Élite política valenciana: élite sobradamente extractiva

La élite política valenciana, marcada de forma determinante por su contexto político más inmediato, ha sido y es, por el momento, una de las élites políticas más extractivas del actual Estado español. Ésta es la tesis central de mi artículo. Los que vendrán, los modestos argumentos sobres los cuales se fundamenta. Modestos y modestamente desarrollados. No es este el sitio para profundizar en exceso, sino el sitio para crear y retroalimentar posibles debates.

Cuando César Molinas (Una teoría de la clase política española, El País), siguiendo el modelo teórico desarrollado por Robinson y Acemoglu en su famoso ensayo “Why the nations fail (Porqué fracasan los países), trataba de analizar las formas de la clase dirigente española, encontraba que, de forma alarmante, la élite política autóctona, impulsada por unas características muy propias, se adaptaba casi a la perfección al modelo de élite extractiva expuesto por dichos teóricos. Eso sí, con el siempre recurrente color democrático, el cual aporta un innegable viso inclusivo al sistema, aunque demasiado matizado en el caso español.

Molinas, que empezaba su análisis con una serie de preguntas que hasta aquel momento nadie había respondido de forma satisfactoria, preguntas como por qué ningún partido político tenía (todavía no lo tienen) un diagnóstico coherente de lo que le estaba pasando a España ni recetas más allá de la pura contienda electoral, o por qué España no potenciaba los sectores de crecimiento donde su ventaja comparativa con el resto de países era superior, encontraba siempre una única respuesta: la forma extractiva de la élite española, más preocupada por la mera captación de rentas y no tanto por el futuro socioeconómico del estado o por el bienestar de la sociedad española, era el principal motivo por el cual se explicaría el fracaso recurrente de España en el plano institucional y económico.

Molinas nos aportó en el 2013 una visión interesante de la realidad que vivíamos. ¿Por qué habían fallado todos los sistemas de alerta frente a la burbuja inmobiliaria, una burbuja inmobiliaria de la cual los mismos partidos políticos sacaron su tajada, e incluso llegaron a potenciarla y sostenerla? Por el mencionado carácter extractivo de nuestras élites políticas, unas élites políticas que encuentran en nuestro contexto social e institucional su principal fuente de legitimación y retroalimentación.

El contexto español en particular, aquel que facilita el desarrollo y la permanencia de las nombradas élites extractivas, viene perfectamente reflejado en una obra de obligada lectura para cualquier ciudadano que quiera poseer una visión lo suficientemente exhaustiva del sistema político español: “La urna rota” de la plataforma Politikon. En esta obra se explica, de una forma íntegra y exacta, cómo el sistema político español, por su propia forma, favorece las dinámicas políticas oligárquicas de forma pavorosa. Desde la posibilidad existente y aprovechada de politizar un buen número de cargos técnicos de dentro de la administración, pasando por la existencia de partidos de jerarquía pétrea y acabando por un capital social asociativo de nivel bajo, de corte calabrés, diríamos* y por una justicia saturada, cuando no directamente politizada (el caso del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana es paradigmático para el caso), las características genuinas del sistema político español favorecen de forma determinante la existencia de una élite extractiva potencialmente alejada de las dinámicas sociales y con respuestas poco ajustadas a los problemas reales que enfrenta el Estado español actualmente. La élite extractiva que describe de forma tan acertada César Molinas encuentra su acomodo, pues, en un sistema que favorece de forma definitiva su implantación, tanto a nivel estatal como a nivel regional o autonómico.

Molinas señala, de forma acertada, la implantación territorial de la élite extractiva española, propia en algunos contextos (Catalunya, principalmente. No creo que fuese justo incluir a Euskadi, pues las dinámicas aquí descritas no encuentran un tan fácil acomodo dentro de las instituciones propias vascas, por diferencias institucionales manifiestas que no vienen al caso) y desarrollada a base de la territorialización de los diferentes partidos políticos en el resto de casos. Sería éste último el caso del País Valenciano, aunque con profundos matices que hacen de nuestras realidades político-institucional y socioeconómica realidades peculiares.

