Hegemonía, Mass Media y el 13-N

La hegemonía, concepto de gran importancia para Gramsci, vive un momento de absoluta candencia. Actualidad absolutamente explícita, no sólo para mentes conscientes y críticos sistémicos sino para la gran mayoría de ciudadanos.

La Hegemonía, siguiendo los presupuestos fundamentales de Gramsci, se entiende como la capacidad de unificar a través de la ideología un bloque social heterogéneo bajo las directrices de un reducido grupo dominante. Estas élites logran mantener unida a una sociedad heterogénea a través de la acción política, ideológica y cultural. Dentro de la acción cultural una parte imprescindible es la que llevan a cabo los Mass Media. Los medios de comunicación de masas, a través de su poder mediático, tienen una gran capacidad de influencia en todos los ámbitos de acción. Es decir, la hegemonía cultural se puede manifestar de formas diversas, y una forma importante es la que se realiza a través de los medios de comunicación mediáticos y la utilización del lenguaje.

La apropiación del debate público y la modelación de la opinión pública es una de las claves y de los ejercicios más importantes para las élites dominantes que disponen de un aparato mediático con gran capacidad de influencia y difusión. Esta modelación de la opinión pública se realiza a través de la apropiación del lenguaje donde se crean y se difunden una serie de conceptos clave hacia el ideario colectivo. Toda la maquinaría mediática se ha puesto en funcionamiento de forma contundente tras la tragedia del 13-N.

Diversos ejemplos de apropiación del lenguaje y de propagación de conceptos se están dando durante el tiempo transcurrido desde los atentados. La trivialización de la palabra “guerra”, la lucha por la paz y por los valores universales (occidente como único garante de ellos), la dicotomía entre “barbarie-civilización”, las llamadas a la unidad, la revalorización de símbolos nacionales, etc. Una serie de ideas y de conceptos que se repiten sin cesar y van calando en la sociedad, una sociedad que las interioriza como propias y las reproduce en la cotidianeidad, dejando así de lado otras problemáticas políticas, económicas o sociales.

Todo ello a través de una orquestación de los diferentes lideres mundiales, que han dejado de lado cualquier diferencia para centrarse en un enemigo común y universal. Y es que no hay nada más efectivo y amedrentador que el miedo dirigido hacia un enemigo universal (real o creado) en el que se puedan centrar todos los esfuerzos y miradas. Tengo que matizar que no estoy negando la existencia de un problema a resolver con “Estado Islámico”, sino lo que critico es cómo se está abordando la problemática y lo que subyace detrás del cómo.

Esta táctica de las élites dominantes a través de la utilización de “lo mediático” se difunde a través de la moralización del discurso, del desarrollo de una estrategia de simpleza y rapidez comunicativa donde cada día existen nuevas informaciones (incluso sin contrastar) para que no exista un tiempo de asimilación y de reflexión crítica que pueda despertar intereses alternativos sobre el surgimiento de Estado Islámico, sobre las actuaciones que han llevado a cabo los países occidentales, sobre los intereses económicos existentes o sobre otros territorios golpeados por el terrorismo de dicha organización, que no están teniendo tanta divulgación.

La falta de análisis crítico de la situación hace que la gente guíe sus opiniones y razonamientos a través de prejuicios, todo ello fomentado por una estigmatización sutil de determinados colectivos donde se deslizan ciertas sospechas que van calando. Ejemplo claro de ello es la posibilidad de entrada de terroristas yihadistas a través de los refugiados que están intentando cruzar Europa. Una situación que está siendo aprovechada por las élites políticas y económicas para legitimar la falta de responsabilidad y de solidaridad europea.

Otro colectivo estigmatizado es el musulmán, los atentados en nombre de la religión que realizan los terroristas yihadistas son interpretados como actos en nombre de la religión musulmana, sin diferenciar el fundamentalismo y la interpretación propia del Corán que realizan los terroristas que no tiene nada que ver con el islam. Me gustaría detenerme en este sentido ya que el fundamentalismo es una degeneración de la religión a la cual son proclives las tres grandes religiones monoteístas (cristianismo, judaísmo e islamismo). Muchos debates públicos se han abierto para desvalorar la religión islámica en nombre de prácticas aberrantes que realizan algunos en nombre de esta religión y parecemos tener poca memoria de las barbaridades que se han hecho y se siguen haciendo en nombre del cristianismo. Algo que no significa que no tengamos que denunciar y detener cualquier práctica que atente contra las libertades y los derechos fundamentales, pero tenemos que hacerlo de forma reflexiva y crítica para abordar las diferentes problemáticas de la forma más certera posible, y este camino es el que no se está eligiendo en la actualidad.

Como conclusión, es necesaria una actitud crítica ante los Mass Media ya que estos suelen servir a una serie de intereses hegemónicos. La actitud crítica y perspicaz de la ciudadanía facilitará que tanto los medios de comunicación de masas como las élites políticas y culturales tengan una mayor responsabilidad a la hora de abordar problemáticas tan fundamentales como el terrorismo. Evidentemente no toda la responsabilidad es nuestra, pero sí existe un amplio espectro de poder que podemos utilizar ante las élites hegemónicas que intentan aprovechar cualquier debilidad para refortalecerse.

Por Rafa García. Estudiante del doble grado en Sociología y Ciencias Políticas por la Universidad de Valencia.

Foto principal: http://es.paperblog.com/el-cuarto-poder-3022918/

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