España: de la indignación a la construcción (2)

Entramos, en este artículo, en el segundo ciclo y más importante de protestas desde el comienzo de la crisis hasta nuestros días. El 15M, con su lema ‘no nos representan’ simbolizó a nivel global la sensación de vivir en una democracia secuestrada por el poder financiero y los mercados, ‘no somos mercancía en manos de políticos y banqueros’ señalaban otros eslóganes del movimiento. La deslegitimación de la clase política y de las instituciones se acentuaba expresándose a través del malestar y la pérdida de confianza y no todavía en un rechazo activo a las instituciones existentes. Esta pérdida de confianza se cristalizaba en un aumento muy pronunciado del número de manifestaciones realizadas en 2011, pasando de 21.297 a 44.233 en 2012 según el anuario del Ministerio de Interior. O actuaciones por parte del ejecutivo como la reforma exprés del artículo 135 de la Constitución.

A partir del 15M, el cual logró tener un apoyo de alrededor del 70% de la Población, y de las movilizaciones del siguiente año, el sistema político español y con él los dos grandes partidos empezaron a navegar en un mar de deslegitimación constante. Pero, si recordamos, el Partido Popular salió vencedor con mayoría absoluta en las elecciones generales de 2011, mientras que, por el contrario, la izquierda mayoritaria sufría su caída libre. La aparición del movimiento 15M y el hundimiento de la izquierda son, como señala Xavi Domènech, dos caras de un mismo proceso.

Así, el movimiento 15M pasaba de las plazas, con un carácter transversal y de grandes demandas, a los barrios y a la división de luchas como pueden ser la PAH –con el drama de los desahucios- o las luchas sectoriales de las Mareas –grandes movilizaciones en contra de las privatizaciones de servicios públicos por parte del Partido Popular como, por ejemplo, de la educación y la sanidad-. El 15M y estas organizaciones se situaban en el centro como únicos portavoces del descontento social mostrando la cojera por la izquierda que sufría el país y la crisis por tanto, de representación del sistema y, en concreto, de la izquierda.

Con todo esto vemos un paso de la ciudadanía española hacia mecanismos de participación política no convencionales que durante el 15M y sus siguientes años fueron duramente reprimidos en muchas ocasiones, como por ejemplo, el desalojo de la Plaça Catalunya, la ‘Primavera valenciana’ o manifestaciones como la llamada ‘Rodea el Congreso’. El sistema político, en términos de Gramsci, pasaba de ser dirigente a ser dominante, es decir, se aseguraba el dominio pero perdía gran parte de su legitimidad.

En 2014 nació Podemos. Este partido había observado la clara modificación de los anclajes e identidades tras la movilización de los últimos años, que “dejó sobre el tablero político buena parte de los ingredientes de un nuevo sentido común, caracterizado por el rechazo a las élites políticas y económicas dominantes” (Iglesias, 2015: 18). Durante este año pasamos del ‘no nos representan’ al ‘Sí se puede’ que creaba una sensación de alternativa y contestación política desde afuera. El 15M inició cambios en el sentido común de época que profundizó un momento de crisis orgánica –la separación de los grupos sociales de sus partidos tradicionales- y abrió una ventana de oportunidad que Podemos ha tratado de aprovechar para constituirse como un nuevo poder político.

El 25 de Mayo de 2014, en las elecciones europeas, Podemos dio la sorpresa a la vez que los partidos tradicionales continuaban perdiendo apoyos. Comenzaba una nueva etapa de “cambios en el reparto de posiciones en el escenario político español” (Errejón, 2015: 5). Ante este cambio de posiciones, las élites e instituciones deslegitimadas  como por ejemplo la monarquía o el Partido Socialista, se vieron obligados a iniciar iniciativas de regeneración –abdicación del rey o sucesión de liderazgo en el principal partido de la oposición- por arriba para evitar una apertura por abajo. Ese mismo año se produce un reflujo de la movilización después de varios años con una movilización en la calle muy elevada pero que deja como uno de los últimos elementos simbólicos de fuerte descontento social y deslegitimación de lo existente las llamadas ‘Marchas de la Dignidad’ que llega a convocar en Madrid una de las manifestaciones más multitudinarias en los últimos años. Así, Podemos logra romper el impasse de reflujo de respuesta social en la calle “produciendo un nuevo horizonte situando la confrontación en otro plano y generando una nueva dinámica de activación popular” (Errejón, 2015: 32-33). Una confrontación en el plano electoral y que ha sido, vistos los resultados de las últimas elecciones Municipales y Autonómicas, decisiva para el reparto de poder  y la reconfiguración política en el interior del Estado.

Sin embargo, Podemos no ha sido la única fuerza política que ha aparecido durante este último año. Ciudadanos es otro partido, no nuevo, pero sí a nivel nacional, con posibilidades de ganar a PP o PSOE en estas próximas elecciones generales. Este partido, que ha sabido leer la pugna de Podemos entre lo ‘viejo’ y lo ‘nuevo’, le disputa actualmente a la formación morada ser el joven partido político que pueda llegar al ejecutivo. Ciudadanos se trata de un partido regeneracionista que representa para la oligarquía española la posibilidad de cambio político sin alterar el reparto de poderes, ‘el cambio sensato’.

Quedan dos días para esta carrera de fondo que son las elecciones generales. El 20 de Diciembre las encuestas no decidirán. Y podremos comprobar si Podemos ha sido capaz de crear una voluntad colectiva nueva heredada del 15M. Construir un pueblo. Pasar de la indignación a la construcción.

Related News

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported (CC BY-SA 3.0)

UA-55908739-1