¿Legislatura fallida? No necesariamente.

Que levante la mano quien haya escuchado alguna de estas cosas en todo este periodo postelectoral: “Las elecciones cuestan mucho dinero”; “¿Para qué repetir, si va a salir lo mismo?”; “Yo otra vez no voto, todos buscan el sillón”…

Como supongo que todos lo hemos escuchado, ya podemos bajar la mano y entremos a valorar el fondo de todas esas manifestaciones que, a mi entender, no obedecen a otra cosa que a la Cultura Política del Reino de España, al menos de una gran parte.

Es muy recurrente aludir a los costes, los medios de comunicación se han afanado concienzudamente en poner el foco en este asunto. Evidentemente, el ciudadano/a corriente puede tener sus reservas y estar mosqueado cuando escucha las cifras. Ahora bien e incidiendo en lo cultural, entendamos con normalidad que los procesos democráticos cuestan dinero. No demonicemos ni saquemos de madre algo que ha sido excepcional en todo el recorrido transitado desde el 78. Porque si de costes hablamos, y seré provocador, nada más barato y ahorrativo que las cuatro décadas anteriores a la etapa democrática.

Se insiste también en los medios y desde muchos partidos políticos, y la gente lo repite acríticamente, que no es necesaria una repetición que vaya a dar resultados semejantes. Considero que quienes se reiteran en esas aseveraciones, confundiendo opinión pública (la de los ciudadanos) con opinión publicada (la mediática), están pasando por alto el factor determinante: cada persona tiene un arma democrática en sus manos, que no es otra que el voto.

Asumir que todos van a votar lo mismo es despreciar a la inteligencia de los electores, o quizás no… Digo que quizás no porque en estos cuatro meses han sucedido infinidad de cosas que dan, o debieran dar, los elementos de juicio suficientes para analizar las voluntades que contribuyen al bloqueo o el desbloqueo para la formación de gobierno, las cesiones o líneas rojas, los vetos y las incompatibilidades. También las claudicaciones y los chantajes (velados o explícitos) y, cómo no, la corrupción.

En un contexto como el actual volvemos a tener la ocasión perfecta para elegir, para premiar o castigar. Todo está tierno, no han pasado los habituales 4 años que contribuyen a esa memoria selectiva que hace que nos olvidemos de las promesas incumplidas. Ahora la información está fresca. El que dijo que no pactaría con tal o con cual, que no formaría parte de un gobierno que no presidiese, etc., ya no lo podrá volver a decir (sin que nos descojonemos de él, claro está).

Pero otro de los grandes problemas que percibo es el de la idea de delegación. El “Yo ya he votado, ahora les toca a ellos solucionar las políticas”. Por eso insistía en la Cultura Política y hago referencia en el título al adjetivo ‘fallida’ como cualidad de esta breve legislatura. Si la conclusión que sacamos es que con la entrada de actores nuevos (aunque también con los ‘viejos’) se iban a representar mejor ciertos intereses y la ciudadanía podría estar centrándose en otras cosas pues entonces, como se suele decir, “para este viaje no hacía falta tantas alforjas”. De nada servirá que, ante un arranque en falso del cambio que se debe producir en este país, cunda la desmovilización y el hastío. Tomar conciencia de la necesidad de vigilar, controlar y exigir la rendición de cuentas a quienes nos representan es una función que la ciudadanía debe hacer suya para asumir cierto empoderamiento. Si, por el contrario, seguimos en esa lógica de delegación, en efecto será fallida esta legislatura.

El día 2 de mayo quedarán disueltas las Cortes y se convocarán nuevos comicios en los que, insisto, los partidos no partirán del mismo lugar desde el que partieron en la anterior convocatoria. Por ello, vamos a entrar en un escenario en el que ocurrirán cosas nuevas y en el que el ‘juego de culpas’ será un caballo de batalla que ocupará un espacio relevante (y cansino).

Como señalaba más arriba, ya no podremos escuchar ciertas cosas que se dijeron en la anterior campaña. Por lo pronto, Pedro Sánchez parece que no volverá a llamar indecente a Rajoy, ya que he considerado que fue un error. Otra cosa que difícilmente dirá es que Ciudadanos son “las nuevas generaciones del PP”. Esta vez, quizás, les llame ‘fuerza del cambio dispuesta a llegar a acuerdos (no como otros)’. Pero me queda un interrogante, ¿seguirá diciendo que no facilitará un gobierno presidido por alguien del PP? ¿O para esas alturas ya será otro/a quien tome esa decisión?

Otro elemento importante es cómo cristaliza la negociación entre IU y Podemos para concurrir juntos a las elecciones, ya que parece que con las confluencias no va a haber mayor problema más allá de la fórmula jurídica. Si finalmente hay ‘fumata blanca’ también oiremos mucho el término sorpasso. Si esa candidatura de confluencia consiguiese pasar al PSOE (cosa que aterroriza a los del puño y la rosa) la situación daría un vuelco interesante.

En tal tesitura no creo ser imprudente al pensar que Pedro Sánchez sería depuesto como Secretario General del PSOE. Entonces, cosas que en esta legislatura que acaba se han dicho y comprobado imposibles, podrían darse. Quien le sucediese tendría la difícil decisión de afrontar la política de pactos.

Ciudadanos podría entonces jugar esa posición de mediador, pero también presionar, insistiendo en la incapacidad de Rajoy para liderar una etapa de regeneración. La situación perfecta, Ciudadanos como adalid de la regeneración y el PSOE ejerciendo como ‘partido de Estado’ absteniéndose…

Para finalizar, como dije en el artículo previo a la campaña anterior, “Preparémonos amigos, preparémonos para visualizar bailes, besos sinceros a viejas y niños, cantos morados de coleta, llamadas a la sensatez, al federalismo, a la UNIDAD de España. Porque la campaña empieza, o continúa.

Show must go on!!”

Foto/EFE

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