¿El 22 qué?

Los medios de comunicación no hablan de otra cosa, se ha ido Adolfo Suárez, el “artífice” de la democracia,  el “padre coraje”, el “mito” de la Transición. Mientras apuraba sus últimas horas de vida, su amado constructo era cuestionado en el centro de Madrid. Se hablaba de más democracia e incluso de un nuevo proceso constituyente. La España de Carrillo, de Fraga, de Suárez, era criticada en las calles y exaltada en la televisión.

Este sábado, tuvo lugar en Madrid una de las manifestaciones más multitudinarias de la historia de la democracia. Ésta, pese a su fuerza, apenas tuvo eco en los medios de comunicación de masas. La televisión silenció una noticia otorgando mayor relevancia a otra. España lloraba la muerte de uno de los personajes históricos que hizo posible la Transición a la democracia, pero nadie hablaba del mal estado de la misma. ¿A alguien le suena la expresión “vivir de rentas”? Esta desinformación evidencia el declive de unos medios de comunicación integrados en el sistema. Los medios tradicionales también son los defensores de las tradicionales formas de hacer política. El año 2003, con el NO A LA GUERRA podíamos ver los desfiles en televisión; ¿Qué ocurre ahora? ¿Estamos sobrepasando el límite? El PSOE tenía mucho que ganar en aquellos acontecimientos, y ellos sí que ejercen poder sobre los media. Los nuevos movimientos sociales no.

Algo va mal cuando (sin contar el País Vasco) tras un año de gobierno de Mariano Rajoy, llevábamos más de 36.000 manifestaciones y concentraciones. De media nos salen unas 120 al día (Europa Press). Sin embargo, la prensa parece preocuparse únicamente de estos fenómenos cuando ocurren en el exterior. En Venezuela se denuncia la lucha de los demócratas contra la escasez y las carencias democráticas del régimen “postchavista”. En Ucrania “los héroes” se enfrentan a la corrupción y gritan EUROPA. Pero ¿qué ocurre en España? ¿No hay lugar para la protesta? ¿No hay nada que criticar? La democracia liberal es la máxima en todo esto. La Comisión Europea señala a España como uno de los países con más corrupción, el Instituto Nacional de Estadística sitúa a una de cada cinco personas en situación de pobreza, un 26% de ciudadanos en el paro (57% en el caso del desempleo juvenil). ¿No tienen nuestros ciudadanos ningún motivo para protestar?

Nuestras democracias en la práctica se transforman en un mecanismo de (re)elección de élites, en el que mediante el contrato social, expresado atreves del voto, los ciudadanos ceden parte de su libertad a unos representantes, en una relación en la que posteriormente verán limitado su control más allá de los cuatro años. Este proceso carece de sentido si no existe una revisión constante de las políticas y de sus delegados; ¿Accountability? La democracia representativa tiene sus límites, y más aún en un mundo en el que nos cuestionamos hasta la soberanía de los Estados. ¿Cómo solucionamos este problema? ¿Más participación?

Los problemas de la democracia se solucionan con más democracia. Los que son demócratas no debieran tenerle miedo a ésta. El problema surge cuando unos intereses económicos no son compatibles con estos sistemas. Aquí es donde la desinformación se hace ineludible. Soy un firme defensor del Estado, y me preocupa el choque globalización vs. Estado nacional. En este pulso la democracia sale perdiendo, solo hay que ver los gobiernos tecnócratas impuestos por Europa en Italia y Grecia. ¿Qué tienen de democráticos estos procesos? El Estado no puede convertirse en un mero garante de la confianza de los mercados. Ha de existir un equilibrio entre economía y política. Podemos incluso ir más lejos y afirmar que la economía ha de encontrar límites en lo político (y no a la inversa). ¿Dónde nos situaríamos nosotros en este proceso?

Los medios de comunicación han de estar al servicio de la ciudadanía, y en especial los que son públicos. A través de ellos dibujan la realidad un número incontable de personas. Muchas personas no conocen más mundo que el que les han contado. No podemos permitir que su percepción se falsee, pues si este hecho se produce la democracia se convierte en una quimera. El dominio, antes ejercido por la fuerza, poder duro, pasa a ser ejercido mediante otras formas, mucho más sutiles; Poder inteligente. La libertad del individuo carece de sentido en el momento en el que desconoce su entorno. Resaltamos aquí la importancia del concepto dominio, de la manipulación psicológica o cultural de la que nos hablaba la Escuela de Frankfurt. ¿Hacia dónde nos llevará todo esto?  

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