Los superiores – el pueblo alemán (1)

Imaginémosnos un hombre de 43 años, con el cabello cuidado, hombros anchos, mirada al frente,  traje a medida. Cuando él habla, los demás escuchan. Su familia es de herencia noble, administran grandes cantidades de dinero. El hombre es cristiano, por supuesto, y sigue la moral de su religión. En el partido político al que pertenece tiene poder. Desde luego este hombre tiene una educación espléndida y tiene el título de Doctor. Suma. Cum. Laude. Las agendas socialistas para él son utopías. Reúne muchas virtudes, o todas, que acumuladas forman una idea abstracta de la identidad alemana. Habilidades económicas, poder político, educación destacada y, sobre todo, una moral reflexiva y crítica. Superior. Nunca intenta presentarse como el mejor porque sería contradictorio a su humildad inherente pero, aun así, se asegura de que de alguna forma los demás sepan que sí que está por encima de ellos.

Ahora pensemos en Alemania. El tráfico fluye, la economía sigue vibrando, la sociedad es cuidadosamente progresiva, el federalismo funciona y a nivel internacional se le escucha y respeta. Pensemos en su herencia; en Kant, en Hegel, en Marx, Schiller y Goethe. Pensemos en los fondos monetarios enormes que tiene este país; en su influencia indiscutible en la UE y la OTAN. “Made in Germany” sigue siendo una garantía de calidad. Las empresas alemanas han cambiado el mundo. Mercedes, Volkswagen, Lidl, BMW, BOSCH, SIEMENS, Lufthansa, AUDI, Bayer, Heckler & Koch, mencionando solo unas pocas. Su tradición de fútbol y el último mundial ganado han despertado un patriotismo saludable que antes se hallaba escondido y cubierto por la historia de la II Guerra Mundial. También es la II Guerra Mundial la que hizo que Alemania no intentara predominar Europa, a pesar de su capacidad de hacerlo. Sin embargo, últimamente este país al dar la mano a los demás aprieta lo suficiente para que no olviden de quién es el que manda.

El hombre que se ha descrito en el primer párrafo es Karl Theodor zu Guttenberg. Fue ministro federal de Defensa en Alemania hasta que se descubrió que gran parte de su disertación era un plagio. Cuando empezaron las acusaciones él insistía que tal cosa era ridícula, que eran mentiras y que tales acusaciones eran inventadas. Después supimos que fue él quien mentía, que su título académico era un fraude; fue él quien era ridículo tras el debate exhaustivo sobre su disertación. Un político amado por millones dimitió y la ilusión de su superioridad general se evaporó, sin que él lo admitiera en ningún momento.

Alemania, y el pueblo alemán, están en una crisis similar. De golpe nos enteramos de que hechos que dábamos por supuesto ya no tienen validez; ya no podemos contar con ellos. La primera agitación tremenda que ha sucedido en estas últimas semanas ha sido el escándalo de Volkswagen. La empresa más potente de Alemania despide a sus jefes y directores clave. Las emisiones de gases contaminantes de los coches estaban basadas en un software manipulado, que mostraba emisiones mucho más bajas de lo que eran en realidad. El lunes 28 de septiembre de este año Volkswagen perdió 17 mil millones de valor en la Bolsa. Esto es, 17.000.000.000 de dólares en un solo día.

