El ‘ghosting’ en las nuevas formaciones políticas

Sean Penn y Charlize Theron mostraban una imagen de pareja consolidada dentro de la industria hollywoodiense hasta que la prestigiosa actriz y modelo sudafricana decidió de un día para el otro romper esta relación. Al parecer ella dejó de responder cualquier tipo de mensaje y llamada en sus dispositivos electrónicos. No fue ninguna pionera, al parecer cada vez son más las relaciones que terminan de este modo. Esta forma rápida y limpia de dejar una relación ha superado el clásico SMS o su más reciente versión WhatsApp y parece ser un método cada vez más empleado especialmente entre la juventud. Pero, ¿por qué ocurre esto? Al parecer en una era en la que las relaciones sentimentales nacen en muchas ocasiones de la mano de aplicaciones como Tinder o Grindr resulta más fácil evitar el conflicto desde la distancia y el anonimato relativo que estas aplicaciones nos ofrecen. No sin consecuencias dramáticas para el que lo practica y el que se sitúa como víctima de este nuevo silencio administrativo negativo. No cabe hacerse más preguntas, si no contesta no quiere nada contigo. Muchas relaciones son pues intensas y cortas en el Siglo XXI. Esta aparente cobardía puede situar a la víctima, independientemente de su grado de culpabilidad en la ruptura, con la posibilidad de volcar toda su frustración y rabia para con la otra persona. Imágenes de contenido sexual o conversaciones privadas pueden terminar bajo dominio público presas de un arrebato sentimental. El mismo formato telemático que sirvió para enamorarse se convierte pues en la plataforma mediante la cual se produce el fin de la historia amorosa y el canal mediante el cual se trasmite el odio. Evidentemente esto depende enteramente de la persona y como esta canalice sus sentimientos. Los habrá que se limiten a retirarse del mercado o que agilicen sus dedos para encontrar una versión 2.0 de su anterior pareja.

El CIS nos ha demostrado en varias ocasiones cómo los nuevos partidos políticos (Podemos y Ciudadanos en el panorama nacional) son pioneros a la hora de utilizar con acierto las posibilidades que las redes sociales nos ofrecen. Sus votantes son a su vez los más activos, lo que nos dibuja el grado de importancia que estos nuevos mecanismos han tenido en su desarrollo y posiblemente en su consolidación. Twitter o Facebook están llenos de hooligans que pelean a capa y espada por sus siglas pero que a su vez parecen perder entusiasmo a la mínima de cambio. Los problemas que la formación morada está atravesando en las últimas semanas se manifiestan en el descontento de muchos de estos simpatizantes, enfadados con los que entienden como sus representantes y que no dudan en resquebrajar a sus líderes a base de frases ingeniosas, comentarios irritantes o incluso manifestaciones de odio. Así pues, como ocurría con Tinder y Grindr, Twitter y Facebook se convierten en las plataformas mediante las cuales nace el amor y del mismo modo en las que se manifiesta la ruptura. Relación intensa y corta. El ghosting aquí es el abandono de las redes sociales. La trasmisión de imágenes de contenido sexual o conversaciones privadas se manifiestan aquí como críticas a sus antiguas formaciones políticas. El resultado de todo esto es la abstención o la volatilidad electoral.

Los nuevos partido políticos deberían entender cómo se forma un partido político, quizás, muchos de ellos especialistas en Ciencias Políticas deberían releer sus viejos manuales sobre partidos políticos. Debería releer a Alan Ware o a Giovanni Sartori, quizás en ellos hallen las respuestas a una pregunta que todavía no se han formulado: ¿Cómo eliminar el ghosting entre sus simpatizantes y recuperar lo que algún día fueron?

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