck reloaded, de alguna forma. No es tan simple como parece. La cuestión es, la sostenibilidad del poder. En el mundo democrático esto significa que el partido (y también su base) siga apoyando las medidas y el curso que impone el gobierno; que el diputado pueda convencer a sus votantes en el municipio, que los votantes “clásicos” del partido aguanten el cambio. Es decir, si se empiezan a autonomizar o si le continúan siguiendo, que el líder mantenga el equilibrio entre las corrientes internas del partido, que los oponentes políticos tengan dónde golpear o no. Un juego de poder y oportunismo que Merkel domina como si no hubiera hecho otra cosa en la vida.

Le pedimos a Maximilian Mörseburg, presidente de la Union Jóven Stuttgart (organización de jóvenes asociada al CDU), que nos explicara la popularidad de Angela Merkel. “La cancillera ha podido ganar la confianza de los votantes a lo largo de los años con su calmado estilo de política. No ha gobernado el país a través de una ideología rígida, sino decidía siempre acorde con cómo ella pensaba que era lo mejor – incluso en contra de viejas posiciones del CDU, como el servicio militar obligatorio.”

En 2013 el porcentaje de los que declararon su apoyo a Merkel superó una vez más el 70%. En 2014 llegó a 75%, tres cuartos del pueblo, nada menos. El CDU ya no apostaba por contenido en la campaña electoral para las elecciones europeas. En los carteles, milagrosamente, veíamos la cara sonriente de Merkel, sin que ella fuera votable en esas elecciones. El CDU ganó esas elecciones también.

En 2015 Merkel desencadenó una campaña electoral contra Tsipras, sabiendo que su partido necesitaba una doctrina dura para mantener el apoyo popular. No obstante, la realidad política, o más bien, la presión diplomática – también representada por la administración Obama[4] – le obligan a encontrar una solución. De repente, Schäuble adelantó a Merkel en las encuestas como político más reconocido de la República. Hasta ese momento, tener éxito, tener poder, tener perspectiva, significaba tener a Angela Merkel de tu lado. Si ella proponía algo, las quejas eran pocas y el aplauso obligatorio. En septiembre de 2014 fue confirmada como jefa del partido con casi 97% de los votos. Pero esa maldita crisis griega y el conflicto con el gobierno griego revelaron por primera vez que, incluso Merkel, no es intocable. Wolfgang Schäuble sí que quería el Grexit; Merkel, no. En una entrevista con el SPIEGEL Schäuble dijo: “Es propiedad del sistema democrático que se discrepe de vez en cuando”. Añadió, además, que nadie puede forzarle a hacer cualquier cosa y, que si alguien lo intentase, siempre podía ir al Presidente de la República y pedir su despido. El día siguiente el SPIEGEL publicó un artículo con titular “La canciller humillada”[5]. Y de hecho, por primera vez, la incuestionable autoridad de Angela Merkel se llevó una rozadura. Schäuble sabía que Merkel no tenía la fuerza política para entrar en un conflicto con él.

Parte II – La decisión correcta

Desde el verano pasado centenares de miles de refugiados están viniendo a Alemania en búsqueda de seguridad y paz. En muy poco tiempo este tema ha atraído una atención pública tremenda. Preocupaciones por la seguridad, por un lado, alegría por la llegada de los “nuevos alemanes”, por otro. ¿Qué hacer? Merkel al principio hacía lo que siempre hace. Esperar. Otros luchan en las batallas mediáticas, otros hacen los errores, otros son los culpables en un discurso público cargado de emocionalidad. Mientras ella esperaba a ver cómo las cosas avanzaban y cómo se tiene que situar estratégicamente en el debate, los radicales entraron en acción. El nuevo partido de la derecha (AFD) se ha radicalizado cada vez más[6] y no esconde el desprecio que siente por los refugiados quienes, desde el punto de vista del AFD (Alternativa Para Alemania), en gran parte vienen aquí para beneficiarse económicamente. De pronto, nos llegan noticias de que futuros alojamientos para refugiados son quemados, de “policías civiles” que se organizan a través de Facebook para “observar” a gente “aparentemente extranjera”. Escalofriante Sobre todo en el este de Alemania la sociedad empezó a dividirse. ¿Y la Canciller? Callada. Hasta el 31 de Agosto.

