Gestionar y Caminar

Todos sabemos que en este país lo que importa es la “buena gestión”. Argumento que se utiliza constantemente cuando se quiere desprestigiar las acciones del gobierno de turno, ya sea en un Ayuntamiento, Comunidad Autónoma o Gobierno del Estado. Esta gestión, referida generalmente al ámbito económico (hegemónica y equivocadamente atribuida a la derecha política) es puesta en el centro del “debate” para desviar la atención y ridiculizar medidas que quizás no sean urgentes pero que sí son importantes.

Como no podía ser de otra manera esto sigue ocurriendo en estos tiempos de convulsión política que llevamos viviendo en nuestro país desde el punto de inflexión que supuso las elecciones europeas del pasado mayo de 2014. Este fenómeno se ha visto acrecentado con la recuperación o irrupción de fuerzas progresistas al mando de muchas instituciones públicas a lo largo y ancho del territorio español.

No importa la medida, ya sea retirar bustos de anteriores Jefes de Estado, ya sea proponer la supresión de nombres del régimen franquista de las calles de nuestras ciudades o pueblos, ya sea proponer mecanismos de participación ciudadana o apartar de los actos religiosos a los cargos públicos ¡qué blasfemia!,… Sabemos que no importa, lo fundamental es “gestionar y trabajar” y en eso ellos, muchos de los que ahora pasan frío en la oposición, son los mejores. Además, no necesitan demostrarlo con datos, la tradición dice que ellos son los que gestionan bien, y PUNTO. Ya lo dijo nuestro querido Alfonso Rus antes de que se escuchase su “ejercicio de contabilidad” en el coche con Marcos Benavent: “Gestionem de puta mare”.

Y hay que reconocer que viendo sus patrimonios o sus austeras vacaciones no les falta razón, lo suyo, a costa de lo de todos, prospera. Véanse las austeras vacaciones de Mr. Bárcenas al Valle de Arán o el chapuzón desde el barquito del “artífice del milagro económico español” don Rodrigo Rato. Son todo buena gestión ¡joder!

Los grandes gestores que falsificaban la contabilidad en la Comunidad Valenciana (con su posterior sanción al Estado por parte de la UE) o adjudicaban concursos públicos a presuntos chorizos mediante la Púnica o la Gürtel (por supuesto ellos, los grandes gestores, nunca imaginaron que eran gente indecente) ahora pretenden, y muchas veces lo consiguen, marcar la agenda de quienes detentan el poder. El barro es su terreno de juego favorito y los árbitros (La Razón, El Mundo, El País, ABC) muestran cierta inclinación a pitar a favor de los grandes gestores.

Por eso va siendo hora de recuperar o reinventar el vocabulario de lo público más allá de quién trata de marcarte el mapa de la situación o de lo que es adecuado o no. Esta etapa de reinvención lleva aparejada, al mismo tiempo, un (des)aprendizaje de todo lo anterior para poder cimentar unas ciertas bases para (re)aprender el pragmático, confuso y proceloso trayecto de la gestión pública.

Por último, y en línea con el reaprendizaje del que hablaba, quizás debamos encontrar un nuevo concepto que sustituya a ese que otros tienen apropiado, denominado gestión. Una palabra que invite a la acción y a la que Galeano hacía referencia cuando reflexionaba acerca de la utilidad de la utopía: CAMINAR.

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