Ecología y género: una visión política

A pesar de los avances de la ciencia, de los avances del conocimiento y de la cantidad de información de la que disponemos hoy en día, no es ningún secreto que la importancia que tienen ciertos temas no se marca por su propia naturaleza, sino por los intereses económicos y políticos. Hablo de la crisis del medio ambiente y de su ausencia en el debate actual. La agenda política siempre tiene algo más importante que tratar, y hoy en día, con la crisis, hablar de ecologismo resultaría una pérdida de tiempo. Los medios de comunicación reproducen la marginación de estos temas, puesto que se limitan a informar de temas de actualidad, y este no lo es.

La perspectiva ecológica ha sido tradicionalmente percibida como un asunto de segundo o tercer orden. En los debates vemos que hay que hablar de lo importante, “lo primero es lo primero”, y hoy en día es la económica, la crisis, el crecimiento, el paro, la corrupción, las coaliciones… luego ya, cuando haya “recuperación” hablaremos de las cosas menos importantes como el medio ambiente, la inmigración, los refugiados y que podemos hacer para ayudar al resto del mundo; pero antes nos encargaremos de solucionar lo importante, lo urgente.

El ecologismo es el gran olvidado, y mientras aquellos que deciden lo que es importante o no se beneficien de la explotación ejercida sobre el medio ambiente (de una manera directa o indirecta), este nunca será un “tema de actualidad”. Tal vez cuando las catástrofes azoten al primer mundo de manera irremediable podamos reaccionar, mientras tanto lo que pase en países que están lejos y que mañana no recordaremos no tiene importancia.

Esta tendencia a marginar unos temas y a monopolizar otros es reproducido por los distintos actores: el político lo deja de lado, el periodista no tiene tiempo de tratar los temas que ni el político presta atención, y los ciudadanos simplemente nos limitamos a hablar de lo que los políticos y periodistas nos han dicho que tenemos que comentar esta semana. Parece que desde que no tenemos gobierno Cataluña ha dejado de existir, el terrorismo ya no es una amenaza y de los refugiados ya ni hablamos.

Por otro lado, tenemos la cuestión de género y la violencia machista, un tema que es mal tratado por los medios de comunicación. Hace dos semanas escuchábamos en Salvados hablar a la Magistrada Francisca Verdejo sobre violencia machista y sobre el tratamiento que le dan al tema los medios de comunicación; por ejemplo acompañando las noticias con imágenes y testimonios inapropiados que rebajan la seriedad y la importancia pública que tiene la violencia, o terrorismo, machista. Los medios de comunicación tienden a reproducir los comportamientos patriarcales que generan esta desigualdad y que, en demasiadas ocasiones, tiene como resultado la muerte de mujeres y niños inocentes.

La urgencia de incorporar la perspectiva ecológica y la perspectiva de género es clara. No se trata de incorporar medidas concretas sino de que todo lo que se haga tenga en cuenta estos dos grandes problemas. Se trata de incorporar el respeto y la dignidad por las personas sin importar sus diferencias, la dignidad por todos y todo lo que nos rodea, sin que nadie se sienta superior por el hecho de auto-asignarse una capacidad de someter.

El Eco-feminismo habla del trato que el capitalismo ejerce sobre la mujer en similitud a la explotación de la naturaleza. De la creencia de la posesión de un derecho a apropiarse de todo y de todos los que nos rodean. De creer que se puede arrasar con la naturaleza para el beneficio personal, de la misma manera que se utiliza a la mujer: como un recurso más que explotar.

El recuento de mujeres asesinadas por violencia machista en 2015 es de 57 víctimas. En el mes de enero de este mismo año ya han sido asesinadas 8 mujeres (cuadriplicando el número de víctimas de enero de 2015). El carácter urgente de las medidas contra la violencia machista y contra las desigualdades de género es indiscutible.

De la misma manera y con la misma fuerza que tratamos de incorporar la perspectiva de género en todos los ámbitos sociales no debemos olvidarnos de la perspectiva ecológica. Al final todo se reduce a la lucha por la igualdad y el respeto, también del entorno. No querremos convertirnos en aquello contra lo que luchamos. Buscamos la igualdad en un mundo que además de respetar a todos los seres humanos por igual, debe respetar a los seres vivos, también a todos por igual, respetar el lugar en el que vivimos. No son temas tan diferentes y, por tanto, no deberían tratarse de manera tan alejada.

Los programas políticos se encuentran alejados de la realidad socio-ambiental de nuestro tiempo. El desarrollo económico y  la idea de crecimiento ilimitado siguen siendo los patrones que mueven el mundo. Pero la realidad es que por más que cueste de entender no vivimos en un planeta con recursos ilimitados. La velocidad con la que explotamos, producimos y derrochamos NO ES SOSTENIBLE.

El hecho de que exista o no un mundo en el que vivir, adquiere también un carácter urgente. No pretendo ser catastrofista, pero no es un tema que se pueda arreglar de un día para otro. El daño que estamos haciendo es irreparable, igual de irreparable que es la muerte de una persona. La perspectiva ecológica no puede concebirse como un tipo de política que incorporar o no en el programa. Es la base esencial de todo lo que somos y lo que deberíamos ser.

No es factible aceptar una “igualdad” en la que estemos adquiriendo un puesto en un juego en el que al final siempre hay algún sujeto o elemento sometido, sólo por pasar al bando de los ganadores. Al entender la desigualdad y violencia que ejercen ciertas actitudes y políticas, o la ausencia de las mismas, se entiende también que la lucha por una sociedad justa e igualitaria incorpora muchas perspectivas que no pueden sino ir de la mano. No releguemos la perspectiva ecológica de la misma manera que tantos años, y aun hoy, se ha dejado apartada la perspectiva de género. Construir una sociedad igualitaria no es alcanzar una posición de poder en una sociedad indigna.

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