En la rueda de prensa la Canciller alemana nos sorprendió con estas palabras, potencialmente históricas:

“(…) pero primero quiero, por iniciativa propia, hablar un poco más detalladamente sobre un tema específico. Es decir, sobre toda esa gente que viene de todo el mundo para buscar refugio en nuestro país. Señoras y señores, lo que está suciedendo ahora mismo en Europa no es un catástrofe natural pero sí que hay múltiples situaciones catastróficas. Tragedias incontables están teniendo lugar, al igual que horrores incomprensibles. Como hace unos días cuando más de setenta personas fueron encontradas muertas en un camión. (…) Éstas son imágenes e imaginaciones que sobrepasan nuestra fuerza. Todo esto está pasando mientras que nosotros aquí estamos viviendo en condiciones ordenadas, muy ordenadas. (…) deberíamos de hablar sobre lo que nos tiene que guiar y lo que, también a mí, me conmueve. (…) La gran mayoría de nosotros, afortunadamente, no conocemos el estado de agotamiento absoluto, de huida, combinado con el miedo por la vida propia o de nuestrsos hijos. Personas que vienen de Eritrea, Siria o Irak mcuhas veces tienen que superar situaciones o aguantar miedos que, a nosotros, simplemente nos harían colapsar. Es por eso que, en el trato con la gente que viene ahora aquí, tendremos que respetar ciertos valores básicos y claros que se derivan, ni más ni menos, del Grundgesetz, nuestra Constitución. 1. Es efectivo el derecho a asilo de los políticamente perseguidos (…) Y el segundo valor es la dignidad humana, es un valor básico que el primer artículo de nuestra Constitución nos manda respetar. La dignidad humana de cada uno. Da igual si es ciudadano de este país o no, de dónde viene o por qué, y que sí su solicitud de asilo tiene perspectiva de ser aceptada o no. Nosotros respetamos la dignidad humana de cada uno. Y nos oponemos con toda la fuerza del Estado de Derecho a aquellos que vacilan a otros, que atacan a otros, que ponen en llamas el alojamiento de otra gente o que pretenden usar la violencia. (…) Nos oponemos a aquellos que invitan a manifestaciones con sus cantos de odio. No hay tolerancia para aquellos que ponen en cuestión la dignidad de otros. (…) Digo a aquellos que, por la razón que sea, acompañan esas manifestaciones: ¡No sigan a aquellos que llaman a manifestaciones así! Demasiadas veces tienen perjuicios, tienen frío y hasta odio en sus corazones. (…) Nuestra libertad, nuestro Estado de Derecho, nuestra economía, nuestro ordenamiento social es con lo que sueñan aquellos que en su vida han experimentado persecución, guerra y arbitrariedad. El mundo ve a Alemania como país de esperanza y de oportundidades. Y, verdaderamente, esto no ha sido siempre así.[7]

Racionalidad y calculación se acercan a su fin cuando políticos como Merkel utilizan palabras como odio, sueños, esperanza, corazón. De pronto, se formó una coalición de políticos “preocupados” por la capacidad de Alemania de integrar a tanta gente. Los Länder temen que no aguantarán las llegadas masivas de refugiados. Los periódicos reaccionaron con titulares del tipo: “Todos contra Merkel” (Süddeutsche Zeitung), “La inquietud en el CDU aumenta, nunca antes tan graves las dudas sobre Angela Merkel” (Focus), “De Meziére le da la culpa a Merkel por la pérdida de control” (DIE ZEIT).

