Desobediencia y democracia

“Un acto público, no violento, consciente y político, contrario a la ley, cometido con el propósito de ocasionar un cambio en la ley o en los programas de gobierno. Actuando de este modo apelamos al sentido de justicia de la mayoría de la comunidad, y declaramos que, según nuestra opinión, los principios de la cooperación social entre personas libres e iguales, no están siendo respetados.”

John Rawls entendía la desobediencia civil como un fenómeno que intenta influir en una norma jurídica o política ilegítima de acuerdo con la opinión de una población, apelando al constitucionalismo y a la democracia. Hablaba de una especie de llamamiento a la justicia, a la empatía ante una situación que afecta a una mayoría de ciudadanos que quedan fuera de los canales de resolución del problema. Sería un llamamiento moral de los gobernados a los gobernantes. Estaríamos por lo tanto ante un elemento que refuerza la confianza en las instituciones y que de algún modo, como también explica Jürgen Habermas en su teorización al respecto, es una forma de llamamiento no convencional que lejos de acercarse a las teorías rupturistas, revolucionarias, se constituye como un elemento necesario para reforzar los gobiernos democráticos e incluso para comprobar el grado de madurez de estos. Podríamos remontarnos en la historia del pensamiento hasta la figura de Antígona, y hablar de Tiranos que elaboran leyes que en nada se ajustan a los preceptos naturales.

Sin embargo, más que elaborar una teorización académica o un recorrido cronológico sobre la figura o el concepto de la desobediencia civil a lo largo de la historia del pensamiento, voy a limitarme a seguir mis esquemas mentales, partiendo de la lógica de estos dos grandes autores. Con esto (desde mi humilde posición) cuestiono que el gobierno esté sabiendo adecuarse correctamente a las demandas de los “nuevos movimientos sociales”, que vienen dadas en muchas ocasiones por actos concretos de desobediencia civil. Quizás ejemplos como el “Jo no pague” a Cataluña ilustren bien el fenómeno.

Cómo podréis ver, no estoy hablando de desobediencia civil revolucionaria, ni como alternativa a las urnas, ni mucho menos como una herramienta para transformar estructuralmente el Estado, sino como “canal de participación” mediante el cual visibilizar un problema, a la par que reclamo para una ciudadanía que en las democracias representativas queda muy lejos de la toma de decisiones. Volviendo a aquello de que la desobediencia civil  puede servir de “examen” al gobierno, os invito a reflexionar acerca de dónde quedarían las modificaciones en el Código Penal así como la Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana en todo esto. Gallardón (entre otros) parece no entender que ningún gobierno es poseedor del ideal de justicia.

A lo largo de la historia, sólo aquellos gobiernos que han sabido controlar las demandas de sus ciudadanos, aunque sea relativizándolas, han logrado prolongarse en el tiempo, en contraposición con aquellos que por su ignorancia o por su excesivo orgullo han acabado por desaparecer. Observar esto es tan fácil como remontarse a la Francia monárquica del XIX y compararla con sus homólogos ingleses, o ver como el pacto de clases que tuvo lugar en Europa Occidental sirvió para construir democracias sólidas, arrancándolas de las “garras” del socialismo real que iba apareciendo o consolidándose en otros territorios. Hoy de nuevo se cuestiona el modelo, y depende de todos que este se mantenga, que mejore, o que desaparezca.

Todo gobierno debe velar por sobrevivir, comprendo plenamente que se tomen decisiones conscientes de ello, pero la realidad es que tendrían que dejar de actuar de forma unilateral y detenerse, aunque solo sea un poco, a escuchar una ciudadanía que está muy cabreada, pese a que nadie haya logrado canalizar su descontento. No necesitamos acudir al CIS para ver la opinión que la gente tiene sobre el funcionamiento de las instituciones, sobre la economía, o en última instancia sobre los políticos; bastaría con salir del Barrio de Salamanca y sentarse a escuchar a esos ciudadanos silenciados, ahogados por las deudas, que sufren por su puesto de trabajo y a los que invade el  pesimismo y la frustración ante un horizonte incierto, irresoluto, en el que la supervivencia individual (lejos de la decisión colectiva que debe representar un gobierno democrático) es la única alternativa al miedo.

