Felipe VI, ¿nueva época? No lo creo.

Proclamación Juan Carlos I. Fuente: rtve.es

Hoy, hay quien pretende mostrar la historia como una foto fija. Se pretende equiparar el contexto todavía dictatorial en el que el Rey Juan Carlos I fue proclamado con la actual realidad social que anhela cambios y una participación activa en los mismos.

Hemos acudido a toda una anacrónica pompa que recuerda a siglos pretéritos, en los que los monarcas eran legitimados por la gracia divina. La capital del Reino ha sido totalmente sitiada y militarizada y hemos podido observar como los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado han retenido y detenido a ciudadanos por reivindicar a gritos cosas tan subversivas como “Viva la República”. Es posible que quizás no hayan cambiado tanto las cosas.

Proclamación Felipe VI

Proclamación Felipe VI. Fuente: eldiario.es

Durante todo el proceso iniciado desde el anuncio de abdicación de la Corona hemos asistido a una constante concatenación de discursos legitimadores del papel del Rey Juan Carlos I y de la labor regeneradora que ha de llevar a cabo el nuevo Jefe del Estado. Obvian, o no, los que aseveran estas cosas que en nuestra forma de gobierno de monarquía parlamentaria, la misma tiene un mero papel ceremonial y de representación internacional, sin ningún tipo de atribución ejecutiva. Además, resulta paradójico hablar de regeneración acerca de una institución que, por su naturaleza, es altamente conservadora y antidemocrática. Digo esto atendiendo al artículo 1.2 de la norma suprema de nuestro ordenamiento jurídico, que dice así: “La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. Bien, parece que esto queda en papel mojado. Amparándose, como decía al principio, en un contexto pasado en el que imperaba el miedo en la población española por el todavía presente fantasma de la dictadura, se da la espalda al pueblo y prima la herencia de sangre, rompiendo a mi entender con uno de los principios constitucionales, que se recoge expresamente en el artículo 14 de la Constitución: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.” Ustedes mismos extraerán sus conclusiones.

Ahondando en el papel que la monarquía debe tener en esta nueva etapa regeneradora, cabe hacer hincapié que la potestad legislativa y ejecutiva recae en el Parlamento y el Gobierno de la nación. Pretender situar a la monarquía como institución necesaria para la estabilidad de España es engañoso. Hoy, casi 40 años después del fin de la dictadura, el marco social y político no es el mismo. No caben soluciones añejas para tiempos nuevos.

Se intuye un fin de régimen político en el que la monarquía no nos debe ser impuesta por unos pactos y consensos que hoy son caducos. Es hora de dar la voz al pueblo, dejar de concebirlo con ese pesimismo antropológico hobbesiano, que la democracia no es desestabilización. Que los déficits democráticos evidentes sólo se solucionan con más democracia. Mecanismos de inclusión a la ciudadanía, en el que las mujeres y los hombres seamos dueños de nuestros destinos. Si tan claro tienen que este pueblo es monárquico, sométanlo a consulta. ¿Qué peligro puede haber?

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