Elementos clave de nuestro sistema electoral

Todo juego tiene sus propias normas de funcionamiento y las elecciones no van a ser una excepción, siendo los sistemas electorales las normas de éste. Los sistemas electorales son los instrumentos para poder convertir los votos que emiten los ciudadanos en representación real, es decir, en escaños que operan en el Parlamento bajo el paraguas de un partido y que, a priori, deberían trabajar por nuestros intereses, ya que para ello les cedimos nuestra confianza con el voto que le otorgamos.

Los principios de representación a los que deben ajustarse las Cortes Generales son la representación proporcional <<corregida>> para el Congreso de los Diputados y criterios mayoritarios para la elección de Senadores. No obstante, nos vamos a centrar en la selección de los Diputados. En total se reparten un número de 350 diputados, con un mínimo de 2 por provincia (que son las circunscripciones) más 1 por Ceuta y otro por Melilla, lo que hacen un total de 102 diputados, el resto 248, se reparten conforme a la población de cada circunscripción. El método d’Hont es la fórmula elegida para la composición del Congreso y consiste en dividir los votos obtenidos por cada una de las diferentes listas partidistas por una serie de divisores formada por los números naturales. No nos tiene que pasar desapercibida la barrera del 3 % en cada circunscripción para poder obtener representación. Por último destacar que las listas para el Congreso de los Diputados son cerradas y bloqueadas, por lo que son los partidos quienes las conforman según sus intereses.

No hay cita electoral en la que la mayoría de ciudadanos españoles no se escandalice ante la gran diferencia de votos que necesitan unos y otros partidos para poder obtener un escaño en el hemiciclo. Así, atendiendo a la última visita que hemos hecho a la urna podemos observar como el Partido Popular con 137 escaños y 7.9 millones de votos necesitaba solamente 57.709 votos para obtener un escaño y Ciudadanos por el contrario necesitaba 97.617 votos. Más sangrante es el ejemplo del partido animalista PACMA que, con 284.848 votos, se ha quedado fuera del Congreso pero consolidándose como la primera fuerza extraparlamentaria. A la vista de los ejemplos, podríamos definir que el sistema electoral español es claramente mayoritario e injusto, no obstante hay que matizar y señalar una serie de aspectos y consideraciones a tener en cuenta que explicarían el porqué de nuestro sistema electoral, por qué no nos beneficiarían otras fórmulas, quienes son los beneficiados y perjudicados y posibles reformas que deberían acometer los partidos.

El primer aspecto de todos es el histórico. El actual sistema electoral fue una demanda fundamental de Manuel Fraga durante la Transición. Fraga que era licenciado en Ciencias Políticas y sabía que con este sistema electoral tendría grandes opciones de triunfar en las zonas más rurales y conservadoras y con ello obtener un buen reguero de escaños. También hay que mencionar la situación histórica, durante la Transición y viniendo de una dictadura de casi 40 años. Había que ir con pies de plomo y facilitar amplias mayorías de los partidos en el Congreso para que se pudieran conformar unos gobiernos estables y duraderos para poder acometer las reformas necesarias para avanzar en democracia. La experiencia de la II República, con constantes cambios de Gobierno y Parlamentos muy fragmentados no ayudaba tampoco.

El segundo aspecto que hay que mencionar es el hecho por el cual se crea esta desproporcionalidad. No es el sistema D’Hont, presente en otros países como Israel o Austria, sino la división en circunscripciones provinciales con un mínimo de dos escaños por cada una de ellas, la cual hace que zonas rurales y del centro de la península queden excesivamente representadas si atendemos a su población.

Por esta razón, la sobrerrepresentación de las zonas del interior, es por lo que algunos abogan por la circunscripción única. Si tomamos el ejemplo de Israel nos daremos cuenta que en un Estado con una circunscripción única, si bien es cierto que la representatividad electoral es mucho mayor y mucho más completa, también es mayor el número de partidos que entran en el Knéset (Parlamento Israelí) por lo que existe la necesidad de crear coaliciones para poder conformar ejecutivos estables y duraderos en el tiempo. Nuestra cultura política no se destaca especial por la formación de coaliciones de gobierno y tenemos el ejemplo de las elecciones fallidas de diciembre, que no pudieron conformar un gobierno debido a este freno que ponen los propios partidos a la hora de formar coaliciones.

Este sistema electoral perjudica en exceso a los partidos de ámbito nacional de tamaño medio como han sido históricamente Izquierda Unida, UPyD o más recientemente Ciudadanos. Pese a la creencia establecida, los partidos calificados como nacionalistas o regionalistas no salen beneficiados ya que reciben los escaños que deben recibir acorde a los votos que han conseguido. Los más beneficiados de dicho sistema electoral es el bipartidismo que sigue primado en exceso por dicho sistema.