Cuando el presidente del partido socio del CDU (CSU) criticó a Merkel por abrir las fronteras para más refugiados que venían de Hungría, ella contestó: “Si ahora tenemos que pedir perdón por mostrar una cara simpática en un punto de emergencia, entonces este no es mi país.”[8] Esto ya no es mantenimiento de poder; esto es ideología y, también, una amenaza. En Octubre de 2015 el apoyo para la canciller ha caído hasta a un 54%. Algunos dicen que ya no seguirá en el gobierno de Alemania, que ya tiene un futuro planeado en las Naciones Unidas o en el Consejo Europeo después del 2017. Maximilian Mörseburg, por su parte, es más optimista. Preguntándole sobre la posición de Merkel en el partido y sobre su futuro tras el 2017 sostuvo: “En partidos grandes como el CDU siempre hay voces que no están de acuerdo con el curso actual. Por ahora, esas voces se atreven a hablar en voz alta pero la gran mayoría del partido apoya a la canciller. (…) Yo sigo convencido de que Angela Merkel se pondrá a disposición también para el 2017 y que volverá a sacar un resultado muy bueno.”

Queda por esperar, pues, ver cómo se desarrolla el futuro de la canciller. A lo mejor le otorgan el Premio Nobel de la Paz[9] por abrir las fronteras alemanas en un momento crítico y defender la dignidad humana de los refugiados. Sería realmente un increíble comeback, tras pensarse que sería recordada como la pesadilla europea durante la crisis de Grecia.

Pero una cosa está clara: han vuelto las emociones al discurso político en Alemania; ha vuelto la polémica y se han despertado los partidos. Si de verdad se fuese Angela Merkel, empezaría un discurso abierto que se puede categorizar como “clásico” entre la izquierda y la derecha, que puede sacudir la dormida retórica de los años pasados.

Merkel ha pasado de buscar la maximización de votos alemanes a fomentar la maximización de la actividad política en Alemania. De ser así, nos esperan unos años turbulentos.

 

 

Fuentes:

 

[1] http://www.cicero.de/berliner-republik/elefantenrunde-2005-gerhard-schroeder-angela-merkel/54733

[2] http://www.n-tv.de/politik/Kommission-fuer-Ausstieg-bis-2021-article3290736.html

[3] http://www.spiegel.de/politik/deutschland/cdu-wende-beim-mindestlohn-genossin-merkel-a-794844.html

[4] http://www.spiegel.de/politik/ausland/griechenland-krise-usa-draengen-auf-schuldenschnitt-a-1042807.html

[5] http://www.spiegel.de/politik/deutschland/merkel-vs-schaeuble-die-gedemuetigte-kanzlerin-a-1044381.html

[6] http://www.zeit.de/2015/28/alternative-fuer-deutschland-wechsel-radikal

[7] https://www.youtube.com/watch?v=TQgaXHMMkwM

[8] http://www.welt.de/newsticker/dpa_nt/infoline_nt/thema_nt/article146443815/Dann-ist-das-nicht-mein-Land-die-Kanzlerin-wehrt-sich.html

[9] http://www.sueddeutsche.de/politik/fluechtlingspolitik-friedensnobelpreis-fuer-angela-merkel-1.2676896

 

Texto en Alemán

Teil I – Der Merkel-Stil

Das Jahr 2005 war eines der prägendsten in der Entwicklung der jüngsten deutschen Politik. Kanzler Schröder war zweifellos ein politischer Leader mit Sinn für Macht. Ein Alpha. Aber im Jahr 2005 beendeten die Wahlen seine Epoche. U.a. war es die Arbeitsmarktreform, die von vielen als unsozial wahrgenommen wurde, die ihm den Rückhalt bei den Bürgern kostete. In diesem Kontext hatte die CDU Merkel als seine Widersacherin erkoren. In der CDU, die ein bisschen wie ein Altherrenklub daherkam, war die Kandidatur einer Frau ein absolutes Novum. Man kann sich also fast denken, warum Schröder am Abend nach der Wahl immer noch worttänzelte, als wäre weiterhin er berufen, das Steuer der Republik zu führen. Schröder schätzte, dass eine Ampel-Koalition zwischen SPD, FDP und Grünen immer noch wahrscheinlicher sei, als eine große Koalition mit „seiner“ SPD und der CDU. Über die Möglichkeit einer großen Koalition in der er zurücktreten musste, um Merkel und der CDU die Führung zu überlassen, machte er sich sogar lustig: „Glauben Sie im Ernst, dass meine Partei auf ein Gesprächsangebot bei dieser Sachlage einginge, in dem sie sagt sie möchte Kanzlerin werden? Ich mein, Wir müssen die Kirche doch auch mal im Dorf lassen. (…) aber sie wird keine Koalition unter ihrer Führung mit meiner sozialdemokratischen Partei hinkriegen. Das ist eindeutig. Machen Sie sich da gar nichts vor!“[1]

Doch er war es, der sich etwas vormachte. Die Sozialdemokraten öffneten den Weg für eine große Koalition und Schröder musste, besiegt und gedemütigt, das Feld räumen.

