De Oklahoma a California pasando por Madrid

¿Cuál es vuestra película favorita? Seguramente muchos de vosotros tenga en mente un título. Quizás más de uno. Algunos os encontrareis en un aprieto a la hora de establecer preferencias. A todos nos ha marcado un libro, un personaje, una canción. Yo sinceramente dudaría a la hora de deciros cual es el libro que más me ha gustado en estos años. Tampoco sabría escoger un tema musical que sirviera de banda sonora a mi vida. Sin embargo, cuando pienso en una película que me haya marcado, que se haya inmiscuido en mi carácter (de hecho desde muy joven), no me viene a la cabeza otro film que The Grapes of Wrath (John Ford, 1940).

Esta magistral adaptación cinematográfica de la novela homónima de John Steinbeck escrita en 1939, nos cuenta el drama de una familia que tras el Crack del 29, se ve obligado a abandonar sus tierras, ahora propiedad de una gran compañía .Esta familia, como muchas otras, inicia su viaje desde Oklahoma hasta “la tierra prometida”, California. El viaje, plagado de problemas, al volante de una vieja camioneta Ford, describe con un marcado realismo las penurias a las que se vieron sometidas estas personas. Tratados como escoria, paletos, no son más que producto de sus circunstancias, del contexto que les ha tocado vivir. Nadie les iba a decir a ellos años atrás, cuando EEUU disfrutaba de su esplendor económico, que terminarían siendo expulsados de sus casas, que los ciudadanos de otros estados, con trabajo, los verían como un problema, o que verían cuestionada su condición de Seres Humanos. Al final, como siempre, el paraíso resulta no ser tan bello, y aquel ansiado Edén termina más por asemejarse a un infierno.

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Los desahucios. Como he subrayado en la descripción, la familia protagonista pierde su casa. Todo iba bien, hasta entonces. Sin duda, sus demonios no son otros que la sequia  y los bancos.

Las nubes aparecieron, luego se trasladaron y después de un tiempo ya no volvieron a asomar.”

Este mismo drama lo están viviendo muchos españoles hoy en día, también provocado en su mayoría por causas externas. Con un 26% de ciudadanos en el paro (57% en el caso del desempleo juvenil) muchos tienen mayores dificultades cada día para  hacerse cargo de sus hipotecas. Nos vendieron un sueño, al igual que a nuestros amigos estadounidenses. Nadie les dijo a estos buenos hombres que mañana no tendrían empleo, Tampoco nos lo dijeron a nosotros. ¿No estábamos en la Champions League? El drama es real, y de realistas es retratarlo. No es una fotografía del español medio ¡válgame Dios!, pero es absurdo negarlo. Nuestros representantes políticos lo están haciendo.

Resulta paradójico ver como el encargado de demoler la casa de los Joad, es un trabajador que antes había corrido la misma suerte. “Nadie lo ayudó entonces”. También hoy, los encargados de ejecutar un desahucio, son en su mayoría hijos de familias humildes o de “clase media”. También ellos se limitan a “cumplir órdenes” como retrataba Steinbeck en su novela.

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División Norte-Sur. El film fotografía muy bien está división. En el caso estadounidense no es geográfica en tanto que California no está al norte, pero sí se presentan claramente las fracturas entre Estados. Hay Estados mejores y peores, más prósperos y menos prósperos, y sigue siendo en la actualidad así. Esto ocurre en muchos países. Alemania (este-oeste), Italia (norte-sur) y evidentemente España. El caso de la emigración andaluza a otros territorios españoles es más que ilustrativa de nuestra división como país. Las realidades son muchas. Parece que como “todo queda en casa” no es tan grave, pero a nadie le gusta tener que abandonar su lugar de nacimiento forzado por las circunstancias. El paro en Andalucía es un problema, lo es en menor medida en el País Vasco. Muchos se ven obligados a recuperar la vieja camioneta Ford y emprender su viaje a California. Esta vez, algunos de ellos pasando por Madrid.

La división Norte-Sur va como sabemos mucho más allá. En el actual mapa de la UE se dibuja cada vez más este cleavage. Hay un “ellos” y un “nosotros”. Los países del sur, en tanto que débiles nos debemos acostumbrar a recibir órdenes.

Esta fractura es aun mayor y más perceptible a nivel global. Esta designación es evidentemente imprecisa, puesto que todo país que consigue un mayor desarrollo económico, pasa de repente a ser Norte.  Esta segmentación, normalmente “cifrada” en el Índice de Desarrollo Humano, que viene arrastrada desde el colonialismo, acentuada innegablemente también por causas internas de cada país, es la que con mayor nitidez se observa. La historia de estos americanos es la misma que la de los miles y miles de subsaharianos que intentan cruzar el estrecho en busca de “la tierra prometida”. En el film, las compañías bombardean con folletos a la población pobre, a la que le venden un futuro prospero trabajando para ellos en California. No se preocupan por estar creando falsas expectativas sobre la población. Tampoco se preguntan qué pasará cuando millones de personas reclamen esos mismos empleos. A los inmigrantes que intentan saltar la valla también les han vendido una ilusión óptica, y los culpables son claramente señalables.

