El desencanto sobre el estado de la Nación

El pasado martes 25 de febrero tuvo lugar el debate sobre el estado de la Nación, en el que pudimos “darnos el gusto” de escuchar a nuestro Presidente del Gobierno, y evidentemente a otros tantos miembros de la oposición. El CIS, ha elaborado un estudio (estudio nº 3016) en el que se centra en este debate, y del que podemos extraer algunas conclusiones.

Con la que está cayendo, podíamos pensar que los españoles habrían seguido este debate con entusiasmo, pero esto no es del todo así. De hecho, el 60,5% de los españoles encuestados cree que estos debates resultan poco o nada interesantes para nuestra población. Un 71,5% iría más allá y expresaría que no se tratan (poco o nada) los temas que realmente preocupan hoy a los españoles. ¿Por qué no resultan interesantes estos debates a nuestros ciudadanos? ¿Desconocen los políticos los problemas reales de sus electores?

Seguimos con los datos; hay un 47,5% de los encuestados que no han seguido el desarrollo del debate por ningún tipo de medio de comunicación. De estos, un 46% afirma tener otras prioridades/obligaciones, y  a un 20,4% directamente no le interesaba lo más mínimo. Por otro lado, resulta revelador destacar un 16,7% que dice que no lo ha visto porque le desagrada la confrontación política. Parece que nos sobran las excusas a la hora de escaquearnos de estos contertulios.

Vamos ahora sí a lo más importante, la mayoría de la población encuestada, ¡un 86,4%!, afirma que en las intervenciones de nuestros representantes han predominado las críticas, reproches y acusaciones de los unos a los otros. Además, un 73,5% explica que en el ratito que ha durado el debate, se han tratado poco o nada los temas que verdaderamente le preocuparan. Como vemos, esta última crítica referente a los temas se repite en más de una ocasión. La gente percibe que estos señores, que son sus representantes, no tratan verdaderamente los que son sus problemas, y eso es muy grave. Además, lejos de aportarnos soluciones, parece que se limitan a lanzarse los trastos a la cabeza. Haciendo una lectura rápida, no parece que contemos con demasiados incentivos para sentarnos en el sofá a escucharlos, ni en el debate del estado de la Nación, ni en una rueda de prensa, ni en una sesión plenaria. Me da miedo pensar que no sea solo un problema de comunicación.

Estamos como vemos ante un ejemplo más que ilustra el desinterés de los españoles por la política, al menos la institucional, y que muestra lo lejos que nos sentimos los ciudadanos “corrientes” de la clase política. Además este sentimiento de ensimismamiento se agranda cuando los medios de comunicación, los mismos que nos emitían el debate, nos presentan tal evento como una final deportiva, en la que sí o sí debe haber un ganador. Para colmo, el ganador será un personaje diferente según se lea El País, El Mundo o La Razón, que aportarán inmediatamente las pruebas necesarias para justificar sus (politizados) titulares.

Volviendo de nuevo a los temas, sí se tratan en el debate los que nos suscitan mayor interés. Es cierto que se echan de menos algunos, véase la corrupción, y que falta mayor concreción, rigorismo y detalle, pero creo que el problema no lo encontramos aquí. El principal problema es que algunos parecen no dirigirse a los ciudadanos, más que de vez en cuando, con frases panfleteras, casi memes que se recorten en los medios. Otros por el contrario hablan demasiado para los ciudadanos, traducidos en votos. No saben tratar estos problemas como realmente debieran. Da la impresión de que viven en una realidad paralela. Tal vez así sea.

El PSOE sigue en su línea, algo difusa, casi borrada. El PP le habla de datos macroeconómicos a un 26% de ciudadanos en situación de desempleo (57% en el caso del paro juvenil). El resto de partidos en la oposición ya tienen suficiente con escribir estribillos pegadizos que calen en la población, y que se emitan en el breve espacio de tiempo que la televisión les dedica. La valoración de todos ellos sigue siendo ridícula. Son para muchos EL PROBLEMA. Yo personalmente me sentiría avergonzado. No hay ganadores en todo esto, solo hay perdedores, y poco a poco todos nos daremos cuenta.

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