El ser correcto y directo es un pilar fundamental de la identidad alemana. Cuánto más habrá asustado a toda Alemania enterarse de que la asignación del mundial 2006 a Alemania fue nada más que un acto de corrupción. Alemania ofrecía más que sus competidores y recibió el honor de invitar a todo el mundo a experimentar el mundial en su casa. Debe de doler si la propia convicción e ideología se basaba en ilusiones como la superioridad moral de los alemanes. A los alemanes clásicamente más críticos simplemente nos ha recordado y confirmado lo que ya sabíamos: Alemania no tiene ningún derecho a escribir un manual sobre la perfección administrativa. Los griegos han tenido que aguantar frases como “¡Esos tienen que hacer sus deberes!” (Retórica pedagógica), “¡Han engañado para entrar al Euro!” o “Las reglas hay que respetarlas” – una frase que no sé cómo entenderla en la esfera política. Uno no puede alternar entre realismo necesario y normativas absolutas. Además, ¿de qué reglas hablamos? si el primero en violar las normas de endeudamiento europeas fue el gobierno alemán bajo Schröder. ¿De qué deberes están hablando los señores del CDU/CSU cuando una de las empresas más involucrada en la corrupción griega ha sido Siemens? “A quien engaña, ¡se le echa!” Era uno de los polémicos lemas del CSU (el hermano pequeño del CDU) en las últimas elecciones. Se refería a los extranjeros que vienen a Alemania en búsqueda de trabajo y piden ayuda social. Obviamente los alemanes practican el engaño exactamente igual que los demás. Y, como hemos visto en la crisis de los refugiados (afortunadamente), la política es más que obedecer reglas y contratos. En palabras de la canciller: “La minuciosidad alemana es buena pero ahora nos hace falta la flexibilidad alemana”.

Grandes proyectos como la nueva estación central de Stuttgart o el nuevo aeropuerto de Berlín se han planificado erróneamente, no se sabe cuándo terminarán de realizarse o cuánto costarán de más. La Alemania que se enorgullecía de haber erradicado el nazismo se ve aterrorizada por una minoría de derecha extremista que, cada vez más, gana apoyo.

Un escándalo tras otro está removiendo el espíritu alemán y, paulatinamente, un tiemplo dorado, poderoso y estable, se ha desmantelado. Lo que sale a la superficie es un edificio completamente distinto, un edificio en construcción.

Karl Theodor zu Guttenberg se ha tomado un descanso en la política: se fue a la otra parte del Atlántico para hacerlo y después de varios años, y poco a poco, se acerca de nuevo a la causa pública. A lo mejor la identidad alemana necesita una cesión así, un debate nuevo sobre lo que es; y lo que no es alemán.

En este texto he intentado explicar la dicotomía entre lo que el extranjero percibe como alemán, que es más o menos lo mismo que una minoría considerable sigue manteniendo como imagen de “lo alemán” en Alemania, y la realidad en cuanto a ciertos hechos y valores que ya no se pueden sostener (si es que se podían sostener alguna vez en el pasado).

No estaría haciendo justicia a este país, o a su pueblo, si no presentase el otro lado de “lo alemán”. Si volvemos a usar la metáfora del edificio, en mi siguiente artículo intentaré dar un reporte sobre el estado de construcción de este edificio y los planes arquitectónicos que quedan por diseñar. En otras palabras, el segundo artículo explicará algo que podemos llamar “redefinición de la identidad alemana” o “nueva Alemania”. La definición de la nueva identidad alemana, no cae lejos de la nueva Europa, que tantos escritores describen con pasión.

 

Texto en alemán

Man stelle sich einen Mann vor. 43 Jahre alt, die Haare gepflegt, breite Schultern, der Blick nach vorne, der Anzug maßgeschneidert. Wenn er spricht, wird zugehört. Seine Familia ist von adliger Abstammung, sie verwaltet große Geldsummen. Natürlich ist er ein ordentlicher Christ und folgt dem moralischen Kodex seiner Religion. In der Partei, zu der er gehört, ist er einflussreich. Selbstverständlich ist der Mann gebildet. Seine Akademische Laufbahn ist außergewöhnlich: Doktortitel: Suma. Cum. Laude. Sozialistische Dogmen sind für ihn Utopien. Und sein Wertebild ist konsequent christlich. Er vereint in sich viele Tugenden, die in der Summe das abstrakte Ideal von dem schaffen, was man gemeinhin als typisch deutsch verstehen will. Wirtschaftlicher Erfolg, politische Macht, gute Bildung und vor allem eine  kritische und reflexive Moral, die auch historisch gewachsen und gereift ist. Er würde sich auch nie als Primus aufspielen, sich als der Beste verkaufen wollen, das gibt seine bescheiden-professionelle Art nicht her. Trotzdem stellt er ;auf seiner subtilen Art; sicher, dass sein gegenüber weiß, dass er der Überlegene ist – oder zumindest, dass er diesen Anspruch hat.

