La extrema derecha (por desgracia) cumple sus promesas

Donald Trump se convirtió el pasado viernes 20 de enero en el 45º presidente de los Estados Unidos de América. Gran parte de la sociedad norteamericana todavía sigue en estado de shock, sintiéndose como en una especie de fatídica pesadilla de la que pronto despertar en sudor frío. Pero no, pese a obtener menos unos 2.5 millones de votos populares menos que contrincante demócrata, los ‘caprichos’ del sistema electoral estadounidense le dieron la victoria.

Durante el periodo comprendido entre las elecciones y el nombramiento oficial de Trump como presidente, la opinión publicada se ha centrado en difundir una serie de deseos cuyo objetivo se fijaba en la esperanza de que todo el discurso misógino, antiinmigración, y proteccionista se quedase en la mera retórica demagógica que, si bien le sirvieron para alcanzar la Casa Blanca, no tendrían mayor recorrido a la hora de la verdad.

Pero no, la extrema derecha sí cumple sus promesas. Lo cual no significa que sea necesariamente positivo para los derechos ciudadanos. Es decir, lo que esperaban los grandes medios, una parte significativa de la sociedad y sus oponentes políticos, es que Trump actuase como lo han venido haciendo los políticos tradicionales habitualmente. Esto es, una vez alcanzado el poder, incumplir las promesas aduciendo cambios en el entorno o la inviabilidad a corto plazo.

Y esto es lo que ha hecho Trump, decretar la construcción de un muro en la frontera con México, justificar las torturas en interrogatorios, afirmarse en su negacionismo sobre el problema medioambiental, etc. Además, se ha retirado a EEUU del TTP y ha presentado una alternativa para acabar con el ObamaCare. Bueno, también se ha hablado mucho del cambio en el decorado del despacho oval, cosa que todos sabemos que es lo verdaderamente importante…

Mientras tanto, las calles se han llenado con actos multitudinarios de protesta contra el nuevo presidente. Por cierto, considero que poco favor en pro de esas causas hacen personajes de la alta sociedad, identificada en el nuevo imaginario como parte del stablishment, ya que refuerzan el falaz papel de salvador de los desposeídos asumido por Trump. Más allá de la desesperación ante muchos de los retrocesos que se avecinan, sólo en un cambio de época como el actual de desprestigio de las élites, de divorcio con su pueblo, puede asumir este rol de salvapatrias alguien que forma parte de lo más profundo del sistema como Donald Trump.

He aquí el mayor fracaso de las fuerzas “transformadoras”. Porque este fenómeno está recorriendo Europa. Algunos simplificarán y le llamarán “auge de los populismos”, pero no, lo que está en auge es la extrema derecha más reaccionaria. Mientras, la socialdemocracia europea ha hecho suyo el pensamiento único austericida, ha renunciado a las políticas fiscales en pos de una mayor redistribución de la riqueza y ha asumido la agenda neoliberal en su acción de gobierno. Todo lo que pretenda romper mínimamente ese corsé es acusado de populista y demagogo.

Las consecuencias las conocemos: paro, precariedad laboral, exclusión, aumento de la pobreza, deterioro de las condiciones materiales de vida, desaparición de las clases medias y de un horizonte vital y un largo etcétera.

El principal problema es la ausencia de alternativas democráticas al modelo dominante. Cuando los anhelos de los más golpeados no son asumidos y canalizados por fuerzas que se creen la democracia y el respeto de los Derechos Humanos, la extrema derecha hace suyo un discurso social y de protección de los que el ‘sistema’ ha dejado fuera. Vemos que el chivo expiatorio tiene rostro de inmigrante o de refugiado, que son precisamente los más indefensos y quienes carecen de cualquier ápice de culpa en lo que sucede.

Lo verdaderamente peligroso y preocupante es que, lejos de combatir ese discurso, las fuerzas tradicionales están asumiendo parte del mismo. Prueba de ello es la existencia de un presidente de gobierno y aspirante a candidato presidencial ‘socialdemócrata’ del perfil de Manuel Valls, con un discurso ante la inmigración poco diferenciable del de la derecha más extrema y xenófoba. Así, no es extraño ver que las encuestas sitúan a Marine Le Pen a la cabeza de las encuestas en la primera vuelta de las próximas presidenciales.

Tenemos que asumir que, en un cambio de época como el que vivimos (no confundir con una época de cambios), las palancas que están forzando el viraje del rumbo del statu quo tienen la impronta de la extrema derecha más excluyente. Ante este panorama, no considero que desde la Europa que tiene como cementerio al Mediterráneo, que deja morir bajo la nieve a miles de personas que huyen de la guerra y del hambre con imágenes que recuerdan a los desplazamientos producidos por los funestos conflictos bélicos del siglo pasado, se esté caminando hacia el rumbo que combata en lo ideológico y en lo programático al fascismo de nuevo cuño.

Foto portada/ cnn.com y gettyimages.es

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