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F. Camps y R. Barberá

A grandes rasgos, el caso del País Valenciano se encuadraría dentro de la categoría de comunidades autónomas donde la propia élite autonómica, aquella que según refleja Enric Juliana en su obra ‘Modesta España’ acaba imponiendo la versión menos acertada del famoso “café para todos”, es la única encargada de gestionar el mini-estado que le toca en suerte, exportando a su contexto institucional las prácticas más extractivas propias de la élite estatal, propias de las élites centrales de sus mismos partidos.

El País Valenciano, además, vería como el contexto político-institucional facilitador referido por los integrantes de Politikon para el caso español sufriría un efecto multiplicador causado por su propio contexto, un efecto multiplicador que agudizaría el carácter extractivo de las propias élites valencianas, las cuales superarían con creces el carácter extractivo referido por Molinas para el cómputo general de las élites territoriales españolas y no tan españolas.

El contexto valenciano estaría afectado, principalmente, por tres variables, dos culturales y una socioeconómica, que acrecentarían el carácter extractivo de sus élites.

De una parte, el País Valenciano sufre desde sus albores una fuerte batalla identitaria. Una batalla identitaria donde el Estado tomó parte, y donde el movimiento “blavero” (la derecha regionalista i tradicionalista valenciana secesionista [que diferencia de forma acientífica y absurda el supuesto idioma valenciano del idioma Catalán]) fue ascendido a los centros de la valencianía, como única forma posible de entenderse como valenciano, tanto si se optaba por el proyecto macro español como si no se hacía. El anticatalanismo más exacerbado y desnaturalizado, pues, fue la ideología oficial impulsada desde las instituciones y aquella que, al final, fue asumida por buena parte de la población de forma usualmente pasiva. Con el anticatalanismo por bandera, y después de haberse preparado el camino tanto institucional cómo identitario, los partidos de la derecha valenciana han hecho y desecho a su antojo, sin contrapesos, con la continua aprobación pasiva de una población más preocupada en dirimir asuntos estériles de carácter meramente identitario.

De otra parte, la victoria del “blaverisme” como ideología oficial, ideología poco atractiva más allá del área de influencia más inmediata de Valencia capital, hace que la identidad propia valenciana viva continuamente en la indeterminación y sea complicado establecer lazos identitarios más allá del folclore y del localismo más banal. Esto reforzaría el carácter extractivo de las élites propias en dos sentidos: al tratarse la valenciana de una región periférica (con todo lo que ello conlleva) con una identidad propia débil, las élites locales encontrarían, de una parte, poco contrapeso ciudadano que limite sus acciones, pues este suele pensar más en clave estatal que autonómica y, de otra parte, al no tener esta misma élite un sentimiento de fuerte arraigo identitario, puede caer en menos contradicción cuando antepone su bienestar al bienestar general.

Finalmente, el modelo de desarrollo valenciano, bastante más afectado que el resto de comunidades autónomas por el llamado “pelotazo” inmobiliario, favorecería de forma determinante el comportamiento extractivo de las élites propias, al ofrecer fuertes y golosos incentivos económicos.

Sin arraigo identitario ni contrapesos ciudadanos o institucionales de ningún tipo, con una fuerte arma política, el conocido anticatalanismo, y con un modelo de crecimiento propio del desarrollismo más salvaje, la élite política valenciana ha sido, sin duda, una de las élites políticas más extractivas del contexto español.

La pata económica ha saltado por los aires. Las identitarias parecen cada día menos sólidas. La élite política extractiva valenciana que hemos conocido podría estar viviendo sus últimos días. De ser así, estamos ante una oportunidad única. Deberíamos de aprovecharla.

 

*Para entender en profundidad la referencia al capital social calabrés leer “Para que la democracia funcione” de Putnam. Libro muy recomendable, de otra parte.

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