La decadencia del sistema internacional de posguerra y de Occidente

Síntomas de la caída

La guerra de Irak fue un episodio brutal de la serie “Los Estados del Oriente Medio bajo control de los EEUU”. No sólo tuvieron que utilizar evidencia que más tarde resultó ser falsa (o incluso falsificada) para justificar la invasión, sino que más tarde dejaron atrás un país inepto e incapacitado para defender su territorio o, de hecho, ejercer el poder estatal a nivel policial y administrativo. Consecuentemente el territorio dio espacio a quienes estuvieran dispuestos y preparados para llenar ese vacío tras la salida de las tropas occidentales. La intervención fallida de Libia paralizó al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas o, como advirtió el profesor de Derecho popular Internacional, Prof. Dr. Blanke: “Los Rusos y los Chinos no se van a plantear permitir una nueva intervención militar a través de un mandato del Consejo de Seguridad después de lo que pasó en Libia”. Lo demás son noticias. El Oriente Medio, volvía a tambalearse ante el horror de una violencia desenfrenada y absoluta, la cual se observa mejor en Siria y en Yemen. Los Estados Unidos debilitaron su alianza con el Gobierno de Irak, de Turquía y Arabia Saudí y abrieron canales de diplomacia con Irán. Irán, a su vez, era indudablemente el aliado más fuerte del hombre que estaba desafiando dicha supremacía de los EEUU en la región: Vladimir Vladimirovitsh Putin. Lo que nos lleva al segundo punto.

El modelo del mundo bipolar ya no es aceptable en ningún nivel del análisis de las Relaciones Internacionales. Quizás sirva para analizar conflictos aislados pero nos sirve bien poco para entender el mundo. Más bien tenemos que admitir que la “amistad” entre Rusia y el Oeste, esa “alianza” contra la inestabilidad, se ha convertido en un conflicto potencialmente explosivo con un constante peligro de sacudir el delicado equilibrio del sistema político internacional. La ocupación de Crimea y la, me atrevo a decir, guerra fría en Siria, reveló una línea de conflicto en todas las regiones del mundo donde compiten las influencias del Oeste y la de Rusia. Irónicamente, sin que ello pueda darnos evidencia de un mundo bipolar.

En un sistema internacional en el que China es uno de los actores más potentes y quiere comparar bíceps con Japón, el hasta ahora más poderoso país de Asia, en un sistema internacional en el que el eje Rusia-Oeste ha vuelto a respirar autónomamente y en un mundo en el que Turquía parece haber olvidado su sitio, llevan razón los historiadores que dicen que este sistema ya no es el sistema de posguerra, sino que, más bien recuerda al complicado sistema internacional, intrincado y lleno de puntos muertos del inicio del siglo XX. Antes de que estallara la Primera Guerra Mundial, el sistema internacional se basaba en un equilibrio de poderes muy delicado. Es verdad que ciertas instituciones del sistema de la posguerra siguen vivas (ONU, OTAN, UE sobre todo), pero simplemente al pensar en esas instituciones que se consideraban monstruos en el sistema internacional actual, se nos ocurren razones para pensar que cada una de ellas se encuentra en crisis.

Las instituciones del sistema posguerra

La ONU no ha mostrado ser capaz de adaptarse a un mundo en el que las relaciones de poder han cambiado y está experimentando un declive que, aun no siendo existencial, es clara señal de que necesita una reforma rápida y decisiva. En concreto, opino que, independientemente de si uno estima como justa la guerra y la intervención de Yugoslavia, esto generó “big damage” a la institución que supuestamente tendría que haber dado permiso a una intervención de esa naturaleza. Lo mismo pasó más tarde con la Invasión en Irak, lo mismo está pasando ahora en Siria. En Darfur del Sur, donde una misión de los cascos azules tenía que salvaguardar la paz entre el sur y el norte del país y proteger a los civiles del área, hubo una ola de violencia y crimen contra inocentes que según el Derecho Internacional se deben considerar crímenes contra la humanidad. El secretario general de la ONU fue forzado a echar al General y Supervisor congolés de la misión; lo que llevó al Gobierno congolés a anunciar que a partir de ese momento dejaría de contribuir con tropas a misiones de la ONU. Esto fue una derrota total para la ONU, la cual tiene que estabilizar su papel en este emergente sistema internacional lo más rápido posible.

La OTAN, por otro lado, está encarando fuertes desafíos de seguridad, ya que no parece preparada para proteger a sus pueblos de los nuevos peligros, sobre todo el crimen virtual y el terrorismo. No es ninguna sorpresa, ya que no fue concebida para solucionar esos problemas. A la vez los servicios secretos y las agencias policiales de los países de la OTAN no tienen el nivel de cooperación suficiente para manejar esos problemas. Además de esos problemas prácticos, la OTAN parece más dividida que nunca, teniendo en sus filas un país, Turquía, que nadie sabe cómo va a terminar una vez Erdogan termine con su depuración política. Al mismo tiempo que los problemas de la OTAN crecen, su legitimidad y su apoyo se derrumba. Tanto partidos de derechas como de izquierdas ponen en cuestión su lugar en el mundo y su propósito en general. En Alemania tenemos un gran grupo de “Putinversteher” lo que quiere decir “los que entienden a Putin”. Cada vez más esa opinión se refleja en el ámbito político. Por último, no olvidemos que el centro de esa organización, los EEUU, están entre dos corrientes de personas, entre dos movimientos políticos, los liberales y los autoritarios, unos queriendo reducir el compromiso militar en el mundo, y los otros, muchos de ellos seguidores de Donald Trump, que probablemente sí estén a favor de más actividad internacional militar pero que, a la vez, están poniendo en cuestión a los socios europeos, la rivalidad con Rusia y la OTAN en sí.

Respecto a la UE queda por ver cómo se desarrollará. Lo que ha quedado evidente es que los tiempos en los que su ruptura completa se consideraba imposible han terminado. Las amenazas más destacadas a la Unión Europea son las siguientes:

  1. El Brexit como posible modelo para otros estados (Los Países Bajos sería un candidato sospechoso)
  2. El eje Norte-Sur con países del Norte queriendo imponer un modelo fiscal restrictivo sobre los países del sur sin solucionar el desempleo (sobre todo juvenil) de esos países y, por otro lado, con el Banco Central Europeo devaluando la moneda a favor de esas economías pero a coste de ahorradores de los países más estables.
  3. El eje Este-Oeste representado sobre todo por Hungría (y cada vez más Polonia y Eslovaquia) como países autoritarios por un lado, y los demás países de la UE que les perciben como países no-democráticos.
  4. El ascenso de movimientos populares y partidos que rechazan la UE como demasiado liberal, demasiado neoliberal o no-democráticamente legítima.

Queda por ver cómo van a desarrollarse esas instituciones. Desde mi punto de vista serán punto de referencia y espejo de la evolución del sistema político internacional.

Foto portada/clipartkid.com

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