La corrupción de Hillary Clinton

Este es un regalo para mi esposa, Laura Rostowfske, cuyo cumple coincide con las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Un texto de análisis para establecer de qué hablamos cuando hablamos de Hillary Clinton y corrupción.

Leyendo los artículos de opinión y las entrevistas de los medios progresistas españoles (y alguna que otra tertulia) parecería que Estados Unidos elige hoy entre la versión Berlusconi (con un plan de deportaciones masivas y armas nucleares) y Claire Underwood. Entre nuestros comentadores progresistas la palabra más socorrida para referirse a Hillary Clinton es corrupción (seguida por establishment) sin embargo ninguno parece poder definir exactamente qué momento ni qué acciones de Clinton constituyen dicha corrupción. En este artículo me propongo repasar brevemente cuales son las acusaciones concretas que la prensa ultra progresista y la prensa conservadora de Estados Unidos han venido realizando sobre Hillary Clinton, y si estas acciones serían consideradas corruptas aplicando el estándar español.

Hillary Clinton proviene de una familia conservadora de Chicago, y consiguió su título de abogada en la universidad de Yale (equivalente a un máster en España) en 1973. Dos años más tarde se casaría con Bill Clinton, manteniendo su apellido de soltera (Clinton es en realidad su segundo apellido) y su carrera como abogada y activista, mientras su marido desarrollaba su carrera política en Arkansas. Siendo primera dama allí, fue atacada por la prensa por su activismo, hasta el punto de que los asesores de su marido la consideraran un peso muerto para la carrera de Bill hacia la Casa Blanca; de este periodo entre 1987 y 1992 no existen acusaciones por corrupción.

En 1993, siendo ya primera dama de los Estados Unidos, se vio obligada a adaptar su activismo hacia campos que no dañasen la presidencia de su marido (especialmente tras la campaña brutal que enfrentó al intentar impulsar un programa público salud universal para EEUU). Es alrededor de este momento cuando comienzan las primeras acusaciones periodísticas de corrupción que derivan en una investigación del FBI y la creación de una Comisión de Investigación del Senado en 1995, todas ellas son agrupadas tradicionalmente bajo la etiqueta de Whitewater. La primera de las acusaciones, que da nombre al grupo, está basada en el hecho de que durante la campaña presidencial de 1992 los Clinton invirtieron, junto con otra pareja de amigos, dinero de su pensión en una promotora inmobiliaria (Whitewater Development Corporation) que acabó quebrando. Ambas parejas perdieron el dinero invertido, sin embargo, el escándalo vino cuando un prestamista llamado David Halle acusó al presidente Clinton de haberle presionado para hacer un préstamo ilegal de 300 mil dólares a sus socios cuando este fue elegido gobernador en 1989. El FBI llamó a los Clinton a declarar como testigos en el caso, pero nunca fueron acusados por considerarse que estas acusaciones no podían ser probadas de ningún modo; vale la pena mencionar que tanto los socios de los Clinton como el su sucesor como gobernador de Arkansas fueron por la mala gestión de la compañía y fraudes fiscales. Aunque los Clinton no fueron acusados, la prensa conservadora de la época creó la imagen de que el presidente Clinton y la primera dama eran capaces de usar métodos corruptos para encubrir sus escándalos. En este marco destacan tres casos que serían investigados por la Comisión del Congreso: Travelgate, Filegate y la muerte de Vince Foster.

El llamado escándalo Travelgate – inteligente juego de palabras para equiparar el caso con el caso Watergate, un poco como el juego de la Beca Black de Iñigo Errejón – consiste en que siete empleados del servicio de viajes de la Casa Blanca fueron despedidos bajo acusaciones de desfalco y mal uso de los fondos presidenciales para desplazamientos. La prensa que habitualmente cubría la actividad de la Casa Blanca tenía afinidad por el director de la Oficina de Viajes, Billy Dale, que habitualmente también se ofrecía a coordinar sus desplazamientos; pronto, acusaron a Hillary Clinton de estar detrás del despido (en la época no era habitual que la primera dama se involucrase en gestionar el funcionamiento de los departamentos operando en la Casa Blanca) creando una campaña de mala prensa que presentó a la primera dama como una mentirosa, y forzó la readmisión de la mayor parte de los trabajadores obviando los descuadres en el presupuesto – una comisión política decidiría exonerar a Billy Dale de la responsabilidad sobre este descuadre. El segundo escándalo, conocido como Filegate, data de finales de 1996 y hace referencia a la noticia de que el presidente Bill y la primera dama habrían solicitado indebidamente ficheros personales redactados por el FBI, con el fin de utilizar esta inteligencia con fines políticos. La noticia creó gran malestar, y también fue investigada por la Comisión Whitewater, que en 1998 dictaminó que no había evidencia creíble de que el suceso hubiese ocurrido, ni tampoco de actividad criminal por parte de ningún miembro de la Casa Blanca.

