Los marcos mentales en la política española

Los seres humanos entendemos el mundo a través de nuestros marcos mentales. Las palabras las ligamos a situaciones concretas que encajan en nuestro esquema cognitivo e interpretamos la realidad a través de ese marco que hemos construido. Por eso una misma palabra le puede evocar emociones y sensaciones distintas a dos personas diferentes.

Estos marcos se forman a partir de la repetición de ciertas ideas o palabras que al final entendemos como correctas y se quedan grabadas en nuestro cerebro. El marco más primitivo que sirve como base a los demás marcos es el que se produce en nuestra infancia y se conoce como proceso de socialización primaria. Los factores que influyen en este proceso primario son primordialmente el círculo de familiares y la educación en los centros docentes. También será un factor importante el papel de los medios de comunicación pero no tanto como factor socializador, sino como un reforzador de los ideales ya construidos.

Para facilitar la comprensión de lo dicho, fijémonos en una palabra que está muy de moda en los discursos políticos españoles en la actualidad: “el aborto”. Esta palabra (y lo que ella conlleva) choca dentro de los marcos mentales de la derecha española. Sin embargo, despierta otra forma distinta de ver la realidad en los marcos mentales de la izquierda. Este ejemplo podría ser uno de los muchos que podemos encontrar en el contexto de los cleavages españoles: nacionalidad, Iglesia, monarquía,… marcos mentales

Siguiendo con el ejemplo y hablando de forma muy simple, para unos el aborto tiene un mensaje negativo y para otros positivo, aunque se trate de la misma palabra. Muchos argüirán que eso es así porque abortar va en contra de los mandatos de Dios y que por eso creen que es malo y los otros dirán que es bueno porque es un derecho de la mujer el hacer con su cuerpo lo que ella quiera. Sin embargo ambos tienen razón, porque a ambos los han educado con esos valores y creen que lo que ellos defienden es lo correcto. Ambos grupos han oído en sus grupos sociales (que en general suelen ser de su afinidad ideológica, aunque no siempre) qué está bien y qué está mal y de tanto oírlo repetido creen en ello de forma inconsciente ya que acopla perfectamente dentro de su marco mental construido a lo largo del proceso de socialización.

Además, el marco mental es caprichoso y tiende a permanecer. Esto quiere decir que nuestras creencias más arraigadas serán muy difíciles de cambiar si ya se han consolidado. Y por si esto fuera poco, además tendemos a cobijarnos en aquellos discursos en los que nuestro marco mental se sienta cómodo (en los que dicen lo que nosotros pensamos) y repudiamos aquellos que no encajan en nuestro esquema, es decir, los del bando ideológico contrario.

Sin embargo, me gustaría recalcar que no siempre las palabras esconden las verdaderas intenciones del emisor. ¿Qué quiere decir esto? Muy simple, solo hay que observar un mitin político de Rajoy a principios de la campaña electoral de 2011. En su discurso promete salir de la crisis, educación y sanidad para todos, no congelar las pensiones, no subir el IVA, que todos los discapacitados reciban su bonificación, acabar con el paro… Pero si observamos las acciones del gobierno hasta la fecha, vemos que ha hecho lo contrario, o al menos no ha cumplido lo que había prometido. Sin embargo él tenía claras cuales iban a ser sus acciones.

Rajoy sabía que la situación económica era mala y por eso en campaña no hizo promesas descabelladas (por no decir que su programa electoral era una hoja en blanco) y aprovechó que el PSOE iba de capa caída y que él solo se iba a derrotar. En este contexto, buscó un discurso catch all (atraer al máximo de votantes) de centro o de centro-izquierda, si cabe, con el fin de atraer los votos perdidos del PSOE (os invito a ver el espectacular spot publicitario que elaboraron en campaña).
Estas palabras que no respaldan las acciones que se esperan son las famosas “mentiras políticas” que tienen como uno de sus objetivos, entre otros, el de confundir a los ciudadanos.

En el libro de Daniel Kahneman que lleva por título “Pensar rápido, pensar despacio” el autor hace la siguiente afirmación basada en un estudio elaborado por él: “Una manera segura de hacer que la gente se crea falsedades es la repetición frecuente de afirmaciones, porque la familiaridad no es fácilmente distinguible de la verdad cuando el origen de la fuente no se recuerda”. Con esto, el nobel de economía nos hace reflexionar acerca de las cosas que damos por verdaderas y correctas (sobre todo en el ámbito político)

Otro tema importante a tratar que afecta al marco cognitivo y que está muy relacionado con las mentiras políticas es el juego de palabras. Cuando en un sistema bipartidista un partido empieza a usar ciertas palabras y las repite en todos los discursos, está formando con esto una identidad propia, e inconscientemente, cada vez que las oigamos o las leamos en los medios de comunicación, las asociaremos a ese partido. Esto es una trampa para el partido en la oposición, ya que si usa estas palabras para rebatir a su oponente, está cayendo en su juego, ya que estaría usando las “reglas” del adversario y acabaría perjudicado al jugar en su terreno. ¿Cómo saldría perjudicado? Pues perdiendo los votos de aquellos indecisos que asocian esas palabras que no dejan de sonar en los media con el partido que ya se ha creado una identidad con estas.

El catedrático George Lakoff hace mención de esto que acabo de explicar en su libro “No pienses en un elefante”.
El autor explica este fenómeno del juego de palabras con la metáfora que le da nombra al libro: si alguien te dice que no pienses en un elefante, tu mente visualizará al elefante primero ya que necesita ordenar las ideas antes y saber que es lo que no hay que pensar, pero ya es tarde porque has caído en la trampa.

Por esto, jugar con las palabras del otro bando significa reforzar su marco, ya que al final los marcos son lo que quedan, las palabras y los hechos se olvidan. Por tanto, una forma de cambiar los marcos poco arraigados sería cambiando el lenguaje que está usando el bando ideológico contrario.

Por Adrián Bixquert Santos, estudiante de Ciencias Políticas y de la Administración en la UV, interesado en la psicología y el comportamiento de los individuos en su relación con la política.
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