La campaña de los inmovilismos, reformas y procesos

Si algo está estos días en boca de los políticos, y más después del pasado 6 de Diciembre, es el debate en torno a la Constitución de 1978. Inmovilismo, reforma constitucional, garantías constitucionales, proceso constituyente… cada partido se nombra a sí mismo como abanderado de una de ellas. En este artículo no quiero caer de nuevo en la discusión entre reforma o proceso, para eso ya está mi anterior artículo ‘Revolución pasiva o proceso constituyente’. En este artículo voy a intentar desgranar –con más prudencia que temeridad, pero con cierto atrevimiento- la estrategia que está llevando a cabo Podemos en este momento constituyente.

Pero antes me gustaría centrarme en la dificultad que existe en nuestro sistema político para reformar la Constitución, y que en el anterior artículo que he citado me lo dejé en el tintero. En España, así lo desarrolla el Título X de la Carta magna, es el poder constituido –gobierno, Congreso, Senado y cámaras legislativas de las Comunidades Autónomas- el sujeto que tiene la iniciativa para reformar la Constitución a través del llamado ‘poder constituyente constituido’ excluyendo la iniciativa popular, al verdadero portador del poder constituyente, el pueblo. Los procedimientos de esta reforma, tanto el ordinario como el extraordinario, en un Parlamento como parece que va a ser el de la próxima legislatura –caracterizado por la pluralidad de actores e inexistencia de grandes mayorías- bloquearían la voluntad del poder constituyente constituido de reformar la Constitución. Cosas como esta ya las vaticinaba hace apenas unos días alguien nada sospechoso de izquierdista como Francisco Marhuenda en Al Rojo Vivo, cuando señalaba que los progres creen que van a reformar la Constitución pero realmente, por lo que he señalado anteriormente, no van a poder. Todo un referente Marhuenda. Esto, en definitiva, es lo que llamamos ‘cláusulas de intangibilidad’, la excesiva dificultad y cuasi imposibilidad material de reforma; los candados constitucionales.

Volviendo a la actualidad, podríamos señalar que vivimos un momento o una campaña constituyente en la que, tras años destituyentes protagonizados por la protesta social y un sistema de partidos incapaz de canalizar y expresar el descontento, la confrontación se produce ahora en la arena electoral generando una nueva dinámica de activación popular. Por parte de Podemos nos hablan de propuesta constitucional en forma de cinco garantías –reforma ley electoral, de la justicia, blindaje de los derechos sociales, prohibición de las puertas giratorias y derecho a decidir-. Reforma no es un término del que abusen, sino que recurren a estas garantías pero siempre destacando el papel de progreso que desempeñó la actual Constitución de 1978. Es aquí donde cobra importancia la estrategia de Podemos en este sentido constitucional con intención de crear una mayoría heterogénea, construir consenso alrededor de esas cinco garantías constitucionales que ellos proponen con una mirada larga, más allá de estas elecciones. Vayamos por partes.

Hace relativamente poco, el partido de Pablo Iglesias nos sorprendía convocando una movilización para el día 6 de Diciembre donde invitaba a toda la población que apoyase estas cinco garantías a reivindicar que este día, el de la Constitución y lo que ello significa no podía ser un día apropiado por las élites, sino que todos los avances logrados hasta ahora habían sido gracias al esfuerzo de la gente de abajo y que, si se había roto el pacto social emanado de 1978, había sido por la traición de las élites económicas. Con esto, Podemos entiende la batalla por una nueva Constitución democrática como una forma de construir un pueblo apuntando a los anclajes identitarios nacionales más asentados –la Constitución de 1978 y el relato de la Transición-. Siguiendo a Íñigo Errejón, esta estrategia de Podemos tendría la capacidad de integrar sectores diversos por la ambivalencia de los referentes centrales de su discurso. Podemos, a través de sus cinco garantías y su maniobra constitucional, logra valerse de los consensos y elementos culturales más asentados en el sentido común de época que siguen mostrándose vivos y válidos en gran parte de la población y movilizarlos contra las élites.

En cambio, hay una cosa de la que no podemos pecar, y es, en mi opinión, de excesivo idealismo a la hora de hablar de la demanda de un proceso constituyente. La idea de un proceso no es, de momento, una palanca que genere mayorías favorables al cambio político. En España no disponemos todavía de esa palanca, más bien, a partir de la próxima legislatura, tendremos en nuestras manos las cizallas que rompan los candados del Régimen del 78. Es aquí donde las cinco garantías de Podemos recobrarán fuerza. Es decir, estas cinco garantías son ya consenso en la sociedad española –incluso Ciudadanos habla en campaña de blindar los derechos sociales, gran victoria ésta por parte de Podemos- y, en el momento que estos candados no permitan una reforma que ponga en marcha las demandas del pueblo, quedaría plantear un referéndum donde se decidiese si se quiere activar el poder constituyente para poner en marcha los cambios que piden los ciudadanos y ciudadanas de este país. Cómo planteen los partidos esta situación es muy importante, pero pienso que Podemos la encabezaría con ventaja en la divisoria entre continuistas y partidarios del cambio.

En definitiva Podemos en esta campaña está tendiendo la mano a aquellos que lograron los avances que nos han traído hasta aquí y extendiendo la otra hacia los que no renuncian a tener un futuro mejor. Un pie en el consenso común de época y otro en sus posibilidades emancipadoras. Gracias 1978; bienvenido 2016.

Foto principal: juanma-enbuscadelsentido.blogspot.com

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