Hago por lo tanto un llamamiento consciente al gobierno, cuya “miopía” le impide ver todo esto, y me atrevo no solo a criticar sino a condenar y exigir que no siga la estrategia del gobierno por criminalizar la protesta, ampliando y sumando actos no violentos  a la caracterización de delitos. Para hablar de sabotaje es necesario que existan daños materiales, y para hablar de resistencia a la autoridad es necesario que esta se produzca de forma activa. No podemos consentir que reformen o se inventen leyes a su antojo, y mucho menos que personas honradas que buscan mejorar la democracia, terminen en la cárcel por mandato imperativo de estos antidemócratas.

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4 Responses

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  1. carles
    Nov 18, 2013 - 09:11 PM

    ¿Quién es el culpable el que hace la bala o el que la dispara? Me ha parecido buena la reflexión pero creo que te equivocas al decir que la culpa es del gobierno, la culpa es nuestra, ellos sólo hacen bien su trabajo, que para nosotros no sea ético es otro tema. Un saludo.

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    • luisgarridolafuente
      Nov 18, 2013 - 11:26 PM

      Creo que el ejemplo de la bala es un poco más complicado. Con respecto al papel del gobierno, es evidente que cambiará radicalmente dependiendo del punto de vista con el que hagamos el análisis. No vamos a entrar a discutir aquello de que todo gobierno tiene vocación de supervivencia, pero; ¿Justifica eso que el ciudadano quede silenciado por ello? Cuando este último está en peligro y culpabiliza conscientemente al Estado de ello, el conflicto es real y la supervivencia depende de quién es más fuerte. Pensemos, si este gobierno no vuelve a salir elegido en las urnas por aplicar políticas excesivamente represivas, ¿lo está haciendo bien?
      De todas formas, mi concepción se saldría de los postulados hobbesianos, pues yo sí que defiendo el papel de la moral dentro del Estado. Sí tu no lo haces es lógico que choquemos.
      Igual no he entendido del todo tú comentario, pero también se podría interpretar que haces una crítica a nuestra culpabilidad por no hacer nada. La verdad, no lo sé. Sin embargo me alegra que nos hayas dejado un comentario exponiendo tú opinión, el debate es lo más bonito de esto. ¡Un saludo! Espero que sigas nuestras próximas publicaciones.

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  2. Esteban Romano (@esteban_rmn)
    Nov 19, 2013 - 11:24 AM

    Interesante reflexión, es momento que desde nuestros humildes foros demos definiciones y hasta ejemplos de lo que es desobediencia civil, que evidentemente no es como este gobierno quiere presentarla “actos de vandalismo pseudoterrorista”. No obstante, creo que hay toda una serie de métodos expuestos por Gene Sharp que suponen un paso previo a la desobediencia civil que quizás deban ser tenidos en cuenta. Me explico, la desobediencia civil requiere un gran compromiso por parte del que la lleva a cabo, y creo que es más difícil que sea asumida por un grueso de la población (aún hay personas que tienen algo que perder, por lo que se aferrarán aún a eso, a pesar del evidente despropósito gubernamental por ignorarlos). Estoy de acuerdo en que a priori no se pretenden actos revolucionarios que acaben con el Estado, creo que en las democracias occidentales hay que plantearlo desde otra perspectiva, cómo por ejemplo la de la toma de conciencia del poder ciudadano y la capacidad para fiscalizar debidamente al gobernante, y cómo en la presente Constitución no hay demasiado lugar para hacerlo por cauces institucionales hay que ser atrevidos e imaginativos con la forma de protesta, y la desobediencia civil (siempre que sea noviolenta) lo es.

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    • luisgarridolafuente
      Nov 19, 2013 - 05:29 PM

      Primero, agradecerte que nos hayas leído, y sobretodo que hayas perdido parte de tú tiempo reflexionando sobre el tema y dándonos a conocer tú opinión, opinión ademas que parece estar muy formada y fundamentada. Estoy totalmente de acuerdo con lo que nos comentas. Con respecto a lo del compromiso individual que exige la desobediencia civil, no lo podrías haber expresado mejor. Refuerzo tú postulado criticando (como Marx lo hacía) el aventurero individual inconsciente.
      Espero que nos vayas siguiendo.
      Un abrazo 🙂

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