“Hipótesis Podemos”: una estrategia ‘líquida’

Hoy, a apenas 4 días de que se cumpla el quinto aniversario del 15-M, encontramos una España política y social que poco se asemeja a la de aquellos días. Los tiempos se han acelerado, tanto que, por aquel entonces, teníamos un gobierno de color rojo que en breve convocaría elecciones anticipadas. Estos nuevos comicios presentaban a un PSOE débil y sin un proyecto alternativo claro a esa austeridad y, por otro lado, a un PP con un candidato que había perdido las últimas dos contiendas electorales, Mariano Rajoy, quien acabaría siendo presidente del nuevo Gobierno de España con mayoría absoluta. Atendiendo a esta inmediato relato de los hechos pareciera que hay una contradicción entre esto y lo afirmado más arriba sobre la poca semejanza con el país de hace un lustro.

Otro aniversario cercano, en este caso el segundo, es el de las elecciones al Parlamento Europeo que fueron el escaparate y el nacimiento electoral de Podemos. Sin duda, pese a las filias y las fobias que despierta, la formación morada ha sido y es el catalizador principal que ha sacudido el sistema político y roto los equilibrios existentes en el espectro de la izquierda política y también en un eje de renovación/regeneración. Terrenos en los cuales, como se suele decir, el pescado estaba vendido.

Tras esta introducción, entro al meollo de lo que ocupa a este artículo, que no es otro que el de analizar lo que ha dado en llamarse, en palabras de sus propios dirigentes, la “Hipótesis Podemos”. Para entender a qué se refiere está expresión es fundamental leer con detenimiento la larga entrevista, que consta de dos partes, de Pablo Iglesias en la New Left Review en su número de mayo-junio del pasado año.

En ella reconoce que Podemos debe trabajar por un escenario en que las alternativas posibles sean dos: el PP o ellos. De esta manera, continúa, cree que el sorpasso (del que tanto se habla ahora) al PSOE podría ser factible, sin embargo lo que descarta por completo es la desintegración o pasokización del PSOE. Considera que, en un escenario de superación de Podemos al PSOE, éstos tendrían que escoger entre entenderse con ellos o con el PP, con la consiguiente penalización que eso conllevaría para el PSOE.

Bien, este guion no se ha cumplido en el escenario post 20-D. Pero podemos observar que la trazada no está del todo mal tirada. Si bien en las pasadas elecciones no hubo ese sorpasso, el resultado obtenido por Podemos y sus confluencias le permitieron mirar de tú a tú a los de Sánchez, cosa que no había sucedido anteriormente. Nunca el PSOE había tenido a su izquierda una fuerza que amenazase su hegemonía.

Por ello, la “hipótesis Podemos” ha ido adaptándose, y por ello hablo de una estrategia ‘liquida’, a la coyuntura del momento. Para constatar esta afirmación basta con tirar de hemeroteca. Un simple vistazo a artículos y vídeos de los momentos clave.

En un primer momento y con la ‘fortaleza’ que daban las encuestas con altas tasas de intención de voto (cercanas al 30%), Podemos se mostraba reticente a pactar (excepto para elecciones municipales) con otros partidos, aludieron a la negativa de las ‘sopas de siglas’ y, posteriormente, a no ser la tabla de salvación de ningún partido (refiriéndose a IU). La idea de ‘Marea’ o ‘confluencia’ era algo que no entraba en los planes iniciales. Ese pensamiento alcanza su cénit el 31 de enero de 2015 con la concentración que se bautizó como ‘La marcha del cambio’. Sin duda una demostración de fuerza y de poder de convocatoria que aceleró (sólo hay que mirar las encuestas de Metroscopia para El País tras este hecho) lo que Josep Oliu (presidente del Banco Sabadell), denominó ‘un podemos de derechas’ y que finalmente cristalizó en ese florecimiento de C’s como fuerza de ámbito estatal.

Tras un año de varios errores, de presión mediática y caída en las encuestas (luego se comprobaría que tenían efecto burbuja) Podemos abre la posibilidad a romper esa hoja de ruta marcada en su asamblea fundacional de Vistalegre (Octubre 2014) y explorar la estrategia de pactos prelectorales que cristalizaría con éxito en Galicia (En Marea), Catalunya (En Comú Podem) y País Valencià (Compromís-Podem-Éselmoment).

Escenario 26-J

Pese al gran resultado obtenido por Podemos y sus distintas confluencias el 20-D, éste se mostró insuficiente para llevar a la práctica de forma efectiva su hipótesis. Así el PSOE, optó por pactar un documento con C’s inasumible, por incompatibilidad, para el proyecto de Podemos con la intención de mostrar a los de Iglesias como intransigentes, radicales y con ansias de ‘sillones’.

Por este motivo, y con el objetivo de atenuar las disfunciones de nuestro sistema electoral, este lunes Alberto Garzón y Pablo Iglesias anunciaron un preacuerdo electoral para concurrir juntos Podemos e Izquierda Unida en todo el territorio del Estado, pacto al que también se ha adherido EQUO. De este modo atrás quedan muchos de los adjetivos altisonantes que se han lanzado ambas formaciones durante este proceso (con mayor intensidad por parte de Iglesias) en pro de un objetivo mayor de cambio de país.

Además, como señalaba antes creo que Podemos se ha dado cuenta (aunque ya lo sospechaba) de que el PSOE no va camino de ser el PASOK, ni a corto ni a largo plazo y, además, a Podemos ya no le queda mucho tiempo para ser un ‘partido nuevo’. La lógica representativa al final los hará ser, sino iguales, al menos bastante similares al resto de partidos. Por lo tanto, ahora todavía pueden jugar esa carta y presionar a un PSOE que pierde por la brecha generacional (no sólo por eso) una masa de votantes nada despreciable y que no parece vaya a recuperar a corto plazo.

Así, ante un posible escenario de sorpasso al PSOE, los de Sánchez se verían en la difícil situación de decidir optar por un gobierno de izquierdas, de cambio o progresista (elijan según su gusto) o el de facilitar un gobierno del PP con C’s.

Como ven, una estrategia ‘líquida’ adaptada a cada momento, pero una hipótesis perenne.

Foto portada/Youtube

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