Als Merkel 2005 noch in der Opposition saß waren 40% der Menschen mit ihrer Arbeit zufrieden. Doch mit dem Wahlkampf wurde sie bekannter – und beliebter. Der Zuspruch war im Oktober 2005 bereits auf 55% angestiegen. Als sie dann an die Macht kam, präsentierte sie sich wie eine echte politische Opportunistin: Immer vorsichtig und vorausschauend, immer ruhig und besonnen, rational, nie aufgeregt. So behauptete und verbesserte sie ihr Ansehen. 80% Unterstützung im Februar 2006, 77% im Oktober 2007, sowie 71% im April, Juni und Juli 2007. Fast das gesamte Jahr 2008 um die 70%, in jenem, Jahr in dem die Pleite von Lehman Brothers die politische Bühne erdbebengleich durchgeschüttelt hatte. Und Merkel? Unberührt. So gewann sie auch 2009 mühelos die Bundestagswahl.

Es ist ungewöhnlich, dass in einem Land mit relativ hoher Medienvielfalt Politiker auf diesem Niveau und über einen so langen Zeitraum so hohe Beliebtheitswerte halten können. Nach und nach erschien eine kleine intellektuelle Elite, die Merkel für ihre radikal-pragmatische und flexible Politik schätzte. Die Zäsur von 2010 konnte sie mit einer einfachen Formel überwinden. Sie setzte Inhalte durch, die ihre Partei nicht wollte – die aber das deutsche Volk wollte. Die Grünen waren im Hoch also machte sie nach der Fukushima Katastrophe einen Schwenk und verkündete den „Ausstieg aus dem Ausstieg aus dem Ausstieg“ (Volker Pispers). Bis 2021 sollten wir die Energiewende geschafft haben, hieß es[2]. Die Wehrpflicht? Abgeschafft. Kredithilfen und Rettungsschirm für finanziell bedrängte europäische Länder? Erst nein, dann ja. Der Mindestlohn? Das ist doch Sozialismus! Aber ein bisschen Sozialismus schadet nie, machen wir das also auch. [3]

Merkel nahm die CDU an der Hand und zwang sie, sich im selben Maße zu modernisieren, wie die Gesellschaft, die sie repräsentieren sollte, sich modernisiert hatte. Auf ihrem Weg demontierte sie die FDP, überflügelte die Grünen und auch die Sozialdemokraten. – Ich mache die Politik, die ihr wollt. Aber nur, wenn wir den Merkel-Stempel draufdrücken.

In einem anderen Beitrag beschrieb ich, wie der Koalitionsvertrag zu einem sozialdemokratischen Grundbuch wurde. Trotzdem geben uns die Umfragen die Essenz: CDU bei 40, SPD bei 24%. (Stand Oktober 2015)

Der moderne politische Leader macht sich der Inhalte seiner Gegner Herr, um ihn auszubremsen. Bismarck reloaded, nur eleganter. Es ist aber leichter gesagt als getan. Das Problem ist die Nachhaltigkeit dieser Macht. In der Welt der Demokratie bedeutet das, dass die Partei (auch die Basis) auch weiterhin die Maßnahmen mitträgt, dass der Abgeordnete in seinem Wahlkreis auch weiter die Menschen überzeugen kann und dass die Stammwähler den Wandel mitmachen (AFD?). Ob der Leader das Gleichgewicht der politischen Strömungen der eigenen Partei halten kann und ob man den politischen Gegnern Angriffsfläche gibt. Ein Spiel, das Merkel beherrscht als wäre sie dafür geboren worden.

