Marchas de la dignidad ¿éxito o fracaso?

Ahora sí. Un mes después de una jornada indiscutiblemente histórica, con las emociones ordenadas, con nuestra mente fría y despejada podemos sentarnos a evaluar y determinar si las Marchas de la Dignidad han sido un éxito o un fracaso y en qué medida lo han sido.
Evaluar, esa costumbre poco extendida dentro de la izquierda que consiste sencillamente en valorar si hemos conseguido aquello que nos proponíamos inicialmente cuando decidimos llevar adelante alguna o algunas actividades, sean las que sean. La evaluación va mucho más allá de hacer una vaga valoración abstracta de todo un proceso,
que en el caso que nos ocupa se alarga durante unos largos 6 meses y que incluyó decenas de miles de personas implicadas, cientos de reuniones, actos y actividades y que merecen algo más que un escueto comentario en forma de “absoluto éxito” o artículos con un par de cientos de palabras. Las evaluaciones deberían ser, serias, sistematizadas, organizadas, y de las que saquemos lecciones claras, errores que evitar en el futuro, éxitos que volver a repetir, qué deberíamos mejorar y como deberíamos hacerlo pero sobretodo debe ser un ejercicio colectivo e individual que nos ayude a saber si esas largas horas de trabajo que dedicamos a algo que creíamos necesario han servido para algo o no. Obviamos y menospreciamos cada día la importancia radical de hacer este tipo de ejercicios que, tengan por seguro son útiles y necesarios y les garantizo que esto es algo que la derecha tiene muy claro. Existen cientos de formas de hacer evaluaciones, individuales y colectivas, orales y escritas, presenciales o a distancia, consulten manuales pero ¡HÁGANLAS!
En este artículo voy a intentar hacer un ejercicio sencillo de evaluación y vean que, sin sistematizar excesivamente la información (pecado para un proyecto de Sociólogo como el que les escribe) podemos llegar a la conclusión de que las Marchas de la Dignidad han sido un éxito cuantitativo y cualitativo que marca, si queremos, el inicio de un proceso histórico y emocionante para las clases populares, para la clase trabajadora. Mi ejercicio es tan sencillo como ir a mi libreta de activista buscar la fecha de Noviembre y ver cuáles eran los objetivos que nos plantearon el SAT y el Frente Cívico cuando nos propusieron empezar este viaje. Una vez los tenemos delante intentemos ver que ítems nos indican si el objetivo se ha cumplido o no. Antes de hacer esto cabe añadir que la sistematización del planteamiento de objetivos tampoco es nuestro fuerte y siempre tendemos a tener objetivos abstractos, generalistas que dificultan mucho una evaluación efectiva, pero este tema lo trataremos mejor en otro artículo. Les invito a hacer este ejercicio cada uno en casa y en cada asamblea, con una pizarra delante.
En primer lugar el documento hacía el análisis que nos encontrábamos en un momento de “calmachicha”. Un momento en el que la cantidad y la calidad de las movilizaciones sociales estaban bajando cuando paradójicamente las circunstancias materiales de las personas cada día están peor. Frente Cívico y SAT plantean las Marchas como un punto de inflexión con el que romper con esta tendencia. Después del 22M es relativamente sencillo cuantificar y averiguar si hemos conseguido esta importante meta, sencillamente haciendo una visita a la hemeroteca, podremos observar movilizaciones relevantes que ha habido durante los días posteriores, con diferentes niveles de éxito y de movilización pero sí que indudablemente con una motivación renovada y con ganas de seguir adelante.
Marchas de la Dignidad se planteaba seriamente no como un fin si no como un proceso, una herramienta para unificar a la izquierda de nuestro estado. Para ello ponían encima de la mesa un planteamiento político concreto con la capacidad de aglutinar a su alrededor a esa diversidad heterogénea y atomizada de colectivos, organizaciones, movimientos sociales y sindicatos con tesis políticas rupturistas que existen en este Estado en el que nos ha tocado vivir. Al mismo tiempo pone una propuesta concreta, realista y al mismo tiempo ambiciosa: columnas de caminantes, 22M, Atocha, objetivo 1 millón de personas. Ha sido un rotundo éxito al ver a esos mismos colectivos y las personas que durante años habían convivido en la ignorancia mutua o directamente en el enfrentamiento trabajar codo a codo durante un proceso largo y duro de debates, acuerdos y tareas. Esto es sin duda lo que construye una unidad que el 22M se olía en el ambiente. Aparejada a esta meta también está la necesidad urgente de unificar las luchas, conseguir que esa diversidad de luchas sectoriales, territoriales, específicas golpeen al mismo tiempo contra el enemigo común que es causa de todas las injusticias por las que luchan, el capitalismo. Indiscutiblemente y por más manipulación mediática que exista el sábado 22 de Marzo de 2014 se dió un golpe duro, certero, masivo y unitario.