Por último, el clima de conspiración en la prensa obligó a la comisión a investigar el suicidio en 1993 del exconsejero de los Clinton en la Casa Blanca, Vince Foster. Él había sido un amigo cercano y colega de Hillary Clinton en Rose Law Firm (Little Rock, Arkansas) que les había acompañado como asesor durante los años como gobernadores de Arkansas, y continuó trabajando con ellos por medio año en la Casa Blanca. Este corto periodo hizo que se desilusionase con la política, desarrollara depresión y acabase suicidándose de un tiro en la boca en un parque federal en Virginia (al que había ido para recuperarse). En el clima de sospecha contra los Clinton, algunos elementos de la prensa les acusaron de haber ordenado el asesinato de su amigo para cubrir una posible trama de financiación ilegal y corrupción – que quedó en el terreno de la conspiración – obligando a las autoridades a realizar cinco investigaciones independientes (las dos últimas en contra de la voluntad expresa de la familia) que corroboraron el suicidio como única posibilidad.

Es comprensible que la relación entre Hilary Clinton y la prensa no fuese la mejor, considerando el fin de la presidencia de Bill Clinton tras mentir en televisión sobre haber recibido sexo oral por parte de una trabajadora en prácticas (episodio tristemente referido como el escándalo Lewinsky, y como no, Monicagate). Pese a todo, y aunque buena parte de los progresistas europeos recuerden la presidencia de Clinton como la entrada triunfal de los economistas liberales en partidos socialistas y progresistas, la firma de NAFTA y las masacres en la antigua Yugoslavia, la presidencia de Clinton es recordada por buena parte de los estadounidenses como un momento de estabilidad económica y política, expansión económica e ilusión sobre las posibilidades de la Globalización. Es por esta razón que Hillary Clinton pudo presentarse por primera vez a una posición política electa como senadora por Nueva York en el año 2000 (siendo reelegida en 2006, y optando a la presidencia de EEUU en las primarias Demócratas contra Barack Obama en 2008). Tampoco existen acusaciones de corrupción relacionadas con su actividad política en este periodo. Un hito que vale la pena señalar es la creación en 2005 de la fundación Clinton Global Initiative (CGI) dedicada a la promoción de proyectos de desarrollo internacional.

A finales de 2008, el presidente Obama propondría a Hillary Clinton como Secretaria de Estado (una suerte de ministra de exteriores) para aplicar su política diplomática y estratégica en el exterior; esto la convertiría en la primera antigua primera dama en formar parte del gabinete de gobierno en la historia de EEUU. Es sobre este periodo del que más acusaciones directas o veladas de corrupción se han realizado, en parte porque es la primera ocasión en la que Hillary Clinton ha desempeñado un cargo político de designación presidencial con repercusiones internacionales.

Las acusaciones de corrupción pueden ser agrupadas en tres grandes bloques: Bengazi, los emails, y la fundación CGI. Me referiré en esta sección también al origen del dinero que ha recaudado durante la campaña electoral. Los casi cuarenta años de activismo y actividad política de Hillary Clinton, y sus choques con la prensa, son una parte fundamental para comprender el porqué del tratamiento social y mediático que han recibido estas acusaciones. Empecemos:

  • Benghazi, Libia, 2012: Errores en la defensa de la embajada estadounidense en la ciudad hacen posible el ataque de una milicia contra el embajador y el personal de la embajada. Un grupo de agentes de la CIA establecidos en un campamento cercano intentan socorrer y evacuar al personal en la embajada. El episodio termina con la muerte del embajador y otros cuatro ciudadanos estadounidenses; la reacción de otras milicias anti-islamistas en la ciudad contra el ataque provoca una escalada, que desencadena la Segunda Guerra Civil en Libia. El Congreso, mayoritariamente republicano, politiza el incidente intentando achacárselo a la negligencia criminal de Hillary Clinton. Entre 2013 y 2015 el senado gasta 7,1 millones de dólares investigando el papel de la Secretaría de Estado en el incidente, los 13 informes generados durante el proceso señalan errores de planificación y seguridad dependientes de otros organismos del gobierno, pero ninguna responsabilidad por parte de la Secretaría de Estado (y por extensión, de la gestión de Hillary Clinton).
  • Los emails: Durante los últimos comités en relación a Benghazi, se exploró la posibilidad de que alguien en la Secretaría de Estado hubiese cometido algún fallo de seguridad, haciendo accesible información estratégica o sensible sin querer. Para comprobarlo, la comisión solicitó a Hillary Clinton sus correos oficiales (que está obligada a facilitar) descubriendo que en algunas ocasiones había enviado correos personales usando ordenadores de la Secretaría de Estado. Esto llevó a que el comité pudiese solicitar al FBI que investigase todos los correos privados de Hillary Clinton. En este periodo, la tesis de la negligencia criminal de Clinton seguía circulando en medios de comunicación, siendo utilizada para prevenir su candidatura a la presidencia en 2016. En el transcurso de la investigación, el FBI descubrió la existencia de una red segura (un servidor priviado) instalada en la residencia de los Clinton; bajo la sospecha de que Hillary Clinton pudiese estar guardando información clasificada perteneciente al gobierno en su servidor privado, este fue también confiscado para su investigación. En julio de 2016 la investigación dictaminó que se habían producido algunos errores de seguridad, pero que estos no guardaban relación con Benghazi y no existía motivo para reprobar a la Secretaria de Estado. Hace apenas unos días, nuevos correos privados que Hillary Clinton habría enviado tiempo atrás a una colaboradora, y que estaban en el ordenador portátil de su marido (el antiguo congresista Anthony Weiner, del que se separó a causa de estar bajo investigación por enviar fotografías de sus genitales a diferentes personas, incluyendo una menor de 15 años) amenazaron con reabrir la investigación sobre si Clinton comprometió o no la seguridad nacional a causa de sus emails, el día antes de las elecciones el FBI confirmó que ninguno de los emails contenía información relevante para cambiar su decisión de no presentar cargos contra Hillary Clinton.
  • El trasvase de dinero entre Clinton Global Initiative y el patrimonio privado de los Clinton: Resumiendo de nuevo, existe el argumento de que la familia Clinton ha obtenido lucro personal de los fondos recaudados por la Fundación, incluyendo dinero donado por particulares para prestar ayuda a los damnificados por el terremoto de Haití en 2010. Explicar en detalle cada uno de los argumentos y casos daría para varios artículos, pero simplificadamente, se puede afirmar que la fundación CGI es una fundación real que utiliza la mayor parte de su presupuesto en ejecutar proyectos de desarrollo en varios países del mundo. Durante años la fundación se ha beneficiado de aportaciones provenientes de varios países, siendo uno de sus socios principales el Reino de Noruega, pero también otros países como el Reino de Marruecos, Arabia Saudí y Australia. Se ha especulado que países buscando influir en la acción exterior de Estados Unidos habrían realizado donaciones a la fundación, para ganarse la buena voluntad de Hillary Clinton (aunque no pueda señalarse ninguna relación entre la dirección de la política exterior de EEUU y estas donaciones). Wikileaks sin embargo ha compartido algunos correos internos en el que la hija de Clinton, Chelsea, pedía cuentas a uno de los colaboradores cercanos de su padre que por lo visto estaría utilizando las reuniones convocadas por la fundación para negociar inversiones y negocios en nombre de Bill Clinton (a lo que este respondía, a un tercer colaborador, que el expresidente también se había beneficiado de su nombre y sus contactos para recibir regalos y viajes, en paralelo a las tareas caritativas que pudiese estar realizando para la fundación). De todos modos, Hillary Clinton no tendría relación con ninguno de estos episodios.

Bill Clinton, del que se decía que poseía la agenda de contactos más valorada del mundo, participa desde 2011 en una agencia de asesoría para negocios e inversiones llamada Teneo. Por hacer cosas de rico, reunirse con actores empresariales y poner en contacto a personas de su agenda, cobra decenas de millones anualmente. Nada de esto es ilegal, aunque a muchos lectores progresistas pueda parecerles bastante injusto; y por supuesto, tiene poco que ver con la valía o la fiabilidad como candidata a la presidencia de Hillary Clinton. Digo esto porque muy pocos votantes se preguntan por las profesiones de las parejas femeninas de nuestros representantes políticos, que habitualmente se dedican a actividades muy similares a las que ejerce Bill Clinton, cada una a su escala; la línea en estos casos es que mientras sus familiares estén ejerciendo cargos políticos, estos no pueden beneficiarse de inversiones relacionadas con decisiones políticas tomadas por sus familiares. En EEUU, la tradición ha sido que los presidentes y sus parejas han cedido el control de sus inversiones a un Fondo Ciego que maneja su patrimonio durante su mandato, y los Clinton se han comprometido a hacerlo.

La pregunta final es, si Hillary Clinton fuese española y tuviésemos que juzgarla con el mismo estándar que juzgamos a nuestros políticos, ¿hablarían tertulianos y columnistas de corrupción? Lo más probable es que no, puesto que nunca realizamos preguntas sobre los fondos de inversiones de nuestros representantes, ni nos hemos escandalizado de que ministros del Interior, de Defensa, de Exteriores e incluso de Economía hayan hecho oídos sordos a las peticiones de control parlamentario por un año (y hablamos de poco talante democrático, pero no de corrupción). Tampoco en España consideramos inherentemente corrupto no conocer el contenido de los correos institucionales que los ministerios envían, ni las filtraciones a la prensa (incluso de informes policiales, y sumarios judiciales) y nadie ha planteado una moción parlamentaria para revocar la elección de una ministra (de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad) que tiene participaciones en una empresa listada entre los morosos a Hacienda. El calificativo corrupto hacia Hillary Clinton ha servido para inhibir el debate sobre las propuestas políticas de los candidatos, y poder llamarla bruja sin conocer con mejor detalle cual ha sido su trayectoria política y qué ideas apoya (algunas de las cuales, por cierto, me gustaría ver a políticos progresistas europeos intentar exportar y aplicar al conjunto de la Unión, como el salario vivible digno intereuropeo).

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