Wir fragten Maximilian Mörseburg, Vorsitzender der Jungen Union Stuttgart, wie er sich die anhaltende Beliebtheit Angela Merkels erklärt. – „Die Kanzlerin hat mit ihrem unaufgeregtem Politikstil das Vertrauen der Wähler über die Jahre gewinnen können. Sie hat das Land nicht anhand einer festen Ideologie regiert, sondern immer so entschieden, wie es nach ihrer Abwägung für Deutschland am besten ist, auch gegen alte CDU-Positionen, wie die Wehrpflicht.“

2013 überstieg die Prozentzahl derer, die mit Merkel zufrieden sind einmal mehr die 70%-Marke und 2014 kam sie gar auf 75%, drei Viertel! Im Wahlkampf musste die CDU nicht mehr auf Inhalte setzen, Merkel als Aushängeschild war ausreichend. Zur Europawahl 2014 konnten wir Merkels Gesicht erstaunlicherweise auf den Plakaten sehen. Merkel stand bei der Europawahl natürlich nicht zur Wahl aber wenn’s läuft, dann läuft’s.

Als Merkel aber 2015 gezwungen war mit der griechischen Regierung einen Deal einzugehen, tat sie eben nicht genau das, was das deutsche Volk wollte. Schäuble überholte sie prompt als beliebtester Politiker. Bis zu diesem Zeitpunkt war klar, dass die Gewinnerseite auch immer die Merkelseite war, entweder weil sie sie zur Gewinnerseite machte oder weil sie die Gewinnerseite erkannte und sie zur Merkelseite machte. Hier aber hatte sie diese Flexibilität nicht. Nicht wenn sie den Grexit vermeiden wollte. Schäuble wollte ihn – sie wollte ihn nicht. In einem Interview sagte der Finanzminister dann, dass er niemand ihn zu irgendetwas zwingen könne, wenn es jemand versuche, könne er ja jederzeit zum Bundespräsidenten gehen und um seine Entlassung bitten. Der SPIEGEL ONLINE veröffentlichte dann einen Artikel mit dem Titel „Die gedemütigte Kanzlerin“[4] Zum ersten Mal hatte die unantastbare merkelsche Autorität eine Schramme bekommen. Merkel wusste, dass die Kosten eines Konflikts zu hoch für sie gewesen wären.

Teil II – Die richtige Entscheidung

Seit vergangenen Sommer kommen hunderttausende Vertriebene nach Deutschland – auf der Suche nach Sicherheit und Frieden. In einem sehr kurzen Zeitraum hat dieses Thema das Aufmerksamkeitsmonopol in den Medien eingenommen. Ängste um die „Sicherheit“ der Gesellschaft auf der einen, Freude über die Ankunft der „neuen Deutschen“ auf der anderen Seite. Was tun? Merkel machte anfangs das, was sie immer macht. Warten. Andere schlagen die Medienschlachten, andere machen die Fehler und andere sind dann schuld in einer emotionsgeladenen Debatte. Während sie noch wartete und scheinbar die strategische richtige Positionierung abwog, fingen andere an zu agieren. Die neue radikalisierte AFD[5] macht aus ihrer Abneigung dem Fremden gegenüber kein Geheimnis mehr. Ihrer Ansicht nach, kommen die meisten Flüchtlinge hierher um wirtschaftliche Vorteile zu genießen. Bald schon erreichten uns mehr und mehr Nachrichten von brennenden Flüchtlingsheimen, gewalttätigen Angriffen, Volksverhetzung. Auf Facebook organisieren sich „Wachtrupps“ eigens darauf ausgerichtet, ausländisch aussehende Menschen zu beobachten. Bei diesem Gedanken, kann man schon Gänsehaut bekommen. Vor allem im Osten Deutschlands begann die Gesellschaft sich aufzuspalten. Und die Kanzlerin? Kleinlaut. Bis zum 31. August 2015, Berlin:

Während der Bundespressekonferenz überraschte uns die Kanzlerin mit diesen, möglicherweise historischen, Worten:

Meine Damen und Herren, was sich zurzeit in Europa abspielt, das ist keine Naturkatastrophe, aber es gibt eine Vielzahl katastrophaler Situationen. Es spielen sich unendlich viele Tragödien ab und es gibt auch unfassbares Gräuel, wie vor einigen Tagen in Österreich, als in einem Lkw über 70 Menschen tot gefunden wurden, von skrupellosen Schleppern zugrunde gerichtet. Das sind Gräueltaten, die man gar nicht fassen kann und bei denen man einfach sagen muss: Das sind Bilder, die unsere Vorstellungskraft übersteigen. Das geschieht alles, während wir hier in sehr geordneten Verhältnissen leben.