Jetzt denken wir  an Deutschland. Der Verkehr fließt, die Wirtschaft brummt unbeeindruckt weiter, die Gesellschaft ist vorsichtig progressiv, der Föderalismus funktioniert. Auf internationaler Bühne wird Deutschland gehört, gar respektiert. Denken wir an das deutsche Erbe: Kant, Hegel, Marx, Schiller und Goethe. An die enormen finanziellen Rücklagen die Deutschland hat und an seinen unbestreitbaren Einfluss in NATO und EU. Made in Germany ist eine Qualitätsgarantie. Mercedes, BMW, LIDL, BOSCH, Siemens, Lufthansa, Bayer, Heckler & Koch – Unternehmen, die die Welt verändert haben. Die Fußballtradition und die letzte WM haben den Patriotismus sanft geweckt. Einen Patriotismus, der nach dem zweiten Weltkrieg schrittweise eingeschläfert worden war. Die Geschichte des zwanzigsten Jahrhunderts ist auch der Grund, warum Deutschland in der jüngsten Zeit keine Ambitionen zeigte, die europäische Bühne zu beherrschen – trotz seiner zweifellosen Macht es zu tun. Obgleich hat Deutschland in den letzten Jahren angefangen, die Hand, die es anderen Ländern reicht, anzuspannen, fest zu drücken und klarzumachen, wer hier eigentlich der Chef ist.

Der im ersten Absatz beschriebene Herr ist Karl Theodor von Guttenberg. Einst Verteidigungsminister, ist er in Ungnade gefallen, nicht nur weil seine Sumacumlaudige Doktorarbeit ein glatter Betrugsfall war, sondern auch weil er bis zuletzt auf die dreisteste Art darüber log und sich lächerlich machte. Der von Millionen geliebte Verteidigungsminister trat zurück und sein moralischer Überlegenheitsanspruch löste sich in Dampf auf.

Deutschland und das deutsche Volk befinden sich in einer ähnlichen Krise. Urplötzlich sehen wir, dass Annahmen, die wir als naturgegeben und selbstverständlich erachteten, keine Gültigkeit mehr besitzen – wir können nicht mehr auf sie zählen. Das erste Beben dieser Wochen war wohl der VW-Abgasskandal. Wer hätte gedacht, dass eines der deutschen Traditionsunternehmen schlechthin vorsätzlich Abgaswerte manipuliert und nicht nur falsche Werte angibt, sondern durch Softwares im Auto dafür sorgt, dass der Verbraucher im Irrglauben seines ökologisch-nachhaltigen Konsums bleibt. Dabei wussten wir bisher immer wer der böse Umweltverschmutzer war: China. Es geht doch nichts über ein klares Weltbild – aber unseres wird wohl zunehmend komplizierter werden. Denn das Land, das vor kurzem noch außer Rand und Band war, dass Katar die Fußballweltmeisterschaft 2022 ausrichten darf, weil die Vergabe nach Korruption roch (und das tut sie auch noch), muss sich jetzt eingestehen, dass es wohl selbst die WM 2006 nur bekommen konnte, weil der DFB nicht nur kickt, sondern auch schmiert wie ein Weltmeister. Es fällt eine Ikone nach der anderen. VW verlor am Montag, den 28.09.2015 17 Milliarden $ an der Börse. Das ist eine siebzehn mit neun Nullen an nur einem einzigen Tag. Das Sommermärchen 2006: zu Gast bei Freunden. Erschwindelt? Deutschland der Meistbietende? Diese Erkenntnis muss wehtun, wenn die eigenen Überzeugungen auf Wahrheiten basieren, wie die der deutschen moralischen Überlegenheit. Die Deutschen, die schon immer etwas selbstkritischer waren wurden lediglich erinnert und bestätigt, dass Deutschland absolut keine Grundlage dafür hat ein moralisches Handbuch über die Perfektion seiner Verwaltung und Funktionalität zu schreiben.  Die Griechen mussten Phrasen aushalten wie: „Die sollen ihre Hausaufgaben machen in Griechenland!“, „die haben betrogen, um in den Euro zu kommen!“ oder auch „An Regeln muss man sich halten!“ – ein Satz der auch ohne Scheinheiligkeit in der politischen Sphäre schwer zu interpretieren ist. Man kann nicht zwischen nötigem Pragmatismus und absoluten Normativen alternieren. Über welche Regeln ist eigentlich die Rede? Deutschland war unter Schröder das erste Land, das die maastrichter Schuldengrenze verletzte. Welche Hausaufgaben müssen laut CDU/CSU erledigt werden, wenn eines der in der Korruption aktivsten Unternehmen in Griechenland Siemens war? „Wer betrügt, der fliegt!“ Damit stigmatisierten Seehofer und andere Populisten Asylbewerber und Zuwanderer gleichermaßen. Offensichtlich steckt der Betrug genau so sehr im Deutschen, wie in allen anderen Ethnien. Ferner ist die Politik, wie wir in der Flüchtlingskrise gerade sehen (zum Glück) nicht nur ein blindes Regelgehorsam. In Worten der Kanzlerin: „Deutsche Gründlichkeit ist gut, doch jetzt brauchen wir deutsche Flexibilität!“ Flexibilität? Im Vergleich zu Schäubles „Regeln müssen eingehalten werden!“ klingt das ja fast nach Anarchie! Die Kanzlerin, eine der Konstanten der letzten 10 Jahre, wird mittlerweile zwischen CDU, CSU und SPD wie ein Spielball hin- und hergeschlagen.

