La beneficencia como modelo de bienestar

Es evidente que todo aquello que aparece en televisión no es inocuo, no es inocente. Detrás de cada anuncio de publicidad o de cada programa se esconde un propósito y se pretende transmitir unos valores de conducta que, en muchas ocasiones, no analizamos y asumimos acríticamente. Este propósito, a mi entender debe ser puesto en cuestión, máxime si el canal que lo exhibe es un canal público. En este punto, el programa “Entre todos” de TVE, considero que tiene una pretensión clara. Ésta es la de hacer cotidiano, normal, la resolución de problemas familiares y sociales, que debería cubrir un Estado del Bienestar de un país serio, por parte de otros ciudadanos. Y así lo expresó un trabajador social que entro por vía telefónica en el programa.
Cierto es que, con el desmantelamiento del Estado del Bienestar experimentado durante esta estafa (crisis), el papel de las redes solidarias y familiares sostienen en gran medida a muchos hogares y frenan lo que sería un lógico estallido social.
Volviendo a la llamada de este trabajador social, a grandes rasgos decía que esta especie de beneficencia y difusión de la miseria que hacía dicho programa es deleznable y que, lo que se pretende es vender esta solución como única alternativa ya que el papel que hasta ahora cumplía el Estado ya no lo va a seguir cumpliendo.
Considero que aquellos que defendemos lo público, aquellos que defendemos la igualdad de oportunidades material como única manera de alcanzar un mínimo de libertad de decisión no podemos estar callados ante este intento de sustituir el mejorable Estado de Bienestar que tenemos por la simple caridad.
Es innegable que estas iniciativas de colaboración ciudadana, de fraternidad y empatía con el semejante, son a mi entender valores deseables en toda sociedad. Ahora bien, desde mi punto de vista el problema viene cuando estos valores se venden como la única alternativa. No podemos aceptar que, con la excusa de esta generosidad, desde la televisión pública estatal se haga apología de las recetas que desde el gobierno de la nación nos quieren imponer. Esto es, la eliminación de la función de red que el Estado ejerce cuando, por causas sobrevenidas, la coyuntura económica lleva a las familias a la pobreza.
Se asume, como dogma incontestable, que todos tenemos igualdad de oportunidades y se sataniza a aquellos que, por la pérdida del empleo no pueden hacer frente a sus pagos y se ven, en ocasiones, en una encrucijada que les angustia su día a día.
También se repite constantemente que tenemos una cobertura sanitaria, de pensiones o de dependencia que no nos podemos permitir y que esto se debe a los excesos de la época de bonanza en que tanto en pensiones, como en sanidad y educación, el Estado asumió con desmesura gastos que ahora toca recortar para que la viabilidad del sistema se garantice a largo plazo.
Aquellos que lo dicen, son los que llevan a cabo el abordaje 3D como dice Antón Losada en su libro “Piratas de lo público”. Según explica el politólogo gallego, este proceso de abordaje consta de tres fases: Deterioro, Descapitalización y Desmantelamiento.
Todo este proceso tiene el cometido final de crear una falaz impresión a ojos de la gente, apoyados por sus voceros afines, de que el sistema de bienestar es insostenible porque lo público es intrínsecamente ineficiente. Por ello, debe pasar a manos privadas que gestionen siguiendo los criterios empresariales de optimización de los recursos.
Claro, ¿a quién no le gusta que los recursos sean optimizados?
Para su desgracia, pese a todo el descrédito que tiene la política en los tiempos oscuros que vivimos, las mareas de todos los colores han demostrado que las personas todavía siguen confiando y reclamando el papel del Estado para que los derechos asistenciales básicos sean asegurados y no estén sujetos a los balances de las empresas.
Además, la semana pasada el Consejo de Estado criticaba al gobierno que en la ley aprobada el 17 de enero para reducir organismos los recortes están focalizados principalmente en los organismos públicos destinados a la función social.
Por todo esto, creo que debemos, como dijo el trabajador social que llamó a “Entre todos”, que el Estado siga cumpliendo su papel de garante de los servicios imprescindibles, aunque no suficientes, que garantizan un mínimo de justicia social.
Porque “entre todos” contribuimos mediante los impuestos, solidariamente, a sostener todo este sistema. Aquel que quiera sanidad, educación o planes de pensiones privados, que se lo sufraguen ellos mismos.
De no ser así, ¿deberíamos pensar que no se cumple el artículo 1.1 de la Constitución española?
1.1 CE. “España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”.
Del mismo modo, el partido político que en campaña promete no recortar ningún servicio público y, con esas mentiras alcanza el poder, ¿qué legitimidad tiene para pedir que se entiendan los esfuerzos que piden?

Related News

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported (CC BY-SA 3.0)

UA-55908739-1