La consolidación de un discurso político, unas propuestas políticas que sean ambiciosas, rupturistas, suscritas unitariamente y que además tengan la fuerza necesaria para llegar a las decenas de millones de personas a las que tenemos que movilizar. NO PAGAMOS SU DEUDA, ¿Pueden haber cuatro palabras que sinteticen tan bien estos criterios que buscábamos? Una idea fuerza que cala en la gente, indigna y emociona a las personas. Dejar de pagar una deuda ilegítima que es la concreción simbólica de lo que nos ha llevado a la situación en la que nos encontramos. Una propuesta rupturista en tanto en cuanto el actual sistema es incapaz de asumirla, tanto es así que todos los mass media y el PPSOE no tardaron en tacharla de locura, de irresponsabilidad y de apocalipsis izquierdoso. Y encima es una idea fuerza unitaria que junta a todas las organizaciones con un objetivo político concreto y común.
Dentro de este proceso existían tres objetivos, tres metas que estaban en cierta manera vinculadas entre si y que tienen una importancia capital. Estas marchas debían organizarse por y para las personas paradas y precarias, en especial para esa gran cantidad de personas que están profundamente politizadas pero que todavía dan el paso de organizarse, quizás por esa falta de un movimiento ambicioso, común y masivo al cual acercarse y dejar de sentir la humillación y la soledad del parado. El objetivo realista era, y sigue siendo que necesitamos ser el quíntuple de activistas, de luchadoras, en definitiva hace falta crecer en número de personas organizadas porqué seguimos siendo pocas. Unido a este objetivo iba unido otros dos, la necesidad de generar identidad colectiva y de aumentar en organización colectiva aprovechando una experiencia política vítal que al ser histórica quedaría en nuestro imaginario colectivo. Doce días de convivencia, de palizas, de esfuerzos, de recibimientos emotivos, codo con codo con unas personas con las que comparte una posición socioeconómica en este sistema, unas personas con las que comparto la clase social y con las que me solidarizo por el hecho de serlo. Seis meses de trabajo duro que impone planificación, división y asunción de responsabilidades, de confianza mutua, de acuerdos, caldo de cultivo necesario para que paradas y precarias que siempre han estado politizadas dieran el paso decisivo y acompañado de empoderarse, adquirir habilidades y capacidades organizativas. ¿Y se consiguieron estas metas imprescindibles, estas metas que significan sumar a más gente, sumar a la gente que tiene que cambiarlo todo? Por partes podríamos decir que aquello de que las paradas organizaran las marchas se ha quedado en una aspiración capital pero que el grueso del trabajo realizado para que el 22M saliera adelante fue asumido principalmente por personas ya organizadas previamente en alguno de las decenas de colectivos presentes en la plataforma, así que si hay que afirmar que este objetivo ha sido un fracaso, aunque por se darán diferentes niveles dependiendo de a que columna consultemos, yo puedo opinar respecto de la de Valencia, aquella de la que participo. Pero que un fracaso no nos frustre, probablemente es que la profunda división previa existente entre colectivos dificultaba la asunción de ese protagonismo por parte del “precariado”. Sí que hemos podido observar en mayor o menor medida como si se han acercado muchas personas durante el proceso que tenían poca o ninguna experiencia en la organización colectiva y ver cómo han aprendido, se han empoderado, toman la palabra, defienden posiciones, participan de reflexiones colectivas y en definitiva aprender cómo organizar la revolución desde lo local y con perspectiva global. Cada nueva persona que se añade a la lucha colectiva es un nuevo éxito colectivo. También hubo una victoria evidente en la construcción de una identidad colectiva nada fácil de construir en un Estado como el nuestro. Sentir pueblo a pueblo la solidaridad de las personas que no pueden acompañarte pero que quieren que estés el 22M allí por ellas, abrazos espontáneos y emocionantes de caras desconocidas de las que sabes que tienen el futuro tan negro como tú, una toma colectiva de Madrid que aún emociona de recordar. Dignidad, una palabra que imprime sentimiento colectivo. ¿Por favor hemos hecho algo más marxista que esto en las últimas décadas?
Es evidente que se podrían escribir un par de libros de un proceso del cual hay que ir bastante atrás en nuestra historia para encontrar precedentes con los que compararlo. Podríamos dedicar páginas y páginas a evaluar y opinar que tal salió aquél sábado de Marzo y habría que concluir que ante todo cumplimos un objetivo de cantidad que era de vital importancia cumplir. Muchos más de un millón de personas llenamos aquél día las calles de identidad, de dignidad, de organización, de lucha. Cumplimos con creces un objetivo clave, duro, ambicioso y complejo. Muchos objetivos se nos quedaron en el tintero, otros muy importantes los hemos conseguido. Sin duda los próximos meses deberemos sentarnos para poder decidir con cuidado y racionalmente cuales son los siguientes pasos a seguir y que estos respondan a un camino estratégico sabiendo que metas queremos conseguir y sabiendo si tenemos los recursos y condiciones necesarias para ello, siempre adelante, vamos caminando.

Por Pau Vivas, projecte de sociòleg i projecte de politòleg. Militants en moviments socials per transformar el món. Hui Coordinant el JEUPV.
pau vivas

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