La crisis EuropArtErdogan

En este artículo quiero hablar sobre Erdogan, sobre la libertad del Arte y sobre nuestra dependencia de Turquía.

Hace un mes el programa satírico alemán llamado Extra 3 publicó una canción en la que se criticaba al Presidente turco por su política opresiva contra la prensa. Anteriormente el gobierno turco había decretado que el proceso judicial contra unos periodistas se celebrara excluyendo a la audiencia pública. Criticó además al embajador inglés y el alemán por querer asistir al proceso. Estos últimos declararon que tienen todo derecho a asistir. En fin, lo que después se criticó abiertamente en Europa fue que Erdogan estaba implementando una política cada vez más autocrática. Precisamente esa fue la razón por la que Extra 3 publicó una canción riéndose del “loco del Bósforo”. Es una canción que en realidad permite poca polémica teniendo en cuenta que es sátira. De todos modos, Erdogan decidió reaccionar a esa canción de una manera desproporcional. Aparentemente esa canción violó su honor personal – y su respuesta fue llamar al embajador alemán para comunicarle sus quejas. Para los que no saben descifrar ese código diplomático: llamar al embajador es la señal más drástica que se puede dar hacia un país (eso es, sin terminar las relaciones diplomáticas lo que sería el siguiente paso). Irónicamente, Erdogan pidió que esa canción se borrase. Me parece irónico porque así confirmaba lo que la canción y la oposición turca sostienen: que Erdogan cree que regular lo que la prensa escribe y lo que la televisión presenta, es cosa del gobierno.

Angela Merkel, a través de su portavoz, declaró que los derechos de libertad de opinión y libertad del Arte siguen intangibles. Primero: muchos deseaban una reacción más directa, más dirigida hacia la persona que intento presionar al gobierno alemán que borrase una canción satírica; segundo: no dijo nada hasta varios días más tarde de que Erdogan presentara sus quejas al embajador. Allí ya unos decían que hay más factores que impiden una reacción apropiada por parte del gobierno alemán. La crisis de los refugiados.

Bueno, en Alemania teníamos una situación de indignación universal. No había partido ni programa de televisión que no protestara contra ese “atentado” a los valores democráticos de Europa. Pero ahora viene la culminación de la historia. En medio de la indignación alemana salió un humorista a la superficie para aclararle a Erdogan lo que es sátira y lo que no es sátira. Jan Böhmermann, probablemente el personaje más prometedor de la televisión alemana, leyó en su programa de televisión un poema sobre el Presidente turco, introduciéndolo con las palabras “Mire Presidente, ahora veremos en un caso práctico, lo que no es sátira, lo que no se permite en la televisión alemana”. El co-presentador puso énfasis: “a ver pero esto es lo que NO se permite!” – “Exacto.” Y ya empezó a presentar un poema brutalmente insultante. En él, Erdogan se acuesta con cabras, pega a niños, etc, etc. “Pero si quiere alguien castigar a una persona por algo así, así es el reglamento aquí en Europa, tiene que denunciarle. No sirve ir al Gobierno, eso es lo que entendemos como división de poderes.” Yo, que siempre sigo ese programa, en ese mismo momento me quedé estupefacto. Cuando Böhmermann dejó de hablar toda la audiencia se reía pero todos sentían que algo extraño había pasado, no sabíamos. ¿Está bien lo que acaba de hacer? En mí personalmente, esa sensación duró sólo un momento y me di cuenta que en el contexto de los acontecimientos anteriores, que en la forma que lo había presentado, como si fuera una broma, y queriendo dar una lección sobre el Estado de Derecho, yo acababa de experimentar una auténtica obra de arte. No por las palabras que dijo o por cómo las había ordenado, sino porque me había hecho dudar sobre mi idea de sátira, porque me hizo reflexionar sobre lo que es la libertad de opinión, libertad del arte, Estado de Derecho. Cuanto más esas palabras tuvieron una fuerza transcendente, cuando escuchamos que en Turquía por algo así iría a la cárcel. Desde hace más de una semana no hay otro tema más presente en los medios de comunicación. Aparentemente Böhmermann no sabía que en el derecho alemán existe un párrafo que pone bajo sanción el insulto de Presidentes de Estado del extranjero. Evidentemente este párrafo (§103 StGB) es un párrafo especial aparte del párrafo habitual que sanciona el insulto en general. ¿Por qué existe ese párrafo en el derecho democrático? ¿Por qué se protege la dignidad de un Presidente extranjero más que la de un ciudadano normal? Pues, la respuesta se halla en la literatura académica de derecho. Allí veremos que la protección especial de los Presidentes de Estado extranjeros tiene que ver con el peligro de dañar al propio pueblo por empeorar y arriesgar las relaciones diplomáticas. Desde luego para que se dé un caso así, el Gobierno tiene que confirmar que de hecho el insulto sí que puede arriesgar tales relaciones con el exterior. Es por eso que existe el §104a, según el cual la persecución penal explicada en §103 se tiene que otorgar por el Gobierno.

La opinión pública tiene una clara tendencia que condena el intento de Erdogan, quien está denunciando alrededor de 2000 periodistas en su país por insulto. (Muchos dicen que así pretende callar a la oposición), de presionar a ciudadanos alemanes por su forma de expresar su opinión.

Lo que hizo la canciller, tiene que ser de las cosas más peculiares que he experimentado desde que estoy siguiendo la política alemana. Angela Merkel otorgó la persecución penal según es su derecho que se manifesta en el §104, pero, ¿con qué razonamiento? Dijo que en un Estado de Derecho son los jueces, no el gobierno, quien decide si se ha cometido un crimen o no y que, por lo tanto, autoriza la persecución penal y que los jueces decidan. ¿Cómo?

Como bien ha explicado un ex-Juez de las Cortes Supremas Alemanas, lo que hizo la canciller es justo lo contrario. Con su declaración incumplió los requisitos que el Estado de Derecho manda. Estado de Derecho significa que cumplimos las leyes y el derecho tal y como está. Según dicho juez la explicación de que vamos a otorgar algo porque el Estado de Derecho requiere la independencia de la Jurisdicción, es una forma de mentir. De hecho, la declaración tendría que haber sido por ejemplo: “Sí, ese poema puede perjudicar nuestras relaciones con Turquía y, especialmente, el acuerdo sobre la expulsión de los refugiados que tenemos con ellos.” O bien: “no, no vemos que ese poema perjudique nuestras relaciones con Turquía, por lo tanto no otorgamos la persecución penal según el § 103.” Pero decir que otorgamos algo, simplemente para no inferir con la Justicia es incumplir justo lo que el Estado de Derecho, la Ley, requiere según el §104aStGB.

Fuente: Der Spiegel

Fuente: Der Spiegel

Pero ahora quiero llegar a la gran conclusión, porque no os he torturado con lo anterior sin prometer una iluminación:

Los que han entendido que lo que hizo Merkel no tenía nada ideológico (como muchos siguen creyendo que al otorgar la persecución penal le enseño a Erdogan lo que es la división de poderes), sino que fue una joglería. Por un lado sabía exactamente que al otorgar la persecución despertaría el rencor del pueblo contra su persona, por otro lado, sabe que necesita a Erdogan y no puede provocarle. Así decidió no hacer ni una cosa ni otra, obviamente engañando a los alemanes, disfrazando su decisión como una lección de democracia para Erdogan, una defensa de la división de poderes. Cuando, claramente, no tiene nada que ver con eso.

Fue entonces que por primera vez entendí lo desesperada que está con la crisis de los refugiados y, lo que es más, lo mucho que Erdogan la tiene en la mano.

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