El difícil puzzle que dibuja el 20D

He querido esperar una semana para intentar huir del lógico ruido que las elecciones del pasado domingo 20 provocaron. Pero esto es España (todavía) y el estruendo es algo que tenemos tatuado en nuestro ADN. Dicho esto, en breves fechas se constituirá el nuevo Parlamento y las conversaciones entre los dirigentes de los partidos que intentan alcanzar mayorías para conseguir la investidura ya están en marcha.

Estas elecciones han supuesto un varapalo muy severo para quienes formaban aquello que conocemos como ‘bipartidismo’. La suma en porcentaje de votos entre PP y PSOE ha pasado de un 73,39% a un 50,73%, lo que supone una pérdida total de 5.123.546 votos.

Los resultados son los que son, una pérdida de más de 60 diputados del PP, 20 por parte del PSOE y una fuerte entrada de Podemos + coaliciones con 69 y Ciudadanos con 40, mucho menos de lo que esperaban dada la burbuja demoscópica en la que estaban inmersos.

Pero más allá de la aritmética, cabe analizar elementos que nos indiquen con mayor precisión cuáles pueden ser los posibles caminos de avance de los acontecimientos. Cuando de política de pactos se trata hay que atender a otros aspectos tales como: los incentivos que cada partido tenga para pactar, el potencial de chantaje o de coalición, afinidades ideológicas, buscar el mínimo número de partidos que sumen mayoría, etc. Además hay que añadir que en estas elecciones un partido de ámbito estatal como es Podemos ha incluido en sus candidaturas a partidos de ámbito no estatal que incorporan la dimensión territorial a su agenda política y programática.

Todas las variables dejan a los dos partidos que podrían tener la iniciativa a la hora de formar gobierno en una posición muy complicada. El PP apenas tiene margen para pactar tras una legislatura con mayoría absoluta que ha utilizado, en muchas ocasiones, de forma autoritaria y sectaria, cuando no revanchista. Con partidos nacionalistas como Democràcia i Llibertat (antes CIU), que en otro tiempo le aseguraron el gobierno, ya no pueden ni siquiera hablar. Además, aunque pudiera hacerlo, necesitaría el respaldo de C’s que se ha erigido en el azote de los “nacionalismos secesionistas”.

Por otro lado, y más importante de todo, entramos en el terreno de los incentivos. Cuando hablamos de incentivos nos referimos a las razones que llevan a un partido a elegir entre una opción u otra, escogiendo siempre la que considere que más beneficio le va a reportar. Porque, no se lleven a engaño, ahora que todos los partidos están hablando en clave de país o altura de Estado de cara a la galería, lo bien cierto es que TODOS actúan en clave partidista.

En este sentido, parece que PP y Podemos serían los más beneficiados en un hipotético escenario de repetición de elecciones. La amenaza de pérdida de votos para el PP por el flanco del centro-derecha parece que no sería tan grande. Esto se debe a que C’s no le ha comido tanto terreno como se le esperaba y a que, a las primeras de cambio, el partido de Rivera ha optado por no ser un incordio a la hora de que formen gobierno; Podemos estaría en una situación similar. Con un liderazgo reforzado y unos apoyos consolidados en las periferias han quedado muy cerca en votos del PSOE.

Pero claramente, el partido que se encuentra en una situación más comprometida es el PSOE. Cualquiera que sea la alternativa por la que se decante casi seguro le llevará a un escenario peor que el actual. Esto se debe a varios motivos que paso a enumerar:

  1. Memoria todavía reciente de la última legislatura de Zapatero que supone un lastre en cuanto a la credibilidad.
  2. Falta de liderazgo de Pedro Sánchez. Cierto es que no lo ha tenido fácil, pero tampoco ha aprovechado las ocasiones que ha tenido en debates decisivos o en su labor de oposición o eludiendo ir a programas de máxima audiencia a los que se había comprometido a ir.
  3. Luchas internas por el poder en el que muchos anteponen su futuro dentro del partido más que el futuro del propio partido. Estas se ven agravadas por la aportación de escaños de comunidades como Extremadura y, sobre todo, Andalucía. Sumando entre ambas un 30% de los mismos.
  4. Un posible pacto o abstención para investir a Rajoy u otro candidato del PP supondrían el adiós definitivo al PSOE como partido con opciones reales de ser importante en el panorama nacional. Sería ponerle en bandeja de plata la hegemonía de toda la izquierda a Podemos.
  5. Han renunciado a llevar la iniciativa en las negociaciones y, después de la previsible imposibilidad de Rajoy para formar mayorías, parece improbable que vayan a llegar a acuerdos con Podemos y algún otro partido.

Pese a la rotundidad del NO al PP, hay que señalar que para este año ya hay aprobados presupuestos. Por eso, no sería descabellado pensar en una abstención (después de intentar formar mayoría con Podemos y alguien más) aduciendo “necesidad de estabilidad” en previsión de una legislatura corta y en minoría del PP, en la cual podrían abordar la renovación en la dirección del partido.

Además, el PSOE parece que puede intentar jugar la baza de dejar en evidencia a Podemos situándolo en la dicotomía referéndum vs formar gobierno de izquierda, para hacer ver a sus votantes que “la izquierda de orden” la forman ellos y no unos advenedizos que, con tal de fastidiarlos, son capaces de dejar que gobierne el PP. Hay que añadir que este argumento es totalmente falaz, puesto que en ningún momento Podemos ha escondido el derecho a la autodeterminación de su programa o su discurso, más bien todo lo contrario, han hecho gala de un proyecto plurinacional de España. Un matiz muy importante, plurinacionalidad no implica secesionismo, ni separatismo ni nada que se le asemeje.

A mi entender y para finalizar, los socialistas siguen actuando como el empresario rico al que le ahogan las deudas y le han embargado sus propiedades pero que pretende seguir viviendo con los mismos lujos que vivía cuando las cosas le iban de cara. El PSOE tiene que asumir que tiene una artería seccionada, una artería que está expulsando votos por la izquierda en favor de Podemos. La formación morada y sus coaliciones territoriales se han quedado a tan solo 341.316 votos, cosa que no se ha traducido en la misma cercanía en escaños, dadas los efectos mayoritarios de nuestro sistema electoral. Cierto es que el margen de maniobra es muy estrecho, pero creo que no peco de imprudente al afirmar que el PSOE corre el peligro de convertirse en un partido andaluz con reminiscencias en el resto del Estado.

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