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Bajada de los salarios. Esta situación descrita, es la que fomenta que se bajen los salarios. Las empresas californianas tenias mucho capital humano, con lo que podían decirle a sus trabajadores: “si no quieres el empleo, lo querrá otro”. Esto era dramático, y lo continúa siendo hoy en día. La crisis económica que estamos viviendo fomenta que los salarios bajen, puesto que somos muchos los que competimos por un mismo empleo, En parte porque las empresas no pueden emplearnos a todos, en parte porque les viene muy bien, estos son cada vez más y más mediocres. También hoy en día hay luchas entre los que “quieren trabajar” y los que ejercen su derecho a huelga. En la película se retrata muy bien lo que son los llamados “esquiroles”. Ni Steinbeck ni Ford los culpan a ellos. Es lógico que tengan miedo, tienen unas familias que mantener. Es un tema muy complicado…

Se atenta contra los derechos laborales. Se sigue una lógica muy similar a la de la bajada de los salarios. No todos los trabajadores lo perciben del mismo modo. De hecho, muchos de los “recortes en legislación” no se verán hasta dentro de unos años. El ex predicador Jim Casy ilustra muy bien ese “iluminado” al que no le falta razón, pero que es tratado de loco. La obra lo condena al desastre. Por desgracia en el contexto actual, los defensores de los derechos laborales, los que lo hacen de forma real y honrada, tampoco encuentran un apoyo en las que deberían ser sus bases. Ocurre lo mismo que antes, la gente, egoísta, prefiere “sacarse las castañas del fuego” y conservar su empleo. Se ve en cada Huelga General. Y una vez más, no es de extrañar que ocurran estas cosas. Los partidos políticos, el gobierno y los sindicatos, son las instituciones peor valoradas. Algo estarán haciendo mal, aunque probablemente no tengan la totalidad de la culpa. La ambición de las personas se transforma en crítica hacia los que protestan. Siempre habrá quien necesite el empleo, y algunos empresarios son plenamente conscientes.

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Normalización de la violencia. Los que hayan visto la película, seguramente empatizen con Jim Casy, pero sobretodo con Tom Joad. Resulta llamativo que en la mayoría de espectadores se repita este mismo sentimiento, aun cuando Tom es un asesino. ¿Por qué ocurre esto? Porque Tom mata (no la primera vez pero sí el resto) por ideales. Ideales muy primitivos de justicia y solidaridad. Mata por no someterse, y por vengar a Jim. En la mayoría de películas perdonamos el homicidio cuando este nos parece “merecido”, “justo”. Esto es muy peligroso. Sin embargo, resulta interesante plantearse como trataría este tema una sociedad cuando realmente se encuentra en la miseria. ¿Cómo actuaria un pueblo que no tiene para comer? Nuestra historiografía dignifica a los revolucionarios franceses, ¿por qué no ocurre lo mismo con los revolucionarios rusos? Sin embargo si le explicas a un ciudadano como se vivía en Moscú, la mayoría de las veces entiende su furia. La situación de ahora es totalmente distinta. No estoy evidentemente instando a la violencia. Pese a esto, y mi reflexión como habéis visto viene de la mano de la película, resulta muy interesante plantearse qué pasará si la brecha se agranda.

La mayoría de espectadores terminan de ver la obra con un mal sabor de boca. No obstante, Steinbeck y Ford no buscan que el lector/espectador termine llorando. Lo que quieren es “agitar conciencias”. Es una obra “para hacer la revolución”, para combatir las injusticias, para retratar que otro mundo es posible, y que las injusticias no van a poder con los hombres. En este mundo se condena a una parte muy importante de la población, que en nuestras sociedades posindustriales tienen incluso mayores dificultades para alcanzar sus objetivos más básicos, que sus homólogos de otras épocas, que eran más y podían ejercer un mayor poder de coacción. Estamos caminando hacia un mundo en el que sobra gente. Ser realista es tener claro TODO lo que está pasando. Si vivimos en la burbuja de nuestra comodidad nos convertimos en falsos realistas. El capitalismo es utópico para un porcentaje de personas cada vez mayor. Se están creando dos mundos, o tres o cuatro…

Pero nosotros estamos vivos, y seguimos caminando. No pueden acabar con nosotros ni aplastarnos; saldremos siempre adelanteporque somos la gente”.

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