La cuestión nacional en el Estado español

“Un pueblo que oprime a otro pueblo no puede ser libre.” Engels

“Para Ortega i Gasset, el proyecto nacional español es castellano. <<España es una cosa hecha por Castilla>> dice el filósofo” Eugenio de Nora, prólogo a La España invertebrada.

“Somos una nación tardía que surge de una sociedad imperial. El estado central con intereses imperiales no genera nación. La única legislación común a todos los reinos… fue la Inquisición durante muchos siglos. España ha sido un estado débil incapaz de construir una homogeneidad nacional” J.L Villacañas

Estas citas podrían resumir perfectamente él porqué nos encontramos ahora en este punto en que una parte de la sociedad de un territorio concreto quiere romper con el Estado que le ha tocado. El tema catalán, es el tema vasco y gallego, es el tema de siempre, España como esa nación que no acaba de cuajar. Pero vamos a irnos hacia atrás en el tiempo pues, un problema político es, a su vez, un problema histórico y este tema de naciones varias, tiene el meollo del asunto en la historia pasada.

Entonces… ¿qué es una nación? Empezamos por lo básico. Para empezar debemos decir que naciones no han existido siempre y que son algo por decirlo así, moderno. Han existido básicamente dos formas de dar sentido a este constructo cultural (volveremos sobre lo de construido más adelante), la forma romántica que apela a un pasado y una identidad compartidas durante siglos y que apela constantemente al pasado para conformar la nación.

No hay más nación que la que ponen los libros de historia, la unión de la misma está asegurada por la práctica de una cultura común a todos, ese folklore auténticamente [insertar nación correspondiente] al que apelaba Herder[1]. A primera vista parece lógico pero, si la confrontamos con la idea moderna de nación, la llamada francesa o volitiva, vemos que no.

Esta concepción emana de los revolucionarios franceses que, en lucha contra el absolutismo borbónico (si borbónico, una dinastía que a nuestro pueblo le resulta familiar), y su insolencia de llamarse los ejecutores de una ley divina, decidieron que no había más nación que la voluntad del pueblo.

Y así el gran estudioso del nacionalismo, E.Renan, nos recuerda ahora que <<la existencia de una nación es un plebiscito cotidiano>>[2].

En definitiva, la Nación es una comunidad imaginada, por lo tanto, no hay una metafísica histórica que nos indique lo que (la nación) es y será para siempre. Para desenredar eso de comunidad imaginada os dejo con el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera:

(…) las personas definen un “nosotros” separado de un “otros”, a través de la reinterpretación, la enunciación o la invención de algún o algunos componentes sociales (por ejemplo, el idioma, la religión, la etnicidad, la historia de dominación), que a partir de ese momento pasan a ser componentes de diferenciación y adscripción a la comunidad, que garantizan a sus miembros una seguridad colectiva en el porvenir igualmente común. Se trata de un tipo de interacción comunicativa que produce, o desentierra, o inventa, una hermandad extendida, un parentesco ampliado capaz de crear, primero, un efecto de atracción gravitatoria hacia ciertos sectores poblacionales que se sentirán atraídos; y segundo, un efecto complementario de repulsión hacia los que se sentirán excluidos. Es por todo ello que se dice que las naciones son “comunidades imaginadas”. En este sentido, las naciones no necesitan previamente de una comunidad étnica para consolidarse, aunque ello puede favorecer, dando lugar a una nación monoétnica. Por lo general, las naciones resultan de la agregación política de muchas etnicidades, y la nación ha de ser precisamente la producción de una nueva etnicidad (real o ficticia), que permita proyectar imaginadamente en el pasado la pertinencia y necesidad de la existencia actual de la nación[3].

¿Qué quiere decir esto? Que una nación es algo diríamos artificial, en verdad como cualquier forma de construir y entender las sociedades humanas, no hay nada “biológico” en esta forma de agrupación humana, emana de cómo se agrupan los seres humanos en un momento concreto de la historia. Que depende de la capacidad que tengan para  “proyectar en el pasado la pertinencia y necesidad de la existencia actual de la nación”.

