La casta ilegítima

La semana pasada escuchábamos unas declaraciones de la señora Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, en las que denotaba su desprecio hacia la clase trabajadora de nuestro país ponen de manifiesto lo que, en muchas otras ocasiones, ya habían dejado ver otros personajes que gozan de un status similar a la señora en cuestión. “No sirven pa’nada”, esta fue una de las perlas que espetó la respetable empresaria. Se trata de un complejo de superioridad, de un completo desprecio a lo que ellos consideran ‘subordinados’ o en el mejor de los casos ‘mano de obra’.
Este desprecio, altanería y prepotencia no es algo aislado como decía, muchos otros ‘hombres hechos asimismo’ como les gusta pregonar y que realmente son una casta, también han demostrado ese mirar por encima del hombro al trabajador. Hablan de los derechos de los trabajadores adquiridos con sangre, sudor, lágrimas e incluso cárcel y muertes como si de injustificados privilegios se tratase.
Estas manifestaciones no son flor de un día. Es una estrategia adoctrinadora cocinada en los fogones de las élites políticas y económicas, dada la redundancia, españolas. Su tesis ya la conocemos, consiste en hacer asumir al pueblo la culpa por los excesos cometidos en los años de bonanza económica. Esos años en los que “vivimos por encima de nuestras posibilidades”. Por tanto, ahora merecemos ser tratados con el más absoluto desdén y agachar la cabeza.

Por estas declaraciones, la señora Oriol se “disculpó” días más tarde aduciendo “una mala comprensión de lo expresado”, ¡vaya hombre!, además de no valer pa’nada encima somos tontos y no entendemos lo que dice, en fin…
Antes de ella muchos otros nos deleitaron con su buen hacer ante los micrófonos:
• El anterior presidente de la CEOE, el señor Gerardo Díaz Ferrán, nos regaló poesía para nuestros oídos con su celebérrimo “No se puede salir nada más que de una manera: trabajando más y desgraciadamente ganando menos”. Actualmente, este honorable señor se encuentra en prisión por múltiples delitos (alzamiento de bienes y delito fiscal entre otros).
• El presidente de la comisión de economía de la CEOE, José Luís Feito, planteaba hace dos años retirar el subsidio de desempleo a aquellos trabajadores que rechazasen una oferta de trabajo “aunque fuera en Laponia”.
Independientemente de la desfachatez que denotan estas declaraciones cabe reflexionar acerca de la legitimidad que tienen estas personas para emitir este tipo de juicios. A mi humilde entender, no es aceptable ni de recibo admitir este tipo de soflamas que luego son difundidas por los esclavos medios de comunicación que tenemos en nuestro país, la gran mayoría de ellos al menos.
No es admisible que quien, gracias a su proximidad al poder político, consigue alcanzar un cierto nivel económico a base de contratos con la administración pública, esa administración de la que tanto reniegan cuando a la prestación de servicios básicos sociales se refiere, pretendan sentar cátedra acerca de cuáles deben ser las prestaciones y el estilo de vida que buenamente pueden llevar los trabajadores. Muchos de ellos repiten otro de los mantras en favor de la precariedad laboral que los dos últimos serviles gobiernos a la troika nos han ‘regalado’, esa frase que dice que “mejor tener un trabajo precario de 400 euros que no tener nada”. Como dice Raimon: “No, jo dic no, diguem no. Nosaltres no som d’eixe món.”
Aquellos que a costa del sufrimiento de los demás, de beneficiarse de la precariedad de los salarios que pagan amasan grandes fortunas no tienen ninguna legitimidad para propugnar la miseria de los trabajadores. Los que se benefician de su influencia para que se legisle en su favor, no nos pueden convencer de esa falacia. ¿Pero cómo va a vivir alguien con un salario mínimo de 645 euros y además pagar hipoteca, tener hijos y comer?
Y aún tienen la desvergüenza de aducir argumentos referentes a los méritos. ¿Méritos como el de Diego Martínez Santos? Este chico obtuvo el premio al mejor físico joven de Europa el pasado año, sin embargo, parece ser que en España no hay sitio para él.
¿O méritos como el de cualquier joven dirigente de juventudes de algún partido político?
En fin, para acabar, considero esencial que la gente tome conciencia de cuál es la situación actual. Que por difíciles que sean las circunstancias la dignidad no nos puede ser usurpada, arrancada de raíz por toda una serie de presuntos. Que ante aseveraciones tan indignantes y falaces como los nombradas más arriba uno no puede permanecer callado, pusilánime o anestesiado. Despertemos del marasmo en el que nos encontramos y volvamos a decir “NO. Diguem no, nosaltres no som d’eixe món.”

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