La caída del Muro: estructura y oportunidad

Nuestra cultura ha desarrollado básicamente dos tipos de relatos para comprender la realidad política: el determinismo y el heroísmo. En el primer caso son las grandes fuerzas económicas y geopolíticas las que impulsan el destino común, en el segundo, los eventos concretos (huelgas, rebeliones, discursos épicos) los que transforman la situación; ambos relatos encierran un punto de vista filosófico sobre las posibilidades transformadoras y el papel de las acciones individuales en el proceso. Casi todos los historiadores coinciden en que los procesos de cambio son profundos, multifactoriales y turbulentos…, sin embargo los eventos memorables (comúnmente conocidos cómo hechos históricos) pueden ser leídos cómo algo más que manifestaciones aparentes del cambio y encierran valiosas lecciones para afrontar críticamente nuestra realidad actual.

Un ejemplo perfecto es la rueda de prensa internacional ofrecida por Günter Schabowski el 9 de noviembre de 1989, posiblemente el error de comunicación política más grande del siglo pasado.

El 7 de octubre de 1989 el gobierno de la República Democrática Alemana gestionaba una situación muy delicada: el autoritarismo del gobierno, unido a la frustración derivada de que el socialismo real se hubiese transformado en un sistema de castas (la movilidad interna dentro de la RDA estaba fuera de cuestión, pero el único modo de prosperar mínimamente en el terreno profesional era ceñirse al ámbito de socialización al que pertenecían tus padres) había activado una fuerte movilización ciudadana inspirada por las victorias políticas del pacifismo en las últimas décadas, y dinamizada  por años de intercambios formativos con activistas occidentales favorables a un modelo liberal de democracia. El único reto similar al gobierno de la RDA había sido aplastado militarmente en 1953 con la colaboración de las tropas rusas, sin embargo en 1989 Mijail Gorvachov había planeado renunciar activamente a la tutela sobre sus aliados del Pacto de Varsovia para concentrar todos sus esfuerzos exclusivamente en salvar la Unión Soviética. Ese mismo mes de septiembre, el presidente Gorvachov hizo declarar en nombre del ejército soviético (con 400mil efectivos en suelo de la RDA) que se abstendría de invervenir en la situación política del país, y que en todo caso, si la situación les obligaba a tomar partido lo harían a favor del pueblo de la República Democrática de Alemania. Hasta los aliados regionales con los que la RDA tenía tratados como Hungría se negaron a repatriar a los inmigrantes alemanes que eran sorprendidos tratando de sortear ilegalemente el muro de Berlín a través de sus fronteras – decenas de miles a través de la República Checa y Hungría – La política a todos los niveles exigía cambios, renovaciones graduales y modificaciones estratégicas para mantener el sistema;  el Partido Comunista forzó la renuncia del presidente Honecker en octubre y el nuevo gobierno de Krenz ideó un nuevo rumbo político.

Una de las medidas estrella anunciada en la rueda de prensa del día 9 iba a ser el levantamiento de la prohibición para viajar libremente a Berlín Oeste; previa autorización los alemanes de la RDA podrían cruzar al otro lado para reencontrarse con familiares, trabajar o simplemente gozar de unas breves vacaciones paseando por la media ciudad vecina (del mismo modo que hoy los turistas chinos recorren el mundo, sin que eso afecte a su ciudadanía). El ejecutivo pensaba que había comenzado un camino de reformas graduales pero un error de comunicación esa misma noche les iba a tocar de muerte.

En el turno de preguntas, el periodista italiano Riccardo Ehrman se dirigió a Günter Schabowski para averiguar cuándo exactamente iba a terminar la prohibición de viajar a Berlín Oeste; en un alarde de sentido propagandístico mal empleado el miembro del Politburó respondió «Ab sofort» (de inmediato). En momentos de crisis profunda las palabras de los líderes políticos cuentan, no importa que el ministro no tuviese competencias sobre la materia ni tampoco que el plan estubiese diseñado para empezar a implementarse a partir de la siguiente semana, la gente entendió que el  muro había caído (y con estos términos empezó a retransmitirse por todo el mundo). Miles de Berlineses, llamados por la simple curiosidad de poder cruzar al otro lado para pasear y ver a sus parientes antes de volver a trabajar al día siguiente, se agolparon frente a los puntos de control del muro; su curiosidad se volvió frustración y hasta cierto punto ira cuando unos guardias confusos se negaron a autorizar su salida porque no habían visto la rueda de prensa y tampco nadie les había informado de lo que debían hacer. La noticia de que no estaban abriendo el muro llamó a otros miles de berlineses, esta vez de ambos lados junto a la prensa que empezó a retrasmitir en directo la situación. Finalmente, el responsable del punto de control de Bornholmerstraße decidió ceder a la tensión haciéndose a un lado y dejando a la gente cruzar sin tomar datos; el resto de controles fueron abriéndose a lo largo de la noche sin orden ministerial ni protocolos de represión violenta. La credibilidad y la capacidad de gobierno real del Partido Comunista quedó destruida esa misma noche, los líderes activistas y la oposición vieron como un proceso de descomposición que ellos calculaban que duraría varias décadas se precipitaba en menos de una semana. A finales de mes el presidente Kohl de la RFA presentaba el plan de reunificación, que obligaba a celebrar unas elecciones sin tutela para elegir un gobierno oriental de transición. El Partido Comunista  fue hundido en las urnas y subió una oposición que negoció en condiciones de evidente inferioridad la unificación de las dos alemanias. Las raíces del conflicto social eran profundas, multicausales y se hundían en motivaciones que bajaban desde lo geoestratégico hasta lo local; pero fue un evento, una  pregunta breve mal respondida en una rueda de prensa la que  convirtió la hoguera de las reformas políticas en el incendio forestal que terminó por arrasar la RDA.

Con el 25 aniversario de la caída del muro se han realizado todo tipo de lecturas. Los lectores también habrán sacado sus propias conclusiones pero me gustaría destacar dos aspectos: en tiempos de crisis la comunicación de las instituciones puede ser la diferencia entre la confianza en la continuidad o el deseo de quiebra; y también, que el colapso de la RDA estuvo influenciado por factores de todo tipo pero solo se materializó a través del uso decidido de una situación simbólicamente potente por parte de la oposición organizada. No existe sistema que dure eternamente por bien ideado que esté si la oportunidad aparece mientras se está trabajando.

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