¿Quiénes son los “elegidos” por la historia para llevar tal tarea a buen puerto? Si nos atenemos a la tradición marxista, la nación surge a partir de la acción revolucionaria de una clase social que es capaz de hacer valer sus intereses particulares como el interés de todo el pueblo que, por otro lado, eso es de lo que va la política, como se naturaliza un discurso y un orden social que es aceptado por la mayoría de la población, siendo en sí el discurso y el orden de un grupo particular y unos intereses particulares. La política es política porque deja a alguien fuera y lo subordina, entonces la política es conflicto.

Así el marxismo quiso ver en la revolución nacional a las clases burguesas nacientes que se veían impulsadas a desafiar a los monarcas absolutos para poder conformar Estados que unificasen el mercado interno. De ahí se suele decir que el nacionalismo es burgués. Pero de nuevo la historia nos cogió por sorpresa, y Lenin y los bolcheviques añadieron que se debía distinguir entre el nacionalismo imperial de una gran nación y el nacionalismo de un pueblo oprimido que luchaba por su liberación nacional. En ningún caso eran equiparables.

Es más, con su acción los bolcheviques demostraron que, lejos de ser una cuestión ajena al proletariado y al pueblo, la cuestión nacional podía y debía ser resuelta por ellos. El internacionalismo solo podía llegar a través de su contrario (bendita dialéctica), el derecho de autodeterminación, y éste no podía ser mera fraseología hueca. Observad con qué violencia denunciaba Lenin a aquellos que no se posicionaban con las naciones oprimidas. <<No es marxista, ni siquiera demócrata, quien no acepta ni defiende la igualdad de derechos de las naciones y los idiomas, quien no lucha contra toda opresión o desigualdad nacionales. Esto es indudable>>

El marxista español (si, uno no elige que pone en su DNI) más brillante, Manuel Sacristán, tampoco tenía dudas al respecto:

(…) nuestra doctrina de las nacionalidades es una doctrina clara y realmente sin problema de concepto alguno. Es uno de los principios más claros y radicales, (…) Yo creo por tanto que, por inmaduro que esté el tema, entre vosotros no lo sé —y me sorprende un poco, porque entre nosotros en el PSUC no lo está—, no hay motivo para tener inhibiciones al respecto[4].

Así en el Tercer Mundo, Occidente observó perplejo como esos “pueblos que no hacen historia” según Hegel, se lanzaban de lleno a la conquista de su independencia nacional guiados por partidos de corte socialista. La revolución nacional podía transformarse en una oportunidad de emancipación para los muchos. El gran teórico tercermundista, Frantz Fanon, en su potente obra “Los condenados de la tierra”, habló sin tapujos de cómo la inexistente burguesía en sus países colonizados ofrecía la oportunidad de evitar ese doloroso parto que suponía una “revolución por etapas” que debía pasar necesariamente por un momento capitalista y burgués. En la Historia no hay nada necesario que nos diga cómo debe ser el futuro, esa es la gran lección que debemos aprender.

En definitiva,  la “Patria” es un elemento indispensable para la movilización política popular. Lo vimos en Cuba y en Latinoamérica después. A riesgo de caer en una valorización moral del problema nacional, y hablando en roman paladino… todos sabemos que los nacionalismos son malos. Pero, si me he explicado bien, siguiendo a Fanon y los bolcheviques entendemos que la dignidad nacional es un momento irrenunciable para cualquier movimiento político transformador.

Y, si nos situamos en el actual contexto histórico, podemos observar enseguida cómo, tras un momento globalizante cosmopolita llevado a término por la oligarquía financiera, que destruyó las soberanías nacionales y constitucionalizó el neoliberalismo (la famosa reforma del 135 priorizando el pago de la deuda sobre los derechos sociales) y lo que se ha venido a llamar la “desterritorialización”[5] de las respectivas burguesías sumergidas en los ciclos de acumulación financiera sin fin, y que ahora ejercen el dominio a partir de estructuras supranacionales copadas por el capital. No caigamos en malentendidos.