Großprojekte wie Stuttgart 21 oder der neue Flughafen in Berlin lassen den Deutschen auch noch an der Plan- und Durchführungsbegabung und den technischen Fähigkeiten der eigenen Leute zweifeln.

Deutschland, das sich immer stolz auf die Brust schreiben konnte, den Faschismus fast vollständig beseitigt zu haben, wird jetzt von einer Welle von Fremdenfeindlichkeit und sogar rechtem Terror heimgesucht. Woran soll man sich noch festhalten?

Ein Skandal nach dem anderen und immer mehr Probleme erschüttern die deutsche Seele und langsam aber sicher stürzt ein goldener Tempel zusammen, zum Vorschein kommt ein ganz anderes Gebäude, ein Gebäude in Konstruktion.

Zu Guttenberg nahm sich einige Jahre Zeit, er ging auf die andere Seite des Atlantiks und jetzt tastet er sich wieder vorsichtig an die politische Szene heran. Vielleicht braucht auch die deutsche Identität so einen Einschnitt, eine neue Debatte über das was deutsch und das was eben nicht deutsch ist.

In diesem Text habe ich versucht, eine klare Schere sichtbar zu machen, zwischen dem was – auch im Ausland – als deutsch wahrgenommen wird und der Wirklichkeit bezüglich mancher Wahrheiten, die man immer weniger nachvollziehen kann, wenn man es denn je konnte.

Ich würde diesem Land und seinem (meinem) Volk Unrecht tun, wenn ich nicht auch die andere Seite von dem präsentierte was man als „deutsch“ versteht. In meinem nächsten Beitrag werde ich – um zur vorigen Metapher zurückzukehren – einen Bericht darüber verfassen, in welcher Verfassung sich das neue Gebäude befindet, wo es Konstruktionsfehler bekommen könnte und wie es: einmal vollendet; aussehen soll. In anderen Worten wird der zweite Teil dieser Reihe das erklären was man „Neudefinition der deutschen Identität“ oder „Neues Deutschland“ nennen kann. Die Definition dieses neuen Deutschlands fällt dann auch nicht weit von dem, was viele Autoren pathetisch als „neues Europa“ beschreiben.

Related News

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported (CC BY-SA 3.0)

UA-55908739-1