Los partidos que más perjudicados han salido de dicho sistema electoral siempre se han quejado pero nunca han sabido revertir sus debilidades. La coalición electoral Unidos Podemos conformada por Izquierda Unida y Podemos intentó revertir esta situación pero no le salió bien la jugada, no obstante, no perdieron escaños en comparación con las últimas elecciones.

La reforma del sistema electoral siempre ha sido una demanda de los partidos de ámbito estatal mediano, pero es ahora cuando realmente tienen la oportunidad de poder realizar una reforma, ya que, o bien Ciudadanos o bien Unidos Podemos, serán elementos clave de un futura coalición de gobierno y, entre sus demandas en la mesa de negociaciones debería estar la de la reforma del sistema electoral. Para ello no haría falta una reforma constitucional, ya que nuestra propia Carta Magna nos da la posibilidad de tener una cámara de representantes con hasta 400 parlamentarios en el Congreso de los Diputados, lo que podría corregir en cierta medida la desproporcionalidad. Pero es responsabilidad de los partidos medianos exigir este tipo de reformas, ya que obviamente, los dos grandes partidos, saliendo beneficiados de ésta, no van a cambiar las reglas del juego.

Kevin Sáez Campos (Valencia, 1994) estudiando de Ciencias Políticas y Administración Pública. Inmerso en mis estudios y cada día más interesado en los sistemas electorales y sistemas de partidos. Formándome para que en un futuro la política sea algo que entienda la gran mayoría.

Foto principal/López-Dóriga

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  1. FCZ
    Jun 30, 2016 - 08:24 PM

    Hacer pequeños cambios en porcentajes, dar un escaño a uno u a otro, o añadir en detrimento de otros un nimio número de votantes, creo que no es el problema. A mi modo de ver el sistema de representación parlamentaria ha quedado caduco y obsoleto, no atiende a las necesidades actuales político sociales, me explico. El hecho de otorgar al ciudadano la capacidad de inferir (mínimamente) en la política que rige su país, una vez cada cuatro años genera una serie de efectos político sociales que no benefician para nada al contexto en el que vivimos. Sin pensar mucho pueden venir a la cabeza unos cuantos:

    – Absoluta desidia social entorno a la capacidad legislativa que debería de tener el pueblo entorno a las “reglas” que rigen su vida (que genera a su vez una falta total de implicación de los ciudadanos en la política).
    – Total y triste carencia de feedback entre los políticos y los ciudadanos que origina que muchas veces las prioridades políticas no sean que dictan las necesidades estatales.
    – La falta de un filtro de decisión de las leyes que los políticos (“representantes del pueblo”) aprueban.

    Probablemente esto, unido a muchos otros factores, estén haciendo que el juego que nos organiza como sociedad, necesite de un cambio, porque como a todos los que nos gusta la política, o la sociología, sabemos que el CONTEXTO, es el que determina, guste o no, las reglas con las que el pueblo debe jugar. Empieza a ser momento, no de arreglar o parchear todo lo establecido, sino de darle un vuelco, y empezar a pensar en volver a darnos valor individual dentro de un colectivo, y configurar unas reglas que no dejen que los colores trabajen por el individuo sin que éste tenga ninguna capacidad de decisión

    Hace poco, hablando de esto, puse un claro ejemplo; un niño pequeño se lleva el balón al cole, y una vez hechos los equipos, el dueño del balón, explica que los goles de su equipo valen por 2, porque el balón, obviamente es suyo, y esa norma, si quieren jugar deben aceptarla y no se puede cambiar. El otro equipo, el de los chavales agraviados, aceptan esas normas ya que, a pesar de contar con solo hay un balón, quieren poder jugar, y no ser meros espectadores a pesar del handicap con el que van a contar. Obviamente, por mucho que hagan los “agraviados”, acaban perdiendo el partido.

    Personalmente tengo 28 años, y empezamos a ser muchos millones, ya no digo de votantes, sino de PERSONAS a las que no se nos ha preguntado, de que manera queremos estar organizados, a los que no se nos ha preguntado si queremos monarquía, senado, congreso representativo, sistema educativo, destinación de presupuestos, y un sinfín de cuestiones mas. Por ello, tarde o temprano, vamos a necesitar de este cambio, y debemos de observar, que hay que empezar a teorizar sobre qué queremos vivir, sobre qué estado queremos ser soberanos, y dentro de qué reglas queremos “jugar” nuestras vidas.

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