La investiDURA de Sánchez

Más de dos meses han pasado desde que los españoles depositásemos las papeletas en las urnas y, por fin, mañana (más bien el miércoles) se pone en marcha la cuenta atrás para la formación de gobierno. Empiezan dos meses en que, lo visto hasta ahora, nos va a parecer un simple juego de niños.

Recapitulando brevemente.  Hemos visto al candidato del partido más votado renunciar a acudir en primera instancia a la sesión de investidura; al candidato del tercer partido más votado ‘imponerle’ el programa y el equipo de gobierno al segundo partido; al segundo partido pactar con el cuarto lo que ellos denominan un ‘pacto de gobierno’. En fin, aburrirnos no nos hemos aburrido, pero ¡vaya sainete!

Lo que parece claro y corro poco riesgo al afirmarlo es que en estas dos primeras votaciones Pedro Sánchez, el candidato socialista designado por el rey para someterse al voto de la cámara baja, no saldrá investido presidente del gobierno de la nación. Previsiblemente Sánchez únicamente contará con el voto favorable de su grupo (90 escaños), los de Ciudadanos (40) y el escaño de coalición canaria. En total unos insuficientes 141 votos positivos, lejos de los 176 que se necesitan en primera votación. Además el resto de partidos a la izquierda del PSOE ya han anunciado que en la segunda votación no se abstendrán y su voto será en negativo, también los del PP y los partidos nacionalistas catalanes y vascos.

A Pedro Sánchez hay que reconocerle que durante este mes, desde que se le encargo buscar apoyos para formar gobierno, se ha afanado en mostrar una voluntad por alcanzar ese objetivo. Además consiguió cohesionar (al menos frenó los cuchillos públicos que le lanzaban sus ‘compañeros’ de partido) y cerrar filas en torno a él y su equipo negociador. Pero creo que en todo este proceso ha sido más la apariencia y el ‘postureo’ lo que ha imperado.

Muchos leían el gesto anunciado por Sánchez ante el Comité Federal, de someter a refrendo de la militancia los posibles pactos, como un acto de rebeldía y de autolegitimación para poder afrontar unas negociaciones con Podemos que no gustaban a hombres y mujeres fuertes del partido. Lo que sorprende, o quizás no tanto, es que al final lo que se consultase es sobre un pacto con C’s (partido de derecha según Sánchez) formulado en una pregunta que, en román paladino, lo que hace es dar carta blanca a Sánchez para pactar lo que quiera y con quién quiera.

Que de esto último que digo no se deduzca que pongo en duda a la militancia del PSOE, ni mucho menos. Varios son los motivos que invitaban a pensar que el sentido del voto sería positivo: las ganas de tener un presidente socialista y desalojar a Rajoy, la dificultad de decir NO a una estructura que da la palabra a su militancia (aunque fuese para hacer esa pseudopregunta), y un cierto patriotismo de partido frente a lo que muchos han percibido como desprecios por parte de Pablo Iglesias.

Tampoco creo que resta legitimidad que la participación haya estado sobre el 50% de la militancia, dado que estamos en un país en el que la cultura política de participación en los partidos es la que es. Tampoco jugaré a las comparaciones con los porcentajes en algunas votaciones realizadas en Podemos, dado que hay muchos matices. Entre ellos: concepto difuso del militante en Podemos (sólo basta con inscribirse en la web) y proceso continuo de votaciones en la formación morada en un espacio muy breve de tiempo que obedecía a la formación del partido, de sus estructuras, principios éticos y políticos y cargos orgánicos.

Como decía en mi anterior artículo (aquí) parece que el PSOE tenía como estrategia principal presionar hasta la saciedad a Podemos para que doblase el lomo y aceptase, como habían hecho tradicionalmente los partidos a su izquierda, sus demandas a cambio de cuatro detallitos de cara a la galería. Ante esta negativa, parece que la única estrategia a día de hoy por parte de los dirigentes del PSOE es vender el eslogan: “Si votas no al PSOE perpetúas al PP”. Sin tener en cuenta cuál sea el contenido del pacto que sea la ‘alternativa’ al PP claro está.

Al principio señalaba que ahora viene lo interesante de verdad. Las presiones al PSOE para que se abstenga para dejar gobernar al PP se intensificarán. En esta tesitura cabe preguntarse qué papel desempeñará Albert Rivera. ¿Seguirá manteniendo el apoyo a Sánchez? ¿Ante el fracaso para formar gobierno acercará posturas con el PP tratando de forzar la retirada de Rajoy para que el PSOE se abstenga?

Por otro lado habrá que ver si Sánchez decide desistir u optar por la única opción que le queda, que no es otra que la de intentar un pacto con los partidos a su izquierda. Opción que considero poco probable puesto que necesitan abstención de partidos independentistas, a lo cual se niegan en rotundo los/as barones/as y porque vendría de una posición debilidad en la que sus potenciales socios podrían apretarle mucho las tuercas para arrancarle cesiones. Y, pese a que he dicho que ésta era la única opción que le quedaba, no es cierto. Siempre quedará la Gran Coalición…

Foto principal: Flickr PSOE

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