(…) Aber wir werden vorher darüber sprechen müssen, was uns eigentlich leiten sollte und was auch mich bewegt, wenn wir darüber sprechen, dass in diesem Jahr bis zu 800.000 Menschen zu uns kommen werden. – So die jüngsten Prognosen.

Die allermeisten von uns kennen den Zustand völliger Erschöpfung auf der Flucht, verbunden mit Angst um das eigene Leben oder das Leben der Kinder oder der Partner, zum Glück nicht. Menschen, die sich zum Beispiel aus Eritrea, aus Syrien oder dem Nordirak auf den Weg machen, müssen oft Situationen überwinden oder Ängste aushalten, die uns wahrscheinlich schlichtweg zusammenbrechen ließen. Deshalb müssen wir beim Umgang mit Menschen, die jetzt zu uns kommen, einige klare Grundsätze gelten lassen. Diese Grundsätze entstammen nicht mehr und nicht weniger als unserem Grundgesetz, unserer Verfassung.

Erstens. Es gilt das Grundrecht politisch Verfolgter auf Asyl. Wir können stolz sein auf die Humanität unsres Grundgesetzes (…)

Der zweite Grundsatz ist die Menschenwürde eines jeden. Das ist ein Grundsatz, den uns schon der Artikel 1 des Grundgesetzes aufgibt. Gleichgültig, ob er Staatsbürger ist oder nicht, gleichgültig, woher und warum er zu uns kommt und mit welcher Aussicht darauf, am Ende eines Verfahrens als Asylbewerber anerkannt zu sein – wir achten die Menschenwürde jedes Einzelnen, und wir wenden uns mit der ganzen Härte unseres Rechtsstaates gegen die, die andere Menschen anpöbeln, die andere Menschen angreifen, die ihre Unterkünfte in Brand setzen oder Gewalt anwenden wollen. Wir wenden uns gegen die, die zu Demonstrationen mit ihren Hassgesängen aufrufen. Es gibt keine Toleranz gegenüber denen, sie die Würde anderer Menschen infrage stellen. Wie ich es schon zu Beginn dieses Jahres in meiner Neujahrsansprache gesagt habe, sage ich auch heute denen, die, aus welchen Gründen auch immer, bei solchen Demonstrationen mitlaufen: Folgen Sie denen nicht, die zu solchen Demonstrationen aufrufen! Zu oft sind Vorurteile, zu oft ist Kälte, ja sogar Hass in deren Herzen. Halten Sie Abstand!

(…) Die überwältigende Mehrzahl unserer Menschen ist weltoffen. Unsere Wirtschaft ist stark, unser Arbeitsmarkt ist robust, ja sogar aufnahmefähig. (…)Unsere Freiheit, unser Rechtsstaat, unsere wirtschaftliche Stärke, die Ordnung, wie wir zusammenleben – das ist es, wovon Menschen träumen, die in ihrem Leben Verfolgung, Krieg, Willkür kennengelernt haben. Die Welt sieht Deutschland als ein Land der Hoffnung und der Chancen, und das war nun wirklich nicht immer so.“[6]

 Rationalität und Kalkulation neigen sich dem Ende, wenn Politikerinnen wir Merkel Wörter wie „Hass“, „Träume“, „Hoffnung“ und „Herz“ in ihre Reden miteinflechten. Bald formten sich dann Allianzen von Politikern die sich um die Aufnahme- und Integrationskapazitäten Deutschlands sorgen. Die Länder befürchten, dass sie die Ankünfte nicht mehr länger werden stemmen können. Die Zeitungen reagieren mit Titeln wie: „Alle gegen Merkel“ (SZ), „Die Unruhe in der CDU wächst, noch nie waren die Zweifel an Merkel so groß“ (Focus), „De Mezière gibt Merkel Schuld am Kontrollverlust“ (DIE ZEIT).

