La “derechización” de la socialdemocracia

Escuchaba y leía en muchos medios españoles, tras el nombramiento de Manuel Valls como primer ministro francés y la elección de Anne Hidalgo como alcaldesa de París, cantos de orgullo patrio que me recordaban al “Yo soy español, español, español” que tan buenos recuerdos futbolísticos nos trae. Porque a decir verdad, de pocas cosas más podemos sacar pecho en este país en los últimos tiempos.
Como decía, no pocas personas sienten ese embriaguez al escuchar los orígenes españoles de Manuel Valls, que como ministro del interior era el mejor valorado por la ciudadanía. Este nombramiento obedece claramente a un giro hacia la derecha del presidente Hollande ante el innegable y preocupante ascenso del Frente Nacional de Marine Le Pen.
Debemos recordar que el nuevo primer ministro encarna perfectamente ese fenómeno de “derechización” que la socialdemocracia europea está experimentando en la última década. Noticiable fue la postura beligerante que adoptó contra los campamentos de gitanos búlgaros y rumanos y mostrándose poco dispuesto a la total incorporación de Rumanía y Bulgaria al espacio Schengen.
Con este viraje en el discurso del “socialismo” francés, se confirma lo que muchos sospechaban y es causa de decepción para otros tantos. Hollande llegó al Elíseo siendo una esperanza de cambio, un contrapoder real en la Europa dominada por la ‘todopoderosa’ canciller alemana, que supusiera un punto de inflexión en las políticas neoliberales que tanto ahogan a los países del sur, los PIGS.
Como digo esta esperanza quedó en agua de borrajas. Francia no va a poner en riesgo su posición de privilegio en el tablero europeo.
A todo esto, esta última semana han aparecido nuevos cantos de la hipocresía mostrada por la hegemonía alemana. Cuando parecía que la incorporación del SPD al gobierno democristiano frenaría este voraz instinto asesino, debemos recordar que una de las medidas que tuvo que incluir fue la reducción de la edad de jubilación a 63 años, mientras en España se sube a 67, a la vez se propone desde Alemania expulsar a los inmigrantes europeos que lleven seis meses sin un contrato laboral. Todo muy socialdemócrata…
Pero bueno, no es esto exclusivo de los países hegemónicos del constructo europeo. En nuestro país pasamos de estar en la “Champions de la economía” a perpetrar uno de los mayores actos de traición al pueblo. Con alevoso secretismo, el PSOE junto con el PP demostró que la Constitución sí que se puede modificar. De un plumazo con la reforma del artículo 135 hipotecó el presente y el futuro del pueblo priorizando el pago de la deuda externa al gasto para fines de bienestar, luego se quejan cuando les dicen que son lo mismo…
Además, uno de los históricos socialistas españoles, José Bono, instaba a seguir el ejemplo europeo y derechizar el partido. No competir por el electorado tradicionalmente de izquierdas. Lo que parece invitar a pensar que, quizá en un futuro, un pacto entre los dos grandes partidos no sería algo descabellado en caso de ponerse el bipartidismo verdaderamente en cuestión.
Parece ser que la parte de socialismo que llevan incorporado los socialdemócratas se está quedando en un mero aspecto de maquillaje. Es probable que los procesos de “derechización” no cesen ante el inminente crecimiento de la ultraderecha y la cercanía de los comicios europeos. Lo que denota un pérdida de los ideales que en orígen defendían estos partidos y una estafa al electorado que confía, aunque cada vez menos, en unas promesas de cambio y apuesta por el desarrollo y bienestar humano.
Mientras tanto, es urgente un proceso de formación de una nueva izquierda que mire de cerca el proceso latinoamericano, de países como Ecuador. Que ponga como dice el presidente Correa “el capital al servicio de las personas y no al contrario”.

Foto portada/www.ambafrance-co.org

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