El nuevo “nosotros”

El presidente de la República Alemana tiene más o menos las funciones que en España corresponden al Rey. Su “arma” más poderosa es el Logos, sus palabras. En uno de sus discursos de los últimos meses avisó de que Alemania se había dividido en dos. Una parte luminosa, que ayuda y que da la bienvenida a los refugiados, la que se compromete socialmente y que defiende los valores de la tolerancia, la apertura y el diálogo. La motivación de esa parte no es claramente diferenciable. Yo diría que más que nada es la compasión por un lado, y las ganas de algo nuevo, por otro. Lo que vive esa parte de Alemania es, en fin, la ilustración moral, la que comparte con todos los pueblos Europeos.

La otra parte de Alemania, la llamó la “Alemania oscura”. Es una parte de la sociedad que solo puede funcionar en un triángulo de Odio, Miedo e Ignorancia. Para pertenecer a ese lado oscuro de Alemania tienes que tener alguna relación de esos tres factores dentro de ti. Da igual si es mucho miedo, poca ignorancia y mucho odio, mucho odio, mucha ignorancia y poco miedo etc. Ya se entiende que el resultado es el mismo. Oponerse a todo lo nuevo y más si lo nuevo es musulmán. Esa gente sabe de y tolera los ataques físicos a periodistas, a los que llaman “Prensa de mentira” un término que utilizaban Goebbels y los Nazis en general para despreciar a las opiniones no basadas en el reaccionismo. Lo peor es que ese sector oscuro se está llamando “el pueblo”, lo que nos pone ante un conflicto interno.

Los alemanes tienen un problema increíblemente profundo en cuanto a la identidad. Lo que es y lo que no es alemán sigue siendo un enigma insolucionable. Por eso, quiero escribir este artículo y dar mi versión de cómo ha de entenderse el pueblo alemán, cómo será su futuro, y qué papel tiene la UE en ello.

Los alemanes no son un pueblo de personas altas, rubias, puntuales y minuciosas que trabajan doce horas al día. Son junto a los ingleses, los franceses y los países escandinavos el pueblo más diverso de Europa y si algo existe que los diferencia de los demás, no son sus ganas de trabajar o la falta de corrupción. Es la diversidad, la multiculturalidad, la apertura de la sociedad. De eso podemos estar orgullosos. Este es el núcleo de la identidad alemana, sin ello, la sociedad caería en un vacío. Es eso  (la diversidad) lo que temen los radicales de derecha que ahora se van organizando a través de un nuevo partido. La “überfremdung” (“sobre-extranjerización”) es lo que más miedo les da, que nada de su querida Alemania, tal y como la conocían vaya a quedar igual. Si es ese su miedo. Llevan razón. Nada va a quedarse igual, nada es igual ya, nada seguirá siendo como antes y una cosa está clara: Si es esa lucha que quieren, ya han perdido.

Sabemos que esa parte de la sociedad con su discurso político del odio y el rechazo son los perdedores marginados de la nueva Alemania, en la que más de 21% del pueblo ya no es lo que ellos llamarían alemán, sino que tienen nombres como Aydin, Özdemir, Pinatella y Alexakis etc.

Primero lo que hace falta es aclararnos de lo que ha pasado y lo que está pasando en este país que ya no es solo Alemania, sino más bien un espejo de toda Europa. Según la agencia de estadísticas alemana, en el añoo 2013 más del veinte por cien de la población (16-17 millones) tienen lo que aquí se llama “un fondo de migración”. Es decir, personas que vinieron de otros países después de la segunda guerra mundial y sus hijos y nietos. En esa estadística no se incluyen aquellos alemanes que inmigraron a Alemania desde otros lugares europeos después de la segunda guerra mundial y sus hijos y nietos (una cifra no bien clara pero alrededor de los 20 millones hoy día). Pensando en las fluctuaciones de migración actuales y la demografía de los distintos grupos étnicos sabemos que Alemania cada vez más será un prototipo en cuanto a la diversidad. Algunas de las ciudades más grandes de Alemania tienen un porcentaje de gente con fondo de migración, llamémosles nuevos alemanes, con más de 30%.

El gran peligro de esos números no es que Alemania pierda su carácter, sino que cuanto mayor sean esos números, más fácil será olvidar que la multiculturalidad necesita trabajo y discurso. No funciona por sí solo. Eso se ha visto en Berlín, dónde sí que emergieron subculturas que se han hecho cada vez más autárquicas y acabaron aislándose de los demás.

Entendimiento, empleo, integración, estos son los elementos básicos del “nosotros” alemán. Hay los que creen que los que vienen aquí tienen que adaptarse a nosotros. Hasta cierto punto es verdad. La aceptación de los valores de la Constitución es imprescindible. Pero por lo demás, Alemania ya no es una cultura que busca absorber a las demás. Hay alemanes convirtiendo al Islam, escuchando música de los países balcánicos, desayunando pan con aceite de oliva. Porque la realidad es que Alemania ha cambiado. Nadie puede decir quién es alemán y quién no si solo sabe su apellido.

El ex-presidente  de la República Christian Wulff dijo que el Islam pertenece a Alemania. No os tengo que explicar que los conservadores se llevaron un buen susto. Creo que el Islam en los colegios alemanes será cada vez más importante. Hablar sobre Muhammed en clase, con tus amigos y profesores es el método más seguro de prevenir una interpretación radical del Islam. No hay que olvidar todos los hermanos y hermanas europeas que vienen aquí en búsqueda de una vida mejor y que enriquecen el “nosotros”, lo hacen más auténtico, no lo contrario.

En realidad los que no son parte del Nosotros son aquellos que semana tras semana van a las manifestaciones para expresar su odio a la pluralidad. Vienen de pueblos aislados, sin idea de la nueva sociedad alemana y temen lo desconocido. Son socialmente excluidos y si toman la dirección del radicalismo y racismo, ya no son alemanes, son bárbaros.

En ese sentido espero que Alemania acabe siendo un modelo para toda Europa, en la que, al final, lo que define quién eres, no sea el color de tu piel, tu religión o tu apellido, sino los valores democráticos que compartes con los demás, y el amor a un “nosotros” plural y solidario.

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