Als CSU-Vorsitzender Horst Seehofer Merkel für Ihre Entscheidung, die Flüchtlinge ins Land zu lassen, die hoffnungslos in Ungarn feststeckten und deren Lage immer schlimmer wurde, kritisierte, antwortete sie so: „Ich muss ganz ehrlich sagen, wenn wir jetzt anfangen, uns noch entschuldigen zu müssen dafür, dass wir in Notsituationen ein freundliches Gesicht zeigen, dann ist das nicht mein Land.“ Sie hätte auch sagen können: „Jetzt reicht´s mir aber langsam!“. Das ist nicht mehr Machterhalt, das ist Ideologie – und auch eine Drohung. Im Oktober 2015 liegt die Zustimmung für Angela Merkel nunmehr bei nur 54%. Manche sagen, dass sie nicht in der deutschen Politik bleiben wird, dass sie eine Zukunft bei den Vereinten Nationen oder als Ratspräsidentin des Europäischen Rates nach 2017 in Aussicht hat. Maximilian Mörseburg ist da anderer Meinung. Als wir ihn nach Merkels Rückhalt in der Partei und ihrer Zukunft nach 2017 fragten, unterstreicht er, dass es in einer „großen Mitgliederpartei, wie der CDU“ auch immer Stimmen gebe, „die mit dem aktuellen Kurs nicht einverstanden“ seien, diese würden sich im Augenblick trauen etwas lauter zu sein aber die „große Mehrheit“ der CDU stehe weiterhin hinter der Kanzlerin. Außerdem sei es der anfänglichen Aufnahmebereitschaft Deutschlands zu verdanken, dass man später auch über deren Begrenzung reden könne. Falsch klingt das natürlich nicht. Und hier stellt sich die Frage, ob wir es noch mit derselben strategisch-denkenden Merkel zu tun haben oder ob sich nicht doch etwas Grundlegendes verändert hat. Maximilian Mörseburg ist auf jeden Fall immer noch der Überzeugung, dass Merkel „auch 2017 noch einmal für die Union ins Rennen gehen wird und mit einem sehr guten Ergebnis wiedergewählt wird.“

Man muss also noch abwarten, wie sich die Zukunft Angela Merkels gestalten wird. Vielleicht wird sie jetzt mit dem Friedensnobelpreis ausgezeichnet – Dafür, dass sie in einem kritischen Moment die Grenzen öffnete und die Menschenwürde der Flüchtenden verteidigte. Das wäre tatsächlich ein bemerkenswertes Comeback, wo sie doch während der Griechenland-Krise als die Vernichterin Europas dastand.

Eines ist aber in jedem Fall klar: im politischen Diskurs Deutschlands sind die Emotionen zurück; die Polemik hat die Parteien aufgerüttelt. Würde Merkel tatsächlich den Weg für neues Personal frei machen, würde ein politischer Streit entfachen, der sich kategorisieren  ließe als ein „klassischer“ links-rechts Konflikt, ein politischer Kampf um die Politik der Zukunft.

 

Merkel jagt nicht mehr die Maximierung der deutschen Stimmen, sondern viel mehr fördert die die Maximierung der politisch-gesellschaftlichen Aktivität Deutschlands. Weil dem so ist, erwarten uns turbulente Jahre.

Quellen:

[1] http://www.cicero.de/berliner-republik/elefantenrunde-2005-gerhard-schroeder-angela-merkel/54733

[2] http://www.n-tv.de/politik/Kommission-fuer-Ausstieg-bis-2021-article3290736.html

[3]  http://www.spiegel.de/politik/deutschland/cdu-wende-beim-mindestlohn-genossin-merkel-a-794844.html

[4] http://www.spiegel.de/politik/deutschland/merkel-vs-schaeuble-die-gedemuetigte-kanzlerin-a-1044381.html

[5] http://www.zeit.de/2015/28/alternative-fuer-deutschland-wechsel-radikal

[6] https://www.youtube.com/watch?v=TQgaXHMMkwM

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