Los vaivenes del PSOE

Partimos de un hecho concreto, el acto que tuvo lugar hace un par de días en el Palau Olímpic Vall d’Hebron de Barcelona, donde Rubalcaba habló de federalismo y de modificación de la Constitución. Al mismo tiempo, el líder de la oposición subrayaba y recordaba que hay otras prioridades e instaba a los ciudadanos a “celebrar con orgullo” el 6 de diciembre. A nadie sorprende que hable al PSC de federalismo, pero lo de la reforma de la Constitución llama un poco más la atención. Lo cierto es que el PSOE va por semanas, y con tanto vaivén político nos tiene a todos un poco mareados. No vamos a entrar a valorar por qué al PSOE no le interesa una verdadera remodelación de la Constitución, ni tampoco entraremos a valorar la sinceridad de un partido que a la hora de hablar de federalismo en otros territorios, lo hace en voz baja. Esto nos llevaría a otro artículo, y no podemos permitirnos extendernos tanto.

Los más mayores quizás recuerden el primer Congreso del PSOE que tuvo lugar en España tras la dictadura franquista. En este XXVII Congreso, los socialistas se ratificaron como un partido marxista, democrático y de clase. La estrategia era evidente, querían robarle votos a un PCE todavía fuerte, que había sabido erigirse como el único partido que ejerció una lucha clandestina desde dentro contra la dictadura. El PSOE conseguía así presentarse como una alternativa de izquierdas, ante un obrero concienciado pero con miedo, con cierto recelo al comunismo, y que en el PSOE podría encontrar esta posición de clase bajo otras siglas, y bajo la sombra de un carismático Felipe González. Lo del PSOE era una estrategia consciente, el marxismo duró poco y en el XXVIII Congreso del partido, Felipe González abogó por la renuncia al marxismo, que no sería aceptada, y que lo llevaría a dimitir del cargo de Secretario General. Volvería a su cargo tras un Congreso extraordinario en el que eliminarían definitivamente el término, y abogarían por la expresión socialismo democrático. Felipe González sería reelegido como Secretario General. Pronto se celebrarían elecciones, donde el PSOE se establecería como segunda fuerza, seguida de un Partido Comunista aun fuerte, pero con bastantes menos escaños. La realidad es que el PSOE con su posicionamiento hacia la izquierda había sabido establecerse como la única alternativa, y había disputado el voto clásico de izquierdas al PCE.

Evidentemente el declive de los comunistas se debió a otros muchos factores, y para nada pretendo culpar al PSOE de tal “batacazo” de los de Santiago Carrillo. Lo cierto es que quiero limitarme a subrayar su parte de culpa y a mostrar de la forma más gráfica posible, cómo el PSOE históricamente ha sido un partido que ha ido dibujando su simbología y su táctica dependiendo del contexto y del lugar. Rubalcaba viste la “chaqueta de pana” como lo hizo Felipe y habla de federalismo en Cataluña imitando de forma descafeinada a su homólogo sevillano cuando gritaba en Eibar, 1976 “Gora Euskadi Askatuta”. Admiro la heterodoxia, pero lo de los socialistas es fariseísmo.

La estrategia del PSOE es muy simple de explicar, es la propia de cualquier Partido “catch all”. El PSOE intenta disputarse el centro, y para ello desplaza a su oponente hacia la derecha, dentro de un marco de competencia espacial. Consigue con ello ampliar su centro, pero a la vez, no contento con ello y consciente de que no se disputa con el PP los votos de la izquierda, aboga por desplazar a IU hacia la izquierda y desplazarse a su vez él un poco hacia el mismo lado. Con ello consigue ampliar el número de votantes. Partiendo de este supuesto ideal, lo perfecto para el PSOE seria que  el PP se presentara como una opción demasiado a la derecha para los votantes de centro, e IU se convirtiera en una alternativa apta únicamente para el votante de extrema izquierda.

Como sabemos, el PSOE no lo está haciendo del todo bien, y pese al excesivo optimismo que presentan algunas encuestas donde nos muestran que si se celebraran hoy elecciones generales el PSOE recuperaría 21 escaños, no está sabiendo presentarse como una alternativa de gobierno capaz de presidir y actuar correctamente en el complicado contexto actual. Al PSOE le falta algo más que discurso, le falta una verdadera remodelación, que pasa por la sustitución de sus caras visibles y por la formulación de políticas sociales frente a la crisis, políticas que marquen la diferencia con las adoptadas por el gobierno popular, que en lo económico son las mismas que adoptaría Rubalcaba. Rubalcaba es gato viejo, igual es ese su principal problema. Estamos en una época de cambio, de transición hacia algo nuevo, las viejas recetas están fuera de lugar en todo esto.

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2 Responses

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  1. Esteban Romano (@esteban_rmn)
    Dic 04, 2013 - 12:54 PM

    Buena perspectiva de la situación del PSOE, yo lo veo de manera similar. Aunque señalaría que me cuesta observar diferencias PP-PSOE, ambos son los “partidos serios” o de gobierno, la gente recela de plantearse votar otra alternativa, es una postura muy conservadora, pero lo cierto es que estos gigantes políticos se han labrado un buen porvenir y cuentan con los principales socios económicos del país lo que les permite afrontar grandes campañas electorales. Es más me atrevería a decir que si en este país de repente gobernase un partido de izquierdas que diese al traste con determinadas medidas económicas, llegaría la Troika, nos colocaría a un “tecnócrata” y nos veríamos obligados a convocar nuevas elecciones dónde se asegurase que los socios de gobierno fuesen de nuevo los de siempre… en fin, la historia de España y la falta de cultura política, hay mucho por hacer y creo que desde blogs y diversos foros por lo menos podemos debatir abiertamente sobre estos temas.

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  2. raulsoriano
    Dic 04, 2013 - 07:15 PM

    Exacto Esteban. Algo parecido ocurrió, si recuerdas, en las pasadas elecciones griegas en las que Syriza era la primera fuerza en intención de voto según todas las encuestas. Ante la posibilidad de que eso pasara, todos los poderes fácticos de la Europa fuerte (incluyendo a la cánciller Merkel) “advirtieron” a la ciudadanía griega que este paso traería consigo la expulsión de Grecia de la Unión.

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