Cuestión de prioridades: Sobre la violencia de género

Ayer, día 25 de noviembre, se sucedían a lo largo del Estado todo tipo de coloquios, ponencias, mesas redondas, manifestaciones y demás actos para hacer visible un problema que afecta al conjunto de la sociedad. Yo, como estudiante que soy, no pude huir del tema y acudí a una de estas ponencias que se realizan en la Facultad de Derecho donde estudio (muy formal todo). La verdad es que quedé bastante impresionado por lo implicados que estaban en estas cuestiones algunos de los asistentes, y sobre todo por la serie de conocimientos, referentes al derecho, que tenían algunos de los conferenciantes. Esto me animó a escribir un artículo sobre el tema, pese a que no era mi intención inicial para el post de la semana. Nunca me han gustado los artículos “obligatorios”, que parece siempre debamos hacer en días señalados, pues no dejan de ser en cierta medida un tanto hipócritas. Con todo, si soy sincero, aquello que me ha empujado a escribir estas líneas ha sido el hecho de que una ponente enunciara que en el año 2011 habían disminuido considerablemente en nuestra ciudad (Valencia) las Oficinas de Atención a la Víctima, sin pararse a analizar el fenómeno. No he podido evitar ironizar acerca de si era coincidencia que tales recortes se hubiesen producido durante ese año (Coincide con el cambio de gobierno), y preguntar si existía algún tipo de estrategia, o de cuestión de prioridades detrás de ello. Sus titubeos durante la negación han reforzado mi tesis.

No soy un especialista en el tema, ni pretendo serlo, pero me gustaría plantearos una serie de conceptos clave y de hechos concretos que (des)dibujan un problema real.

El primer problema que planteo es la clave de todo esto. Vivimos en una situación de austeridad, de prioridades, y lo cierto es que empíricamente tenemos datos que demuestran que se han producido recortes que afectan directa o indirectamente a las mujeres con problemas derivados de la violencia de género. El más representativo, sin duda, es la reducción del 28% en dos años del presupuesto destinado a la prevención y lucha contra este tipo de violencia. Otros, como enuncian algunos artículos sobre el tema, son los derivados de la Reforma Laboral, que dejaría en una situación peor de la que ya estaba a la mujer, y que según algunos especialistas violaría la Ley Integral contra la Violencia de Género. Parece que la Reforma de la Administración Local que daña en sí la representatividad, la democracia y que aleja más a los ciudadanos de la Administración, de su Ayuntamiento, podría traducirse en problemas también dentro de este marco.

Lo cierto es que esto es un problema de elección, de PRIORIDADES y tiene detrás un claro sesgo ideológico, el conservadurismo con el que el gobierno elige dónde hay que recortar, o por el contrario aquellos elementos que necesitan más dinero (escuelas con segregación por sexos, por ejemplo). No hay lugar para la demagogia en algo que estamos viendo día a día. Al fin y al cabo, estos no engañan a nadie.

El problema del machismo (casi como ideología, como cleavage), de la violencia de género y en última instancia del asesinato es que es un problema transversal a toda la sociedad, y que no se puede obviar, sino que ha de ser combatido a base de medidas, y sobre todo, del cumplimiento de estas. Es un problema ridiculizado por los que no lo sufren, trasladado a “la anécdota”, motivo de mofas, y que en muchas ocasiones operacionaliza sin concepto, sin conocimiento real del problema. No hay más que preguntarle a la mayoría de hombres qué son las Medidas de Acción Positivas o mal llamadas Discriminación Positiva. Os animo a que lo hagáis, no sabéis que clase de barbaridades os pueden llegar a soltar.

Volviendo a la conferencia con la que iniciaba mi reflexión, María Paz García Rubio, nos comentaba que en España vivimos a la sombra de un Derecho, hecho por y para los hombres. Nos ahogaba con ejemplos de cómo las mujeres son claramente discriminadas en el acceso a cargos de responsabilidad como jueces. Bromeaba enseñándonos como los cargos que se consiguen a través de oposición tenían una clara paridad entre hombres y mujeres, frente a los cargos “a dedo” donde la mujer brillaba por su ausencia. Es triste pero parece que la mujer tiene dificultades para establecerse como una profesional de reconocido prestigio dentro de este mundo de hombres. Esto hace que me plantee si el problema proviene directamente de los años de retroceso en materia de igualdad que supuso el franquismo, y de cuestionarme la “intachable” labor de los padres de la Constitución del 78. Son muchas las voces de la izquierda que gritan día a día que la única solución posible es un Nuevo Proceso Constituyente. Yo sin atreverme a posicionarme directamente, supondréis donde me sitúo en relación al tema. Quizás plantear esto sea poco realista, aunque para mí lo irreal es pensar que estos señores, los del desmantelamiento consciente, los que dejaban a sus mujeres en casa relegadas a un segundo plano en la sociedad, van a mejorar la situación.

Dejando de lado el agotamiento de la Constitución y las carencias de esta, algo que resulta más fácil plantear es la necesidad de dotar de conciencia al conjunto de la sociedad, y esto solo se puede hacer a través de la voluntad del gobierno, y sobre todo de la Educación. Son muchas las organizaciones que advierten de la necesidad de que los más pequeños se familiaricen con el tema, mediante medidas concretas dirigidas a las escuelas y demás centros de formación. Es necesario plantearse también, dentro de la enseñanza superior, la necesidad de aportar una perspectiva de género a muchas disciplinas universitarias, que como el derecho, no contemplan la importancia de tal variable. Este es sin duda el principal escenario que debemos conquistar los sectores más sensibilizados de la sociedad.

Terminaré mi razonamiento, criticando las posiciones institucionalizadas, renegando de nuestra clase política, que como Blanca Hernández Oliver, intenta ser optimista; yo no lo soy. ¡Recortar es asesinar! Tener la cara dura de decir que estos recortes no son significativos, o que no van a afectar directamente a las mujeres maltratadas es una estrategia responsable, es mentirnos a todos los ciudadanos, una y otra vez. Hay asesinatos todos los días, y limitarse a hacerse la foto un 25N es vergonzoso. Las fotos terminan en los baúles, en álbumes viejos, llenos de polvo, amarillentos y pasan al olvido. La única “táctica” posible es el combate día a día, la lucha de todos para que tarde o temprano esta fecha señalada en el calendario desaparezca y artículos como este no tengan que reproducirse en los medios alternativos, no convencionales. Hoy sigue siendo 25 de noviembre.

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