Elecciones francesas: un estado de la cuestión

A menos de dos meses para acudir a urnas, empieza la cuenta atrás para las presidenciales francesas, rodeadas de expectación y drama. Por un lado, porque estamos ante el nuevo frente de batalla para los valores europeístas. Después de Inglaterra e Italia, ¿serán ahora los franceses quienes le den palazo a la Unión Europea? Por otro, porque no se descarta la llegada a la presidencia de la extrema derecha.

Para más inri, los indicios de malas prácticas se suceden y parece que no haya candidato sin análogo escándalo. Con un Fillon en horas bajas después de que se descubriera que su mujer ha estado cobrando de las arcas públicas sin justificación durante 8 años, Macron parece haber sido el sucesor elegido para representar los sueños húmedos de los defensores a ultranza de la Unión Europea. El antiguo estudiante de filosofía, banquero, exministro, reconocido liberal y europeísta, ahora candidato de ‘En Marche!’, suele ser tratado como un político ‘atípico’, y ha gozado de la aprobación de las élites de centro a izquierda y derecha. El País, por poner un ejemplo, le dedicaba hace menos de un mes un editorial donde alababa las cualidades excelsas del que consideraba la mejor opción de liderazgo presidencial.

Lo cierto es que existe una unanimidad casi total en las predicciones sobre que Macron ganaría a Le Pen en la segunda vuelta –que se celebrará el 7 de mayo. Por ello, es necesario que éste se asegure el éxito en abril, y explica que el exministro esté dando bandazos a izquierda y derecha para intentar ampliar a su electorado potencial, garantizándose la antipatía de colectivos en ambos lados del espectro ideológico. La candidatura de ‘ideología flexible’ de Macron pretende escenificar las esencias del ciudadano francés, mientras propone un clásico programa liberal: bajada de impuestos y reducción de gasto público y de personal funcionario.

Por su parte, el Frente Nacional conserva su posición como partido líder, mientras lidia con sus propios escándalos. Marine Le Pen rechaza acudir a declarar por el presunto uso fraudulento de fondos de la Eurocámara, ante lo que ve una maniobra de sus adversarios para desmontar su posición en las encuestas. Estas irregularidades distan de ser las únicas y, probablemente, seguiremos viendo nuevas publicaciones al respecto en las próximas semanas. Está por ver qué efecto podrían tener estas últimas informaciones sobre el votante medio. Aunque, como señala Le Monde, desde la llegada de Marine Le Pen a la dirección frentista en 2011, todas sus campañas electorales han sido objeto de investigaciones judiciales. Por el momento, nos encontramos con un partido fuertemente arraigado entre los votos ‘precarios’ (obreros, rurales y desempleados) y categorías bajas y medianas del funcionariado. Alejándose del perfil xenófobo y criptofascista de su padre, Marine Le Pen ha sabido situar el grueso de su discurso en la matriz económica, lo que sin duda correlaciona con el hecho de que sea ‘la candidata de los pobres’. El partido ha mostrado una capacidad considerable de presentar un relato centrado en la precariedad y en contra de la globalización, con una oposición a la inmigración estructurada a través de la defensa de los valores occidentales, considerados ‘amenazados’.

En un tercer lugar nos encontramos con un partido socialista dividido y machacado.  Los socialistas libran su propia batalla desde que Hamon, el candidato con el programa más ‘izquierdista’, ganara las primarias del partido el pasado enero. Un giro de timón respecto a la dirección tomada por el aún presidente Hollande, que juega un papel nulo en el desarrollo electoral desde que anunció en diciembre que no se presentaría para renovar el cargo. En efecto, el legado de Hollande les pesa a los socialistas –solo el 30% de los simpatizantes aprueba su mandato-, y nadie quiere reivindicarlo, obligándolo a convertirse en ‘el presidente subliminal’. La estrategia parece pasar por ser críticos ‘ignorándose a sí mismos’, renovar en la medida de lo posible desde el sector más contestatario. A pesar de que Jadot, líder de los ecologistas, se retirase hace unos días para apoyar a Hamon, el partido parece ahora mismo condenado al ostracismo.

Con todo, nos encontramos, grosso modo, con un escenario de posibilidades que se jugará por la derecha. A excepción, claro, de que los esperados malos resultados lleven a los líderes de izquierdas a buscar una candidatura común –de momento no ha habido entendimiento entre Partido Socialista y la France Insoumise-, pocas dudas quedan de que nos encontraremos con una batalla entre conservadores.

Desde las elecciones regionales de 2015, en las que Marine Le Pen se llevó hasta el 40% de sufragios en algunas de las regiones (especialmente Norte y Sur), muchos analistas temen su llegada a la presidencia. De hecho, las diferentes empresas de predicción electoral lanzan idénticos resultados, una primera vuelta concurrida, con la líder del FN en cabeza, y una segunda que no lo es tanto, con una victoria casi asegurada de Emmanuel Macron en el caso de que pasara junto con Marine Le Pen. Esto pasaría por primera vez desde 1962, puesto que ningún candidato con un perfil ‘centrista’ ha conseguido seducir a los votantes desde entonces, en un ambiente que tiende a polarizarse. A pesar del optimismo vertido en el aspirante de En Marche!, sería importante mantenerse cauteloso frente a las predicciones. Las propias encuestas de CEVIPOF advierten sobre lo poco fiable del voto a determinados partidos. Es Marine Le Pen sin duda la candidata con más fidelidad electoral, de los entrevistados el 80% tiene claro su voto, mientras que esto se reduce a la mitad en otros perfiles. Solo un 30% del posible electorado de Macron afirma estar seguro de su opción política. Se trata, además, de la única opción presidenciable que se presenta a sí mismo como moderada, cuando el eje izquierda-derecha sigue siendo el más adecuado a la hora de explicar el orden de preferencias presidenciales de los franceses. Ante una posible segunda vuelta que se lidie entre Fillon y Le Pen, será difícil convencer a votantes de izquierdas para acudir a las urnas. Pero, ¿lo será menos si entra el europeísta Macron en la ecuación?
Nos quedan los próximos meses para averiguarlo.

Foto portada/francetvinfo.fr

Por Andrea Kruithof Ausina. Politóloga por la Universitat de València, actualmente estudio un máster de análisis político en la Universidad Complutense de Madrid. Escribo sobre políticas públicas y actualidad política. Libros, cultura y cine. En Twitter (@ankruit).

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