Algunos de la izquierda transformadora vieron esto como la oportunidad de librarse del Estado. En eso se equivocaron. Esto tampoco quiere decir que el aparato de poder más fuerte concebido por la humanidad hasta ahora, se halla “vaciado” de su clase social, si hay Estado hay alguna clase que lo controla. Pero sí que quiere decir que el interés nacional de ésta ya no existe.

Y que se muestra incapaz de ejercer un control estable debido a la anarquía del capital que decide ir hacia nuevos mercados en Asia, esto lo ha demostrado brillantemente el economista serbio Branko Milanovich en su famosa “curva del elefante”[6] donde se ve cómo el capital se ha desplazado hacia Oriente, empobreciendo masivamente lo que fue su base de masas por excelencia, la clase media.

La tesis que sostengo es que esto dota de gran vitalidad a los movimientos patrióticos nacientes que se lanzan a la conquista de los cielos para los más. Con una simple divisa que los guía, la construcción de una patria popular y abierta.

Si analizamos la relación de clases en el Estado Español,  lo que vemos es un bloque histórico posfranquista gobernando. Así nos lo explica Jordi Graupera, investigador postdoctoral en la Universidad de Princeton en el área de Filosofía Política, y analista en numerosos medios de comunicación catalanes y españoles:

(…) una mentalidad franquista que se ha mantenido incrustada en los aparatos del Estado que es una mentalidad castellanocéntrica, una mentalidad de unas familias que son el resultado histórico de la mezcla entre la aristocracia y los grandes funcionarios del Estado, es algo que se ha perpetuado en lugares clave.

Esto es clarísimo, por ejemplo, en el departamento de Exteriores del Gobierno de España. En la carrera diplomática podemos ver sucesiones de nombres que no sólo llegan al franquismo, sino que en realidad llegan hasta el siglo XIX y se podrían ir estirando e ir armando familias. Esto es verdad también respecto a los ministros de los gobiernos del Partido Popular, que muchos de ellos son altos funcionarios del Estado que provienen de familias con relaciones con el franquismo. Y lo vemos, por ejemplo, en las relaciones entre ciertos jueces que llegan a la cima de la magistratura y que tienen hermanos y primos que, o son herederos del franquismo o vienen participando de la extrema derecha española. Lo vemos en discursos de fondo que atraviesan la historia, discursos protofalangistas sobre falsas ideas de solidaridad o falsas ideas de unidad nacional, o en la negación de la diferencia cultural que hay en España[7].

Esto es la base material que sostiene su proyecto de país y ahí entra todo lo que he intentado explicar al principio. Sí, existe, pero no es el único y tenemos la oportunidad de imaginar otra patria. Su base de masas ha despertado al grito de  “¡Venceremos como en el 39!” pero es incapaz de “proyectar en el pasado la pertinencia y necesidad de la existencia actual de la nación”.

Dejo para el próximo artículo la profundización especifica de la relación Cataluña-España y su posible resolución.

Foto portada/agora25siglos.blogspot.com

[1] Heder es el máximo exponente del nacionalismo romántico. Frente al cosmopolitismo ilustrado, el alemán defiende la existencia de naciones independientes y diferenciadas, a cada una de las cuales les corresponden unos rasgos constitutivos inmutables (culturales, raciales, psicológicos…) que por lo tanto son anteriores y superiores a las personas que forman la nación en un momento determinado.

[2] E.Renan, ¿Qué es una nación?

[3] A. Garcia Linera.  Autonomías indígenas y estado multinacional, en La Potencia Plebeya

[4] Fragmento de la última intervención que el filósofo y militante del PSUC Manuel Sacristán pronunció en 1970 en una sesión del Comité Central del Partido Comunista de España

[5] Esta tesis ha sido sostenida por teóricos de la escuela posobrerista italiana, como Bifo.

[6] Para más información, ver el artículo https://elpais.com/economia/2016/07/21/actualidad/1469113402_924600.html

[7] Entrevista en CTXT http://ctxt.es/es/20171004/Politica/15325/

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